/ domingo 1 de diciembre de 2019

Pasión por la danza

Micaela Pérez Carballo demostró desde muy niña su gran afición a la danza, era su sueño llegar a ser una gran bailarina de ballet

Única y adorada hija de unos padres que al ver en ella las aptitudes necesarias y la férrea decisión de lograrlo, pusieron todos los medios a su alcance. El Cap. Azael Pérez y su esposa Magdalena eran un matrimonio culto y generoso que aportaron mucho a la difusión y patrocinio de las artes. Trajeron a Tampico a “La Capilla del Arte” a grandes artistas del bel canto, de la danza, de la música. Fue una época de oro para la cultura de nuestro puerto.

Sus primeras clases las tomó con la maestra Rosa Lee Clynes y a los doce años la enviaron a la Capital a tomar cursos intensivos con los grandes maestros y bailarines de la época. Micaela prácticamente dejó a un lado su niñez y adolescencia ya que la danza es una carrera que requiere de mucha dedicación y sacrificios. Exige un entrenamiento cotidiano intenso y un régimen de vida muy severo.

Y empezó un largo camino hacia su sueño. Viaja a New York a tomar cursos en el Ballet Arts con los grandes maestros rusos. Después se marcha a Europa e ingresa al Estudio Wacker de la Sorbona cuya directora era considerada la maestra más insigne y una autoridad en el medio, el solo hecho de que aceptara darle clases a una estudiante de ballet era un privilegio.

La gran maestra se expresó así de Micaela: “Esta joven mexicana tiene una gran línea y una gran vocación y si se dedica a bailar profesionalmente llegará a ser una gran figura internacional”. Pero surgió en ella una idea, un sueño, crear una Escuela de Danza en donde se dieran las últimas técnicas relacionadas al Ballet para la formación de niñas y jovencitas con la habilidad suficiente para llegar a ser figuras destacadas. En 1958 funda en Tampico la Escuela de Danza Clásica.

En sus constantes viajes de estudio a Europa recibe invitaciones para auditar y así bailar en diferentes Ballets de prestigio Internacional. El Ballet del Marques de Cuevas, el Ballet Real de Bélgica y el Ballet de la Ópera de París. Durante su estancia en Francia hizo amistad con quien después sería su esposo, el bailarín ruso de gran renombre, Misha Reznikoff, quien le perfeccionó su estilo y juntos hicieron un sueño de amor que terminó en matrimonio y un hermoso niño. Unos años después deciden regresar a Tampico y a su prestigiada academia de danza. El esfuerzo de esta gran pareja de maestros fue notorio. Varias generaciones de buenos alumnos se enriquecieron con sus enseñanzas. Los festivales de fin de cursos de los maestros Reznikoff siempre garantizaban la calidad de sus espectáculos.

Yo tuve una amistad muy cercana con Micaela y tengo muy presente su figura esbelta, sus manos aladas, su cuello de cisne; la elegancia de sus movimientos sus piruetas y saltos sobre las puntas, su arco perfecto. Su pasión por la danza, su cariño por sus alumnos, siempre en busca de la perfección.

La gran bailarina tampiqueña murió siendo muy joven. La encontraron con una gran placidez en el rostro porque seguramente la sorprendió la muerte cuando soñaba que bailaba extasiada de puntas vestida con su tutu más preciado un sentido Adagio.

Un año después de su muerte el H. Ayuntamiento de Tampico en coordinación con el Instituto Regional de Bellas Artes organizó un merecido homenaje a la Profesora de Ballet Micaela Pérez Carballo, en reconocimiento a su Obra Cultural y dedicación, impulsando a nuestra Ciudad el Ballet Clásico, una de las más bellas manifestaciones del Arte.

Hoy, la escuela de danza de los maestros Reznikoff lleva por nombre Stardancer bajo la dirección de la gran maestra Sandra Gojon. Esta Escuela de danza infunde a sus alumnos la pasión por la danza , preparándolos técnicamente a expresar sus emociones a través del arte. Es una gran suerte tener en Tampico con una Academia de Danza que cuenta con grandes maestros y una excelente dirección que hace a los alumnos danzar hasta volar, porque la vida es hoy y la mejor manera que tienen para expresase es bailar. Gracias Sandra por apostar por Tampico.

