/ domingo 5 de mayo de 2019

¡Puebla!, ¡Qué chula es Puebla!

La hermosa e histórica ciudad de Puebla siempre estuvo muy cercana a nuestra vida familiar. Los usos y costumbres de la Ciudad de los Ángeles era nuestro entorno. La familia Alarcón de Guerrero se instaló en la bella ciudad poblana en busca de mejor clima y educación.

Nuestra casa tenía infinidad de reminiscencias de este bello estado. La cocina era la típica cocina poblana, espaciosa con mesa de trabajo al centro, cenefas de azulejos azules y blancos. Adornada con ollas de barro y cucharones de madera e impregnada de los aromas de múltiples especies.

Los peraltes de las escaleras y el lambrín de comedor eran de talavera de la Reina, al igual que la vajilla. Adornos y lámparas de ónix y mármol blanco de Tecali de Herrera. Los veranos solíamos pasar las vacaciones en Tehuacán, encantadora ciudad a solo dos horas de la capital, en pos del agua medicinal de sus famosos manantiales, Peñafiel y Topo-Chico.

Por todo esto, amamos Puebla y el 5 de Mayo, quisiera estar en su hermosa capital de gran riqueza histórica y cultural... Visitar el museo Amparo y el museo del traje de China Poblana, símbolo de México e identidad nacional, bellísimo atuendo que resalta los rasgos mestizos de la mujer mexicana... Su clima, sus imponentes volcanes, su bellísima universidad, sus artesanías y su deliciosa gastronomía, entre otras maravillas.

Quisiera estar en su zócalo arbolado y pajarero, o en sus bellísimos portales disfrutando la mayor festividad de la heroica ciudad. Degustar sus delicias culinarias, sobre todo el único e inigualable mole, los chiles en nogada, chalupas verdes y rojas, molotes, cemitas, camotes, agua fresca de pitahaya, dulces, rompope de Santa Clara e infinidad de exquisiteces.

Presenciar el desfile militar conmemorativo de la Batalla de Puebla (1862), que culmina con una representación del desigual combate. Franceses uniformados y calzados con botas, empuñando fusiles con bayoneta, contra los valientes indios zacapoaxtlas vestidos de manta y huarache apoyando a las fuerzas federales, luchando cuerpo a cuerpo y a machetazo limpio en defensa de su patria y de su honor al grito de ¡Viva México! ¡Viva Juárez! ¡Viva el 5 de Mayo!

Las campanas de la imponente Catedral repican al vuelo celebrando la victoria de nuestro ejército, mientras el gallardo caballista representando al General Ignacio Zaragoza levanta orgulloso su espada y su bandera en señal de triunfo... aplausos y vivas de la gente que, emocionada, rememora la gesta heroica de nuestros héroes...

Carros alegóricos, hermosas chinas poblanas y apuestos chinacos a caballo cierran con broche de oro el desfile que cada 5 de Mayo nos ofrece la bella ciudad de Puebla.

¡Puebla!, ¡Qué chula es Puebla!

La hermosa e histórica ciudad de Puebla siempre estuvo muy cercana a nuestra vida familiar. Los usos y costumbres de la Ciudad de los Ángeles era nuestro entorno. La familia Alarcón de Guerrero se instaló en la bella ciudad poblana en busca de mejor clima y educación.

Nuestra casa tenía infinidad de reminiscencias de este bello estado. La cocina era la típica cocina poblana, espaciosa con mesa de trabajo al centro, cenefas de azulejos azules y blancos. Adornada con ollas de barro y cucharones de madera e impregnada de los aromas de múltiples especies.

Los peraltes de las escaleras y el lambrín de comedor eran de talavera de la Reina, al igual que la vajilla. Adornos y lámparas de ónix y mármol blanco de Tecali de Herrera. Los veranos solíamos pasar las vacaciones en Tehuacán, encantadora ciudad a solo dos horas de la capital, en pos del agua medicinal de sus famosos manantiales, Peñafiel y Topo-Chico.

Por todo esto, amamos Puebla y el 5 de Mayo, quisiera estar en su hermosa capital de gran riqueza histórica y cultural... Visitar el museo Amparo y el museo del traje de China Poblana, símbolo de México e identidad nacional, bellísimo atuendo que resalta los rasgos mestizos de la mujer mexicana... Su clima, sus imponentes volcanes, su bellísima universidad, sus artesanías y su deliciosa gastronomía, entre otras maravillas.

Quisiera estar en su zócalo arbolado y pajarero, o en sus bellísimos portales disfrutando la mayor festividad de la heroica ciudad. Degustar sus delicias culinarias, sobre todo el único e inigualable mole, los chiles en nogada, chalupas verdes y rojas, molotes, cemitas, camotes, agua fresca de pitahaya, dulces, rompope de Santa Clara e infinidad de exquisiteces.

Presenciar el desfile militar conmemorativo de la Batalla de Puebla (1862), que culmina con una representación del desigual combate. Franceses uniformados y calzados con botas, empuñando fusiles con bayoneta, contra los valientes indios zacapoaxtlas vestidos de manta y huarache apoyando a las fuerzas federales, luchando cuerpo a cuerpo y a machetazo limpio en defensa de su patria y de su honor al grito de ¡Viva México! ¡Viva Juárez! ¡Viva el 5 de Mayo!

Las campanas de la imponente Catedral repican al vuelo celebrando la victoria de nuestro ejército, mientras el gallardo caballista representando al General Ignacio Zaragoza levanta orgulloso su espada y su bandera en señal de triunfo... aplausos y vivas de la gente que, emocionada, rememora la gesta heroica de nuestros héroes...

Carros alegóricos, hermosas chinas poblanas y apuestos chinacos a caballo cierran con broche de oro el desfile que cada 5 de Mayo nos ofrece la bella ciudad de Puebla.

¡Puebla!, ¡Qué chula es Puebla!

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