/ sábado 21 de septiembre de 2019

Recordando el ciclón; 19 de septiembre de 1955

Nuestro Tampico Hermoso en esa época era muy diferente del que ahora tenemos, los límites de la ciudad por el norte llegaban hasta la “Bene” a cien metros había un arco de petróleos con un barco en él como decoración.

Despues del arco los terrenos estaban baldíos a ambos lados de la avenida Hidalgo, excepto el siete leguas en una de las hondonadas y una que otra granja por la curva del piñal rumbo al aeropuerto.

Nuestra avenida Hidalgo entonces de un solo carril con el servicio Ongay a la altura del cementerio, no fue de doble carril hasta la progresista administracion del Lic. Francisco Villarreal. Las márgenes de ríos, lagunas, que circundan nuestro puerto estaban densamente pobladas y desprotegidas.

Cuando la violencia del viento cesó se pudo comprobar los daños que el “Hilda” causó no solo en nuestro puerto sino a toda la región que permaneció bajo las aguas durante varios días.

Tampico prácticamente se convirtió en una isla, por el sur hasta donde alcanzaba la vista había agua interrumpiéndose el tráfico en la carretera federal, debiendo abordar lanchas para llegar a la ciudad de Pánuco, por la parte de la Isleta el agua subió hasta el Hotel Tampico y en las partes bajas llegaba al segundo piso de algunos edificios.

Los mercados municipales inundados casi hasta el techo, el agua por el lado del muelle, alcanzó hasta la Plaza de la Libertad. Los tampiqueños solidarios en la desgracia inmediatamente se dieron a la tarea de ayudar a los damnificados con alimentos, refugio y asistencia médica, al no ser suficientes nuestros recursos se recurrió a la ayuda de nuestro vecino del norte quien en forma por demás humanitaria y desinteresada se dieron a la tarea de rehabilitar nuestra ciudad sin escatimar esfuerzos.

Dos enormes portaaviones aparecieron frente a la bocana del puerto; enormes helicópteros de rescate empezaron a sobrevolar la región rescatando familias completas de los techos de las casas y de los árboles, en donde se refugiaron protegiéndose de la crecida.

Justo es reconocer que las tripulaciones de los helicópteros arriesgaron su vida en esta incansable operación, que no se detuvo hasta no poner a salvo a la última persona.

Como base de operaciones se estableció el antiguo Country Club donde fluía constante ayuda, enormes bolsas de agua se instalaron en las esquinas de las calles para evitar la contaminación, cobijas, ropa, zapatos, latería, catres, linternas, en fin todo lo necesario, los tampiqueños debemos agradecimiento por estas acciones a los que las llevaron a cabo y a su jefe de operaciones el comandante Miles.

El día que partieron los grupos de rescate en sus helicópteros el pueblo de Tampico se hizo presente en el Country Club con ofrendas florales para la tripulación de los helicópteros; quienes las soltaron desde los aparatos en agradecimiento como una cascada de flores.

Como dato curioso de la época podemos citar el siguiente: "Pasados los estragos del ciclón y normalizada la ciudad, conocido vendedor de sabrosas tortas en un alarde de mercadotecnia, las bautizó con los nombres de los portaaviones americanos que tanta ayuda nos brindaron".

“Pida su Ziboney, pruebe su Zaipan”

Nuestro Tampico Hermoso en esa época era muy diferente del que ahora tenemos, los límites de la ciudad por el norte llegaban hasta la “Bene” a cien metros había un arco de petróleos con un barco en él como decoración.

Despues del arco los terrenos estaban baldíos a ambos lados de la avenida Hidalgo, excepto el siete leguas en una de las hondonadas y una que otra granja por la curva del piñal rumbo al aeropuerto.

Nuestra avenida Hidalgo entonces de un solo carril con el servicio Ongay a la altura del cementerio, no fue de doble carril hasta la progresista administracion del Lic. Francisco Villarreal. Las márgenes de ríos, lagunas, que circundan nuestro puerto estaban densamente pobladas y desprotegidas.

Cuando la violencia del viento cesó se pudo comprobar los daños que el “Hilda” causó no solo en nuestro puerto sino a toda la región que permaneció bajo las aguas durante varios días.

Tampico prácticamente se convirtió en una isla, por el sur hasta donde alcanzaba la vista había agua interrumpiéndose el tráfico en la carretera federal, debiendo abordar lanchas para llegar a la ciudad de Pánuco, por la parte de la Isleta el agua subió hasta el Hotel Tampico y en las partes bajas llegaba al segundo piso de algunos edificios.

Los mercados municipales inundados casi hasta el techo, el agua por el lado del muelle, alcanzó hasta la Plaza de la Libertad. Los tampiqueños solidarios en la desgracia inmediatamente se dieron a la tarea de ayudar a los damnificados con alimentos, refugio y asistencia médica, al no ser suficientes nuestros recursos se recurrió a la ayuda de nuestro vecino del norte quien en forma por demás humanitaria y desinteresada se dieron a la tarea de rehabilitar nuestra ciudad sin escatimar esfuerzos.

Dos enormes portaaviones aparecieron frente a la bocana del puerto; enormes helicópteros de rescate empezaron a sobrevolar la región rescatando familias completas de los techos de las casas y de los árboles, en donde se refugiaron protegiéndose de la crecida.

Justo es reconocer que las tripulaciones de los helicópteros arriesgaron su vida en esta incansable operación, que no se detuvo hasta no poner a salvo a la última persona.

Como base de operaciones se estableció el antiguo Country Club donde fluía constante ayuda, enormes bolsas de agua se instalaron en las esquinas de las calles para evitar la contaminación, cobijas, ropa, zapatos, latería, catres, linternas, en fin todo lo necesario, los tampiqueños debemos agradecimiento por estas acciones a los que las llevaron a cabo y a su jefe de operaciones el comandante Miles.

El día que partieron los grupos de rescate en sus helicópteros el pueblo de Tampico se hizo presente en el Country Club con ofrendas florales para la tripulación de los helicópteros; quienes las soltaron desde los aparatos en agradecimiento como una cascada de flores.

Como dato curioso de la época podemos citar el siguiente: "Pasados los estragos del ciclón y normalizada la ciudad, conocido vendedor de sabrosas tortas en un alarde de mercadotecnia, las bautizó con los nombres de los portaaviones americanos que tanta ayuda nos brindaron".

“Pida su Ziboney, pruebe su Zaipan”

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