/ martes 4 de junio de 2019

Picotazo del águila imperial

Picotazo del águila imperial

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intenta aplicar aranceles a las exportaciones mexicanas y ya demostró que es amenazador no solo por lo que dice sino por lo que hace.

Resulta inaudito que el magnate neoyorkino no tenga un politólogo o diplomático de altos vuelos junto a él, que lo asesore al momento en que se le antoja soltar barbaridades acerca de su personal chifladura de golpear política y económicamente a sus aliados y socios.

Es arriesgado iniciar una carrera política a los setenta años, edad del mandatario estadounidense (70 años con 220 dias al momento de asumir su cargo). Es cuando sobreviene el endurecimiento de las arterias del cerebro, que es la vejez, y al no estar ese órgano bien irrigado, eventualmente sobrevienen lagunas mentales peligrosas en individuos que tienen la responsabilidad de gobernar y la suerte y el destino de un pueblo. No es el caso de Mahatir Mohamed convertido en primer ministro de Malasya a los 92 años (ya había ocupado ese cargo de 1981 al año 2003, o sea durante 22 años), ni el de José Mujica, quien a los 75 abriles asumió el poder presidencial en Uruguay, mandato que ejerció de 2010 a 2015. Ni es la historia de otras personalidades como Charles De Gaulle o Winston Churchill a quienes la ancianidad sorprendió como gobernantes. Tampoco es el caso de Ronald Reagan, quien después de ser gobernador de California en dos periodos ocupó el máximo escaño, pese a dar indicios de debilidad en su manera de actuar y de reaccionar. El que una persona de setenta, ochenta o noventa años de edad realice eficazmente tareas de gobierno se debe a una larga trayectoria en el servicio público y el entendimiento de la tarea que desarrolla. Apartar a un hombre como Trump, visiblemente errático, de sus oficinas generales en Nueva York para someterlo repentinamente a la agitación de la Casa Blanca, es un salto al vacio, en el mejor de los casos. Lo preocupante es que México está en medio de todo esto y es imposible adelantar qué sigue.

Por otra parte, el anuncio de Trump acerca de la posible aplicación de un arancel de 5% a exportaciones de productos mexicanos hacia Estados Unidos, que para efectos prácticos es para como darse un tiro en el pie para nuestros vecinos, denota lo inestable de la actuación del magnate neoyorkino, pero también que ningún país se encuentra a salvo del voluntarismo intervencionista del gobierno de Washington.

Lo cierto es que no existen hechos aislados en la vecindad entre México y Estados Unidos y es inevitable que una sociedad influya sobre otra. Hay quienes dicen que la aprobación de los aranceles mencionados producirá un fuerte rechazo por parte de votantes de las comunidades de habla hispana en territorio estadounidense, circunstancia que compromete la reelección de Donald Trump. En el denominado Nuevo Orden Mundial, las elecciones en los Estados Unidos y cualquier otro movimiento económico y político importante que se suscite en ese país, interesa sobremanera al mundo y particularmente a México. En esa visión global se inserta la carta de AMLO en rechazo a las exigencias arancelarias descritas. Las figuras retóricas que incluye dicha epístola, evidencian que México tiene como defensa mostrar su propia importancia como país soberano en la mesa de las discusiones. Y que aun expuestos a los avatares de la ley del más fuerte que impera en la panorama internacional y padeciendo limitaciones económicas y financieras para movilizarse, es preciso desempeñarse con gallardía al momento de entrar en la defensa de nuestro país y su política de la libre autodeterminación de los pueblos, que es un muro de contención contra las ambiciones de potencias, a las que lógicamente no se les puede enfrentar en el campo de batalla, pero sí en los foros internacionales al momento de las discusiones, con argumentos e ideas razonables y valientes.

En la eventualidad de que Trump decida dejar de vender gasolina a México, como medida de presión para lograr sus propósitos, pone de manifiesto la idea de fortalecer la capacidad de refinación de petróleo en nuestro territorio para ubicarnos nuevamente como un país autosuficiente en energéticos. La larga noche del llamado neoliberalismo económico nos hizo dependientes del carburante del exterior y del gigante opulento que, demostrado está, no quiere socios sino vasallos.

