/ sábado 10 de noviembre de 2018

¿Quién fue Juan Rulfo?

La novela “Pedro Páramo” y “El Llano en Llamas” son las dos obras que constituyen el universo literario de Juan Rulfo.

En otras palabras en estos dos textos memorables está capturado magistralmente el universo Rulfiano que lo convirtió con el tiempo en infinito

“Pedro Páramo” es la novela más contundente que se ha escrito en idioma español; en esta obra Juan Rulfo hace de la muerte una cuestión cotidiana con la que terminamos familiarizándonos y aceptándola como parte de nuestra existencia. “Pedro Páramo”, la única novela de Juan Rulfo, lo convirtió en uno de los principales exponentes de lo Real Maravilloso, que conocemos como la corriente literaria denominada Realismo Mágico, es una obra latinoamericana y figura trascendental en las letras mexicanas. Una narración que transita entre fantasmas y sombras que van y vienen en el tiempo inesperado y eterno, que comienza así: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo”.

Pedro Páramo es, en la novela, el hombre acrisolado con la dureza de un espíritu egoísta. Sólo quiso a tres personas: su padre, muerto en una fiesta por una bala perdida y en venganza hizo matar a todos los que asistieron al festejo; su hijo Miguel Páramo, hombre malo que ya debía muchas al morir en un accidente de caballo, y Susana San Juan, mujer que nunca lo quiso, al morir ella también dejó morir sus tierras y su hacienda. Curiosa combinación existencial hace Juan Rulfo en su obra literaria: La muerte es una forma de vida.

“El Llano en Llamas” es una obra breve en donde Rulfo reúne un conjunto de cuentos inmortales, entre los que sobresalen "En este Pueblo no hay ladrones”. Casi todos sus cuentos fueron llevados al cinematógrafo. Por ejemplo en “Talpa”, que visualizamos como un monólogo que apenas dura unos cuantos minutos, en la que pasa el llanto callado de Amalia en brazos de su madre. Se logra en este reducidísimo tiempo construir una perpetua riqueza de sentimientos y pasiones, un triángulo lleno de perversiones y arrepentimientos, de amor-pasión y crueldad, que transcurre a lo largo de una sentida peregrinación en busca de alivio para el hombre que agoniza y debe morir para que florezca una nueva relación. Los expertos opinan que Rulfo consiguió en unas cuantas páginas lo que para otros escritores enormes, por ejemplo William Faulkner o Juan Carlos Onetti y el maestro José Revueltas, les llevaría centenares de páginas para construir las imágenes narrativas que hicieron célebre a Juan Rulfo. El mismísimo Gabriel García Márquez escribió en 1980 que era capaz de recitar capítulos enteros de “Pedro Páramo”; agregó: "Soy capaz de recitar la novela completa de memoria". También reconoció que el cuento "La Herencia de Matilde Arcángel", que casualmente había leído en el consultorio de un dentista en Colombia, influyó definitivamente en su obra; aceptando que Rulfo literariamente hablando había sido una especie de preceptor en su formación de escritor y precursor del Realismo Mágico, que Gabo con sus imágenes literarias llevó a las cumbres.

A la muerte de Juan Rulfo en 1986, Fernando Benítez solicitó al presidente de la República en turno, que los restos del escritor de Sayula descansaran, a un año de su partida, en la Rotonda de las Personas Ilustres; con este acto la inteligencia nacional recuperó gran parte del terreno perdido ante la presencia y la soberbia de esa numerosa corriente de prepotentes que consideran ociosa la fecunda tarea de los intelectuales que consagran su existencia al cultivo de las letras y a la tarea de transmitir a las generaciones venideras el arte y la belleza de la vida.