Micaela Pérez Carballo demostró desde muy niña su gran afición a la danza, era su sueño llegar a ser una gran bailarina de ballet

Única y adorada hija de unos padres que al ver en ella las aptitudes necesarias y la férrea decisión de lograrlo, pusieron todos los medios a su alcance. El Cap. Azael Pérez y su esposa Magdalena eran un matrimonio culto y generoso que aportaron mucho a la difusión y patrocinio de las artes. Trajeron a Tampico a “La Capilla del Arte” a grandes artistas del bel canto, de la danza, de la música. Fue una época de oro para la cultura de nuestro puerto.

Sus primeras clases las tomó con la maestra Rosa Lee Clynes y a los doce años la enviaron a la Capital a tomar cursos intensivos con los grandes maestros y bailarines de la época. Micaela prácticamente dejó a un lado su niñez y adolescencia ya que la danza es una carrera que requiere de mucha dedicación y sacrificios. Exige un entrenamiento cotidiano intenso y un régimen de vida muy severo.

Y empezó un largo camino hacia su sueño. Viaja a New York a tomar cursos en el Ballet Arts con los grandes maestros rusos. Después se marcha a Europa e ingresa al Estudio Wacker de la Sorbona cuya directora era considerada la maestra más insigne y una autoridad en el medio, el solo hecho de que aceptara darle clases a una estudiante de ballet era un privilegio.

La gran maestra se expresó así de Micaela: “Esta joven mexicana tiene una gran línea y una gran vocación y si se dedica a bailar profesionalmente llegará a ser una gran figura internacional”. Pero surgió en ella una idea, un sueño, crear una Escuela de Danza en donde se dieran las últimas técnicas relacionadas al Ballet para la formación de niñas y jovencitas con la habilidad suficiente para llegar a ser figuras destacadas. En 1958 funda en Tampico la Escuela de Danza Clásica.

En sus constantes viajes de estudio a Europa recibe invitaciones para auditar y así bailar en diferentes Ballets de prestigio Internacional. El Ballet del Marques de Cuevas, el Ballet Real de Bélgica y el Ballet de la Ópera de París. Durante su estancia en Francia hizo amistad con quien después sería su esposo, el bailarín ruso de gran renombre, Misha Reznikoff, quien le perfeccionó su estilo y juntos hicieron un sueño de amor que terminó en matrimonio y un hermoso niño. Unos años después deciden regresar a Tampico y a su prestigiada academia de danza. El esfuerzo de esta gran pareja de maestros fue notorio. Varias generaciones de buenos alumnos se enriquecieron con sus enseñanzas. Los festivales de fin de cursos de los maestros Reznikoff siempre garantizaban la calidad de sus espectáculos.

Yo tuve una amistad muy cercana con Micaela y tengo muy presente su figura esbelta, sus manos aladas, su cuello de cisne; la elegancia de sus movimientos sus piruetas y saltos sobre las puntas, su arco perfecto. Su pasión por la danza, su cariño por sus alumnos, siempre en busca de la perfección.

La gran bailarina tampiqueña murió siendo muy joven. La encontraron con una gran placidez en el rostro porque seguramente la sorprendió la muerte cuando soñaba que bailaba extasiada de puntas vestida con su tutu más preciado un sentido Adagio.

Un año después de su muerte el H. Ayuntamiento de Tampico en coordinación con el Instituto Regional de Bellas Artes organizó un merecido homenaje a la Profesora de Ballet Micaela Pérez Carballo, en reconocimiento a su Obra Cultural y dedicación, impulsando a nuestra Ciudad el Ballet Clásico, una de las más bellas manifestaciones del Arte.

Hoy, la escuela de danza de los maestros Reznikoff lleva por nombre Stardancer bajo la dirección de la gran maestra Sandra Gojon. Esta Escuela de danza infunde a sus alumnos la pasión por la danza , preparándolos técnicamente a expresar sus emociones a través del arte. Es una gran suerte tener en Tampico con una Academia de Danza que cuenta con grandes maestros y una excelente dirección que hace a los alumnos danzar hasta volar, porque la vida es hoy y la mejor manera que tienen para expresase es bailar. Gracias Sandra por apostar por Tampico.

domingo 01 de diciembre de 2019

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