/ martes 22 de octubre de 2019

Platillo típico

¡Yo, maestra, alzó la mano una niña.

--A ver zutanita. ¿Qué comida distingue a nuestra ciudad?

--¡Sencillo!, replicó en voz alta la estudiante-- ¡Es la pizza!

México es el segundo consumidor de pizzas en el mundo, después de Estados Unidos. En nuestro territorio existen empresas enfrascadas en la lucha por una rebanada de un mercado que asciende a mil millones de dólares anuales; suma que crece 7 por ciento anual en el cada vez más competido ámbito de la venta de pizzas.

No es una sorpresa que la torta de masa de pan con salsa de jitomate y otros condimentos, se haya consolidado en el gusto de los comensales mexicanos, al grado de que hoy cada uno de los 120 millones de compatriotas consume uno de estos productos al año.

La pizza es un alimento fácil de engullir; solo es cuestión de doblarla y comerla con los dedos. No es necesario el cuchillo y tenedor. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, en dos mil catorce tuvo una crisis de gobierno al ser captado comiendo este manjar blandiendo utensilios--contrario a como lo hacen la mayoría de los neoyorquinos--. Esto provocó indignación entre sus conciudadanos, algunos de los cuales exigieron su destitución. En su descargo, de Blasio argumentó que comía la pizza como lo hacen sus ancestros italianos, es decir, comienzan con tenedor y cuchillo y terminan con las manos. Apenas logró el edil de la gran manzana sofocar el alboroto.

NOTA DE DIA.- La violencia en el estado del Pacífico pudo haber tenido consecuencias imprevisibles, de no actuarse con prudencia, lo que seguramente evitó un mayor número de “daños colaterales”. Pese a que el operativo en mención resultó un fracaso, como otros que se registran en la ya prolongada historia de esta lucha sin sentido, se eligió, de todos los males, el menor. El titular del Ejecutivo miró la realidad del país tal como es, aunque duela aceptarlo, y actuó en consecuencia. El reconocimiento de los errores demuestra la voluntad de alejarse de la propaganda que convierte a los políticos en casi héroes mitológicos, para ser destruidos después y ser arrojados a la tristeza y el olvido. De hecho, se cortó de tajo con una manera de actuar en el pasado. Remembremos, cada gobernante impone su propio estilo de gobernar, que es algo tan individual e irrepetible como las huellas dactilares. Finalmente, la marca de un gobierno no es la ausencia de crisis, sino su manejo adecuado. Crisis siempre habrá.

¡Yo, maestra, alzó la mano una niña.

--A ver zutanita. ¿Qué comida distingue a nuestra ciudad?

--¡Sencillo!, replicó en voz alta la estudiante-- ¡Es la pizza!

México es el segundo consumidor de pizzas en el mundo, después de Estados Unidos. En nuestro territorio existen empresas enfrascadas en la lucha por una rebanada de un mercado que asciende a mil millones de dólares anuales; suma que crece 7 por ciento anual en el cada vez más competido ámbito de la venta de pizzas.

No es una sorpresa que la torta de masa de pan con salsa de jitomate y otros condimentos, se haya consolidado en el gusto de los comensales mexicanos, al grado de que hoy cada uno de los 120 millones de compatriotas consume uno de estos productos al año.

La pizza es un alimento fácil de engullir; solo es cuestión de doblarla y comerla con los dedos. No es necesario el cuchillo y tenedor. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, en dos mil catorce tuvo una crisis de gobierno al ser captado comiendo este manjar blandiendo utensilios--contrario a como lo hacen la mayoría de los neoyorquinos--. Esto provocó indignación entre sus conciudadanos, algunos de los cuales exigieron su destitución. En su descargo, de Blasio argumentó que comía la pizza como lo hacen sus ancestros italianos, es decir, comienzan con tenedor y cuchillo y terminan con las manos. Apenas logró el edil de la gran manzana sofocar el alboroto.

NOTA DE DIA.- La violencia en el estado del Pacífico pudo haber tenido consecuencias imprevisibles, de no actuarse con prudencia, lo que seguramente evitó un mayor número de “daños colaterales”. Pese a que el operativo en mención resultó un fracaso, como otros que se registran en la ya prolongada historia de esta lucha sin sentido, se eligió, de todos los males, el menor. El titular del Ejecutivo miró la realidad del país tal como es, aunque duela aceptarlo, y actuó en consecuencia. El reconocimiento de los errores demuestra la voluntad de alejarse de la propaganda que convierte a los políticos en casi héroes mitológicos, para ser destruidos después y ser arrojados a la tristeza y el olvido. De hecho, se cortó de tajo con una manera de actuar en el pasado. Remembremos, cada gobernante impone su propio estilo de gobernar, que es algo tan individual e irrepetible como las huellas dactilares. Finalmente, la marca de un gobierno no es la ausencia de crisis, sino su manejo adecuado. Crisis siempre habrá.

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