/ lunes 29 de julio de 2019

Pessoa 131

El pasado 13 de junio se cumplieron 131 años del nacimiento de Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888 en Lisboa, Portugal). 1888 es un año especial para la literatura ya que nacieron T.S. Eliot, Ramón Gómez de la Serna , Ramón López Velarde y Eugene O'Neill; Rubén Darío publica su libro fundamental Azul y Henry James da a conocer su célebre novela Los papeles de Aspen.)

Considerado “poeta para poetas” (por la veneración que le han rendido vates de todas las lenguas que han accedido a sus versos), Pessoa dejó amplia obra tanto en portugués e inglés, idiomas en los que escribió.

Fernando Pessoa fue, a la vez, Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Coelho Pacheco, Bernardo Soares; es decir, utilizó e inauguró el concepto de heterónimo y, al firmar con su propio nombre los poemas, el de ortónimo. Los heterónimos de Pessoa tienen biografía y bibliografía, son el absurdo de que el autor no es dueño del texto. Se sabe, por sus muchos escritos sueltos, que Pessoa no sólo es distinto a Caeiro, De Campos, Reis, sino que se opone a ellos, polemiza, los contradice y acepta a Álvaro Caeiro como a su maestro.

Para Pessoa el nacimiento es relativo, aleatorio, múltiple; lo dijo él mismo:

“Si, después de morir, quisieran escribir mi biografía,/ no hay nada más sencillo: sólo tiene dos fechas:/ la de mi nacimiento y la de mi muerte,/ entre una y otra todos los días son míos.”

En un estudio dedicado a Pessoa Lyela Perone Moisés, de Brasil, sostiene que “Pessoa habló por diferentes voces poéticas no porque haya tenido muchas voces sino porque no tuvo ninguna”. Pessoa es un vacío que intentó llenarse.

Desde su nombre Pessoa -persona en latín para denominar máscara- cubrió su verdadera identidad para negar quizá al genuino Pessoa, el que quería aprehender el mundo en sus manos y que al final, como a todos nosotros, se le escapó de las mismas:

“Hay tanta cosa que sin existir/ existe, existe demoradamente/ y demoradamente es nuestra y es nosotros...”

Jorge Luis Borges, en la Escritura del Dios, dice que "un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino". Por igual, puede decirse que un poeta como Pessoa, a través de sus heterónimos, se confunde con su ortónimo. Pessoa es uno y todos. Todos que es una voz: la palabra que nombra, que habla por la universalidad de nosotros:

“Hagamos de nosotros mismos el retiro/ donde escondernos, tímidos ante el insulto/ del tumulto del mundo…”

El pasado 13 de junio se cumplieron 131 años del nacimiento de Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888 en Lisboa, Portugal). 1888 es un año especial para la literatura ya que nacieron T.S. Eliot, Ramón Gómez de la Serna , Ramón López Velarde y Eugene O'Neill; Rubén Darío publica su libro fundamental Azul y Henry James da a conocer su célebre novela Los papeles de Aspen.)

Considerado “poeta para poetas” (por la veneración que le han rendido vates de todas las lenguas que han accedido a sus versos), Pessoa dejó amplia obra tanto en portugués e inglés, idiomas en los que escribió.

Fernando Pessoa fue, a la vez, Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Coelho Pacheco, Bernardo Soares; es decir, utilizó e inauguró el concepto de heterónimo y, al firmar con su propio nombre los poemas, el de ortónimo. Los heterónimos de Pessoa tienen biografía y bibliografía, son el absurdo de que el autor no es dueño del texto. Se sabe, por sus muchos escritos sueltos, que Pessoa no sólo es distinto a Caeiro, De Campos, Reis, sino que se opone a ellos, polemiza, los contradice y acepta a Álvaro Caeiro como a su maestro.

Para Pessoa el nacimiento es relativo, aleatorio, múltiple; lo dijo él mismo:

“Si, después de morir, quisieran escribir mi biografía,/ no hay nada más sencillo: sólo tiene dos fechas:/ la de mi nacimiento y la de mi muerte,/ entre una y otra todos los días son míos.”

En un estudio dedicado a Pessoa Lyela Perone Moisés, de Brasil, sostiene que “Pessoa habló por diferentes voces poéticas no porque haya tenido muchas voces sino porque no tuvo ninguna”. Pessoa es un vacío que intentó llenarse.

Desde su nombre Pessoa -persona en latín para denominar máscara- cubrió su verdadera identidad para negar quizá al genuino Pessoa, el que quería aprehender el mundo en sus manos y que al final, como a todos nosotros, se le escapó de las mismas:

“Hay tanta cosa que sin existir/ existe, existe demoradamente/ y demoradamente es nuestra y es nosotros...”

Jorge Luis Borges, en la Escritura del Dios, dice que "un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino". Por igual, puede decirse que un poeta como Pessoa, a través de sus heterónimos, se confunde con su ortónimo. Pessoa es uno y todos. Todos que es una voz: la palabra que nombra, que habla por la universalidad de nosotros:

“Hagamos de nosotros mismos el retiro/ donde escondernos, tímidos ante el insulto/ del tumulto del mundo…”

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