Es arriesgado iniciar una carrera política a los setenta años, edad del mandatario estadounidense

Picotazo del águila imperial

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intenta aplicar aranceles a las exportaciones mexicanas y ya demostró que es amenazador no solo por lo que dice sino por lo que hace.

Resulta inaudito que el magnate neoyorkino no tenga un politólogo o diplomático de altos vuelos junto a él, que lo asesore al momento en que se le antoja soltar barbaridades acerca de su personal chifladura de golpear política y económicamente a sus aliados y socios.

Es arriesgado iniciar una carrera política a los setenta años, edad del mandatario estadounidense (70 años con 220 dias al momento de asumir su cargo). Es cuando sobreviene el endurecimiento de las arterias del cerebro, que es la vejez, y al no estar ese órgano bien irrigado, eventualmente sobrevienen lagunas mentales peligrosas en individuos que tienen la responsabilidad de gobernar y la suerte y el destino de un pueblo. No es el caso de Mahatir Mohamed convertido en primer ministro de Malasya a los 92 años (ya había ocupado ese cargo de 1981 al año 2003, o sea durante 22 años), ni el de José Mujica, quien a los 75 abriles asumió el poder presidencial en Uruguay, mandato que ejerció de 2010 a 2015. Ni es la historia de otras personalidades como Charles De Gaulle o Winston Churchill a quienes la ancianidad sorprendió como gobernantes. Tampoco es el caso de Ronald Reagan, quien después de ser gobernador de California en dos periodos ocupó el máximo escaño, pese a dar indicios de debilidad en su manera de actuar y de reaccionar. El que una persona de setenta, ochenta o noventa años de edad realice eficazmente tareas de gobierno se debe a una larga trayectoria en el servicio público y el entendimiento de la tarea que desarrolla. Apartar a un hombre como Trump, visiblemente errático, de sus oficinas generales en Nueva York para someterlo repentinamente a la agitación de la Casa Blanca, es un salto al vacio, en el mejor de los casos. Lo preocupante es que México está en medio de todo esto y es imposible adelantar qué sigue.

Por otra parte, el anuncio de Trump acerca de la posible aplicación de un arancel de 5% a exportaciones de productos mexicanos hacia Estados Unidos, que para efectos prácticos es para como darse un tiro en el pie para nuestros vecinos, denota lo inestable de la actuación del magnate neoyorkino, pero también que ningún país se encuentra a salvo del voluntarismo intervencionista del gobierno de Washington.

Lo cierto es que no existen hechos aislados en la vecindad entre México y Estados Unidos y es inevitable que una sociedad influya sobre otra. Hay quienes dicen que la aprobación de los aranceles mencionados producirá un fuerte rechazo por parte de votantes de las comunidades de habla hispana en territorio estadounidense, circunstancia que compromete la reelección de Donald Trump. En el denominado Nuevo Orden Mundial, las elecciones en los Estados Unidos y cualquier otro movimiento económico y político importante que se suscite en ese país, interesa sobremanera al mundo y particularmente a México. En esa visión global se inserta la carta de AMLO en rechazo a las exigencias arancelarias descritas. Las figuras retóricas que incluye dicha epístola, evidencian que México tiene como defensa mostrar su propia importancia como país soberano en la mesa de las discusiones. Y que aun expuestos a los avatares de la ley del más fuerte que impera en la panorama internacional y padeciendo limitaciones económicas y financieras para movilizarse, es preciso desempeñarse con gallardía al momento de entrar en la defensa de nuestro país y su política de la libre autodeterminación de los pueblos, que es un muro de contención contra las ambiciones de potencias, a las que lógicamente no se les puede enfrentar en el campo de batalla, pero sí en los foros internacionales al momento de las discusiones, con argumentos e ideas razonables y valientes.

En la eventualidad de que Trump decida dejar de vender gasolina a México, como medida de presión para lograr sus propósitos, pone de manifiesto la idea de fortalecer la capacidad de refinación de petróleo en nuestro territorio para ubicarnos nuevamente como un país autosuficiente en energéticos. La larga noche del llamado neoliberalismo económico nos hizo dependientes del carburante del exterior y del gigante opulento que, demostrado está, no quiere socios sino vasallos.

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