Algunas veces me he puesto a pensar en la inmensa dimensión que León Tolstoi utilizó en las páginas para heredar a la humanidad “La Guerra y la Paz” y llegué a pensar en aquella época que solamente en un libro de páginas incontables estaba la fórmula para que un escritor alcanzara la grandeza y la inmortalidad. Existían para reforzar esta idea, erróneamente concebida, “Los Miserables” de Víctor Hugo y “La Comedia Humana”, redactada por ese portentoso narrador de la vida y los actos de las personas en su conducta cotidiana que fue Honorato de Balzac. También me intrigaba en el caso de estos dos últimos genios, las razones que los movieron a descubrir y proyectar al futuro, por medio de la literatura, mundos a los que no pertenecían. Víctor Hugo era un refinado escritor de la clase alta francesa de la época y se cubrió de gloria cuando redactó el horror y dolor en el que vivían los franceses miserables, que trabajaban en una forma de esclavitud para poder sobrevivir mientras la monarquía les robaba su vida y su fuerza de trabajo. Hay escenas en “Los Miserables” donde una pobre mujer da a luz a su hijo parada porque sus patrones no le permitieron que suspendiera el trabajo que estaba realizando.

En el caso de Honorato de Balzac él era un inmigrante que llegó a Francia y que apenas tenía para comer, lo cual desarrolló en él un voraz apetito sexual que lo hizo el amante preferido de las damas que pertenecían a la monarquía. En “La Comedia Humana”, Honorato elabora una narrativa descriptiva de la forma de vida, de las debilidades, desviaciones y excesos de la aristocracia de la época.

A Juan Rulfo le bastaron solo dos textos ligeros en cuanto a volumen, pero inmensos en cuanto a la profundidad de su investigación y difusión de la psique humana. Creo que localizó la llave para conocer la naturaleza humana en otra dimensión; en donde se encuentran los oscuros imponderables: Ese mundo, desgraciadísimo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá descuartizándonos en pedazos como si regara la tierra con nuestra propia sangre. Pedro Páramo se pregunta: ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma?

El mejor reconocimiento a Rulfo, sin duda el escritor mexicano más grande que haya tenido esta patria, es consultar y releer su obra que, por breve, está convertida en una de las más intensas y profundas de la literatura universal.

La novela “Pedro Páramo” y “El Llano en Llamas” son las dos obras que constituyen el universo literario de Juan Rulfo.

En otras palabras en estos dos textos memorables está capturado magistralmente el universo Rulfiano que lo convirtió con el tiempo en infinito

“Pedro Páramo” es la novela más contundente que se ha escrito en idioma español; en esta obra Juan Rulfo hace de la muerte una cuestión cotidiana con la que terminamos familiarizándonos y aceptándola como parte de nuestra existencia. “Pedro Páramo”, la única novela de Juan Rulfo, lo convirtió en uno de los principales exponentes de lo Real Maravilloso, que conocemos como la corriente literaria denominada Realismo Mágico, es una obra latinoamericana y figura trascendental en las letras mexicanas. Una narración que transita entre fantasmas y sombras que van y vienen en el tiempo inesperado y eterno, que comienza así: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo”.

Pedro Páramo es, en la novela, el hombre acrisolado con la dureza de un espíritu egoísta. Sólo quiso a tres personas: su padre, muerto en una fiesta por una bala perdida y en venganza hizo matar a todos los que asistieron al festejo; su hijo Miguel Páramo, hombre malo que ya debía muchas al morir en un accidente de caballo, y Susana San Juan, mujer que nunca lo quiso, al morir ella también dejó morir sus tierras y su hacienda. Curiosa combinación existencial hace Juan Rulfo en su obra literaria: La muerte es una forma de vida.

