/ martes 26 de noviembre de 2019

¿Regresa la inseguridad?

Hace ya casi ocho años, incursioné como funcionario público en una administración municipal, en el área de manejo de prensa política...

Lo que cambió drásticamente la visión que como periodista tenía de cómo funcionan las cosas en los diferentes órdenes de gobierno y los partidos políticos; por ejemplo, como periodista siempre vi al gobierno sin importar nivel alguno y al PRI como una sola entidad que funcionaba con un mando, desde la Casa de Gobierno de Ciudad Victoria, donde –creía yo-, se tomaban las decisiones de lo que se haría en el gobierno del estado, en los Ayuntamientos (gobernados por el PRI, por supuesto) y en las propias dirigencias municipales del tricolor. Estaba muy equivocado.

Era el 2011 con un Tamaulipas inmerso aún en la conmoción del asesinato del candidato del PRI a la gubernatura, Rodolfo Torre Cantú y su hermano Egidio asumiendo en medio de la incertidumbre como podía, las riendas de un estado convulso por la violencia y desmoronándose de a poco. Por ahí de febrero, con un frío muy intenso, Egidio Torre visitó por vez primera el sur del estado, ya con la investidura de gobernador y yo estuve en la recepción en Ciudad Madero, en donde gobernaba Jaime Turrubiates Solís, de cuyo equipo formaba parte, como director de comunicación social.

Jamás había visto un operativo similar de seguridad, a cargo del Ejército y la Marina, que rodearon el Palacio Municipal cerrando varias calles a la redonda a vehículos y peatones, instalando retenes con tanquetas y francotiradores apostados en las azoteas de los edificios cercanos y debajo de algunos vehículos. La comitiva que transportó a Egidio Torre estaba integrada por varios vehículos militares y camionetas con un alto blindaje y todos los accesos al edificio de la presidencia fueron tomados literalmente por los militares.

La recepción se realizó en la Sala del Cabildo, en donde los entonces gobernador y alcalde recibieron uno a uno a cada departamento del Ayuntamiento con quienes se tomó la foto y dirigió algunas palabras de aliento, en medio de una labor que parecía un complejo crucigrama: gobernar.

El Tamaulipas que hoy tenemos es diametralmente opuesto en muchos sentidos. La seguridad, al menos acá en el sur de Tamaulipas es completamente distinta a lo que ocurrió por aquellos años en que incluso era impensable transitar las carreteras por la noche.

Lo que se ha logrado avanzar en materia de seguridad ha sido muchísimo, sin embargo, hay que observar lo que ha ocurrido en otras entidades del país, como Ciudad Juárez, en donde, luego de recuperar la seguridad, después de haber sido considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, los cambios de gobierno relajaron las acciones de seguridad y ésta empeoró significativamente.

Si bien aún hay regiones de Tamaulipas que requieren de atención permanente, principalmente en la frontera, relajar la atención a la seguridad, ya sea por un cambio de estrategia, como pretende el gobierno federal, o por no enviar recursos para encarar los delitos de alto impacto que competen legalmente al rubro federal, podría desencadenar nuevamente una escalada de violencia, que nos haga perder todo el terreno que ya se le ha ganado a la delincuencia y que hoy nos permite disfrutar de un clima de paz.

En ese sentido, el llamado que hizo hace unos días desde Nuevo Laredo el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca de combatir al “narcoterrorismo”, como llamó al uso de civiles como escudos humanos en ese extremo de Tamaulipas, es indispensable que sea atendido por el Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo y por el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Este llamado tuvo eco en el Congreso de Tamaulipas, en donde el Presidente de la Junta de Coordinación Política, Gerardo Peña Flores, exhibió a los legisladores de Morena que, sin argumentos, simplemente abandonaron la sesión del Legislativo justamente cuando se abordó el tema de Nuevo Laredo y el legislador de Reynosa acusó a ese partido y sus dirigentes políticos de estar de brazos caídos ante el narcoterrorismo, un problema que se debe enfrentar como tal, porque la cuarta transformación, dijo Gerardo Peña, “gobierna con amor, ¡pero con amor a los delincuentes!, ¡de brazos caídos!, como se está demostrando en Nuevo Laredo en donde se deja solo al gobierno del estado dando la lucha para reestablecer el orden y la paz que los neolaredenses requieren”. Este es un llamado de los poderes Ejecutivo y Legislativo de Tamaulipas. Un llamado a tiempo antes de que ni los abrazos ni todas las buenas intenciones del mundo logren frenar el crecimiento de la inseguridad y con ella la incertidumbre que ya nos tocó vivir.

e-mail: marioagamezh@hotmail.com

Mahatma Gandhi

Político y filósofo indio

La fuerza no viene de la capacidad física. Viene de una voluntad indomable”

Hace ya casi ocho años, incursioné como funcionario público en una administración municipal, en el área de manejo de prensa política...

