/ martes 18 de junio de 2019

Polvo de estrellas

Una nave para explorar el Cosmos llamada Stardust (Polvo de estrellas), se metió en la cauda de un cometa para recoger material y dar indicios del origen de la vida en el Universo.

Pero no solo eso, varias naves han aterrizado en la superficie del planeta Marte con la esperanza de que en su superficie aparezcan pruebas fehacientes de que hubo vida, según la conocemos.

Actualmente varios telescopios permanecen en órbita terrestre con el único propósito de escudriñar el cielo y asegurarnos que no estamos solos.

¿De dónde venimos, qué somos y hacia dónde vamos? ¿Podremos algún día arrebatarle sus secretos al Cosmos infinito?

La raza humana ha colocado su mirada en el espacio exterior y probablemente muchos misterios queden resueltos en esta centuria. Es la tecnología, y no otra cosa, lo que modifica radicalmente a la sociedad y al planeta, cuando se expanden los sentidos humanos.

En el planeta Marte parece haber suficiente agua de reserva en el subsuelo (sinónimo de oxígeno), tanto, como para que miles de humanos vivan ahí cientos de años. La presencia del vital líquido en estado de congelación obliga a investigar la existencia de vida en la superficie marciana; esta idea en manos de los científicos (quién sabe de los políticos) tiene sentido. Igualmente el desarrollo de tecnología que permita la construcción de un Arca de Noé Galáctica para transportarnos en plan de colonizadores a otros planetas.

Las probabilidades matemáticas, pero sobre todo las evidencias geológicas, indican que permanecer durante mucho tiempo en la Tierra es una apuesta arriesgada para nuestra sobrevivencia en el Universo, equivale a poner “todos los huevos en la misma canasta”. Y aunque el peligro de asteroides en posible trayectoria de colision con la Tierra es de una en un millón de años para fragmentos de un kilómetro de diámetro (cuerpo celeste similar al que presumiblemente cayó en las inmediaciones de la península de Yucatán, determinando la extinción de los dinosaurios), la colonizacion de otras regiones de nuestro sistema solar es algo forzoso así como ir más allá de sus confines.

La idea de hallar refugio en otros planetas es ineludible; pero primero hay que llegar. La interrogante es cuándo. Los viajes interplanetarios tripulados por humanos son técnicamente viables y la presencia de agua en Marte y quizá en otros planetas, cierra el círculo.

NOTA DEL DÍA.- El odio y el miedo se esparcen sin control, como una mala enfermedad. Observo la estupidez humana, el caos irracional, las ambiciones desatadas, y todo me remite a una afinidad secreta y cerval que comparte la raza humana: la monomanía, ambición ¿o será locura? del capitán Ahab, ávido por acosar y destruir a la ballena blanca, como lo cita Jorge Luis Borges. Esa implacable persecución del Leviatán por los océanos representa los símbolos y espejos del Universo, los laberintos que finalmente aniquilan a todos los hombres del barco. Es como si Herman Melville –dice Borges- hubiera escrito Moby Dick únicamente para decirnos: “Basta que sea irracional un solo hombre para que otros también lo sean y para que lo sea el Universo”.

Una nave para explorar el Cosmos llamada Stardust (Polvo de estrellas), se metió en la cauda de un cometa para recoger material y dar indicios del origen de la vida en el Universo.

Pero no solo eso, varias naves han aterrizado en la superficie del planeta Marte con la esperanza de que en su superficie aparezcan pruebas fehacientes de que hubo vida, según la conocemos.

Actualmente varios telescopios permanecen en órbita terrestre con el único propósito de escudriñar el cielo y asegurarnos que no estamos solos.

¿De dónde venimos, qué somos y hacia dónde vamos? ¿Podremos algún día arrebatarle sus secretos al Cosmos infinito?

La raza humana ha colocado su mirada en el espacio exterior y probablemente muchos misterios queden resueltos en esta centuria. Es la tecnología, y no otra cosa, lo que modifica radicalmente a la sociedad y al planeta, cuando se expanden los sentidos humanos.

En el planeta Marte parece haber suficiente agua de reserva en el subsuelo (sinónimo de oxígeno), tanto, como para que miles de humanos vivan ahí cientos de años. La presencia del vital líquido en estado de congelación obliga a investigar la existencia de vida en la superficie marciana; esta idea en manos de los científicos (quién sabe de los políticos) tiene sentido. Igualmente el desarrollo de tecnología que permita la construcción de un Arca de Noé Galáctica para transportarnos en plan de colonizadores a otros planetas.

Las probabilidades matemáticas, pero sobre todo las evidencias geológicas, indican que permanecer durante mucho tiempo en la Tierra es una apuesta arriesgada para nuestra sobrevivencia en el Universo, equivale a poner “todos los huevos en la misma canasta”. Y aunque el peligro de asteroides en posible trayectoria de colision con la Tierra es de una en un millón de años para fragmentos de un kilómetro de diámetro (cuerpo celeste similar al que presumiblemente cayó en las inmediaciones de la península de Yucatán, determinando la extinción de los dinosaurios), la colonizacion de otras regiones de nuestro sistema solar es algo forzoso así como ir más allá de sus confines.

La idea de hallar refugio en otros planetas es ineludible; pero primero hay que llegar. La interrogante es cuándo. Los viajes interplanetarios tripulados por humanos son técnicamente viables y la presencia de agua en Marte y quizá en otros planetas, cierra el círculo.

NOTA DEL DÍA.- El odio y el miedo se esparcen sin control, como una mala enfermedad. Observo la estupidez humana, el caos irracional, las ambiciones desatadas, y todo me remite a una afinidad secreta y cerval que comparte la raza humana: la monomanía, ambición ¿o será locura? del capitán Ahab, ávido por acosar y destruir a la ballena blanca, como lo cita Jorge Luis Borges. Esa implacable persecución del Leviatán por los océanos representa los símbolos y espejos del Universo, los laberintos que finalmente aniquilan a todos los hombres del barco. Es como si Herman Melville –dice Borges- hubiera escrito Moby Dick únicamente para decirnos: “Basta que sea irracional un solo hombre para que otros también lo sean y para que lo sea el Universo”.

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