“El Llano en Llamas” es una obra breve en donde Rulfo reúne un conjunto de cuentos inmortales, entre los que sobresalen "En este Pueblo no hay ladrones”. Casi todos sus cuentos fueron llevados al cinematógrafo. Por ejemplo en “Talpa”, que visualizamos como un monólogo que apenas dura unos cuantos minutos, en la que pasa el llanto callado de Amalia en brazos de su madre. Se logra en este reducidísimo tiempo construir una perpetua riqueza de sentimientos y pasiones, un triángulo lleno de perversiones y arrepentimientos, de amor-pasión y crueldad, que transcurre a lo largo de una sentida peregrinación en busca de alivio para el hombre que agoniza y debe morir para que florezca una nueva relación. Los expertos opinan que Rulfo consiguió en unas cuantas páginas lo que para otros escritores enormes, por ejemplo William Faulkner o Juan Carlos Onetti y el maestro José Revueltas, les llevaría centenares de páginas para construir las imágenes narrativas que hicieron célebre a Juan Rulfo. El mismísimo Gabriel García Márquez escribió en 1980 que era capaz de recitar capítulos enteros de “Pedro Páramo”; agregó: "Soy capaz de recitar la novela completa de memoria". También reconoció que el cuento "La Herencia de Matilde Arcángel", que casualmente había leído en el consultorio de un dentista en Colombia, influyó definitivamente en su obra; aceptando que Rulfo literariamente hablando había sido una especie de preceptor en su formación de escritor y precursor del Realismo Mágico, que Gabo con sus imágenes literarias llevó a las cumbres.

A la muerte de Juan Rulfo en 1986, Fernando Benítez solicitó al presidente de la República en turno, que los restos del escritor de Sayula descansaran, a un año de su partida, en la Rotonda de las Personas Ilustres; con este acto la inteligencia nacional recuperó gran parte del terreno perdido ante la presencia y la soberbia de esa numerosa corriente de prepotentes que consideran ociosa la fecunda tarea de los intelectuales que consagran su existencia al cultivo de las letras y a la tarea de transmitir a las generaciones venideras el arte y la belleza de la vida.

Algunas veces me he puesto a pensar en la inmensa dimensión que León Tolstoi utilizó en las páginas para heredar a la humanidad “La Guerra y la Paz” y llegué a pensar en aquella época que solamente en un libro de páginas incontables estaba la fórmula para que un escritor alcanzara la grandeza y la inmortalidad. Existían para reforzar esta idea, erróneamente concebida, “Los Miserables” de Víctor Hugo y “La Comedia Humana”, redactada por ese portentoso narrador de la vida y los actos de las personas en su conducta cotidiana que fue Honorato de Balzac. También me intrigaba en el caso de estos dos últimos genios, las razones que los movieron a descubrir y proyectar al futuro, por medio de la literatura, mundos a los que no pertenecían. Víctor Hugo era un refinado escritor de la clase alta francesa de la época y se cubrió de gloria cuando redactó el horror y dolor en el que vivían los franceses miserables, que trabajaban en una forma de esclavitud para poder sobrevivir mientras la monarquía les robaba su vida y su fuerza de trabajo. Hay escenas en “Los Miserables” donde una pobre mujer da a luz a su hijo parada porque sus patrones no le permitieron que suspendiera el trabajo que estaba realizando.

En el caso de Honorato de Balzac él era un inmigrante que llegó a Francia y que apenas tenía para comer, lo cual desarrolló en él un voraz apetito sexual que lo hizo el amante preferido de las damas que pertenecían a la monarquía. En “La Comedia Humana”, Honorato elabora una narrativa descriptiva de la forma de vida, de las debilidades, desviaciones y excesos de la aristocracia de la época.

A Juan Rulfo le bastaron solo dos textos ligeros en cuanto a volumen, pero inmensos en cuanto a la profundidad de su investigación y difusión de la psique humana. Creo que localizó la llave para conocer la naturaleza humana en otra dimensión; en donde se encuentran los oscuros imponderables: Ese mundo, desgraciadísimo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá descuartizándonos en pedazos como si regara la tierra con nuestra propia sangre. Pedro Páramo se pregunta: ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma?

El mejor reconocimiento a Rulfo, sin duda el escritor mexicano más grande que haya tenido esta patria, es consultar y releer su obra que, por breve, está convertida en una de las más intensas y profundas de la literatura universal.

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