Lo que cambió drásticamente la visión que como periodista tenía de cómo funcionan las cosas en los diferentes órdenes de gobierno y los partidos políticos; por ejemplo, como periodista siempre vi al gobierno sin importar nivel alguno y al PRI como una sola entidad que funcionaba con un mando, desde la Casa de Gobierno de Ciudad Victoria, donde –creía yo-, se tomaban las decisiones de lo que se haría en el gobierno del estado, en los Ayuntamientos (gobernados por el PRI, por supuesto) y en las propias dirigencias municipales del tricolor. Estaba muy equivocado.

Era el 2011 con un Tamaulipas inmerso aún en la conmoción del asesinato del candidato del PRI a la gubernatura, Rodolfo Torre Cantú y su hermano Egidio asumiendo en medio de la incertidumbre como podía, las riendas de un estado convulso por la violencia y desmoronándose de a poco. Por ahí de febrero, con un frío muy intenso, Egidio Torre visitó por vez primera el sur del estado, ya con la investidura de gobernador y yo estuve en la recepción en Ciudad Madero, en donde gobernaba Jaime Turrubiates Solís, de cuyo equipo formaba parte, como director de comunicación social.

Jamás había visto un operativo similar de seguridad, a cargo del Ejército y la Marina, que rodearon el Palacio Municipal cerrando varias calles a la redonda a vehículos y peatones, instalando retenes con tanquetas y francotiradores apostados en las azoteas de los edificios cercanos y debajo de algunos vehículos. La comitiva que transportó a Egidio Torre estaba integrada por varios vehículos militares y camionetas con un alto blindaje y todos los accesos al edificio de la presidencia fueron tomados literalmente por los militares.

La recepción se realizó en la Sala del Cabildo, en donde los entonces gobernador y alcalde recibieron uno a uno a cada departamento del Ayuntamiento con quienes se tomó la foto y dirigió algunas palabras de aliento, en medio de una labor que parecía un complejo crucigrama: gobernar.

El Tamaulipas que hoy tenemos es diametralmente opuesto en muchos sentidos. La seguridad, al menos acá en el sur de Tamaulipas es completamente distinta a lo que ocurrió por aquellos años en que incluso era impensable transitar las carreteras por la noche.

Lo que se ha logrado avanzar en materia de seguridad ha sido muchísimo, sin embargo, hay que observar lo que ha ocurrido en otras entidades del país, como Ciudad Juárez, en donde, luego de recuperar la seguridad, después de haber sido considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, los cambios de gobierno relajaron las acciones de seguridad y ésta empeoró significativamente.

Si bien aún hay regiones de Tamaulipas que requieren de atención permanente, principalmente en la frontera, relajar la atención a la seguridad, ya sea por un cambio de estrategia, como pretende el gobierno federal, o por no enviar recursos para encarar los delitos de alto impacto que competen legalmente al rubro federal, podría desencadenar nuevamente una escalada de violencia, que nos haga perder todo el terreno que ya se le ha ganado a la delincuencia y que hoy nos permite disfrutar de un clima de paz.

En ese sentido, el llamado que hizo hace unos días desde Nuevo Laredo el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca de combatir al “narcoterrorismo”, como llamó al uso de civiles como escudos humanos en ese extremo de Tamaulipas, es indispensable que sea atendido por el Secretario de Seguridad, Alfonso Durazo y por el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Este llamado tuvo eco en el Congreso de Tamaulipas, en donde el Presidente de la Junta de Coordinación Política, Gerardo Peña Flores, exhibió a los legisladores de Morena que, sin argumentos, simplemente abandonaron la sesión del Legislativo justamente cuando se abordó el tema de Nuevo Laredo y el legislador de Reynosa acusó a ese partido y sus dirigentes políticos de estar de brazos caídos ante el narcoterrorismo, un problema que se debe enfrentar como tal, porque la cuarta transformación, dijo Gerardo Peña, “gobierna con amor, ¡pero con amor a los delincuentes!, ¡de brazos caídos!, como se está demostrando en Nuevo Laredo en donde se deja solo al gobierno del estado dando la lucha para reestablecer el orden y la paz que los neolaredenses requieren”. Este es un llamado de los poderes Ejecutivo y Legislativo de Tamaulipas. Un llamado a tiempo antes de que ni los abrazos ni todas las buenas intenciones del mundo logren frenar el crecimiento de la inseguridad y con ella la incertidumbre que ya nos tocó vivir.

e-mail: marioagamezh@hotmail.com

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