/ miércoles 23 de octubre de 2019

Se repite la fórmula

¡Qué difícil situación para México y su vida institucional! ¡En qué escenario tan comprometido se vio envuelta la actual administración del poder ejecutivo federal de este país! ¡Qué herida tan grande se abrió en las entrañas de nuestra patria que después de varios días, a pesar de que se minimizó el derramamiento de sangre, continúa supurando datos, cifras y pus!

Como en otros contextos los Estados Unidos de Norteamérica dieron a conocer su versión de la historia y ponen a los protagonistas de ésta en posiciones distintas a las que nos habíamos imaginado. Algunas justificadas; otras, no tanto. No obstante, hay una constante en el proceder que es reiterativo y, sobre todo, un recurso un tanto romántico que sigue considerándose como válido y sustancioso para el imaginario colectivo de una sociedad como la nuestra.

Fíjese usted, gentil amigo lector, en primer término, se difundió que fue el gobierno norteamericano quien solicitó la aprehensión de la descendencia de “El Chapo”. Esto último no es de extrañarnos si recordamos que se sigue un proceso en contra del personaje más importante del rubro criminal en la tierra de “las barras y las estrellas” y las declaraciones vertidas, invariablemente, acusan de manera oficial a los hijos de Joaquín Guzmán.

Asimismo, se ha mencionado que el director interino de esta dependencia estadounidense se reunió con el gobernador de Sinaloa el pasado mes de septiembre. ¿Por qué no se reunió con el ejecutivo federal? Y si lo hizo, ¿Por qué no se ha vertido la parte oficial del gobierno de nuestro país? Cabe hacer mención que hasta el momento de la presente entrega aún no se tocaban esos detalles.

Si el gobierno de Donald Trump cumplió con el “papeleo” para que llegara a su país Ovidio Guzmán y nuestras autoridades “por política de paz interior” decidieron detener un poco el trámite por aquello de la estrategia de no golpear a los grandes capos para evitar crisis como la que recientemente vimos, nos lleva a la cuestión sobre la prudencia de la decisión. ¿Cuál fue el fiel que cambió la balanza entre la ética y la moral?, ¿Qué definió el rumbo de la justicia?

Ayer escuché a un analista en Nueva York que decía que México nunca ha tenido, ni tendrá, los recursos que tiene la inteligencia americana para ubicar a los grandes criminales, dando a entender que, aparte del protocolo administrativo, “nos hicieron la chamba” de ubicar al individuo y, como quien le dice a otra persona mientras le apunta con el dedo índice “¿Ves eso que está allí?, Pásamelo por favor”, fue que no hubo de otra para la fuerza mexicana que iniciar con el operativo.

¿Que si fue un operativo hecho al vapor? Tal vez. Empero, el flujo correcto de información y la comunicación interna entre los cuerpos de seguridad, las altas figuras burocráticas y los militares, hubieran coadyuvado a evitar lo que ya es de todos sabido. Y es que, con la experiencia de más de diez años de la Marina, el Ejército, la información, poca o mucha que esté en los archivos de las corporaciones federales, la cantidad de personal y los recursos balísticos, técnicos y operativos, se podía haber logrado el cometido, sin caer en “la negociación” obligada.

Hoy, los principales diarios del mundo critican, no el fracaso de esta acción de inteligencia, sino los mensajes que, con anterioridad, hizo públicos el presidente: “Fuchi y guácala”, “Acusarlos con sus mamás y con sus abuelitas”, haciendo quedar a esta nación como un “caldo social de cultivo perfecto” para la generación del fenómeno delincuencial en todas sus modalidades.

Y eso último lo escribo porque también vale la pena ponernos a pensar que se evitó una masacre, sí. Pero ¿Qué ocurrirá más adelante con las personas que ahora sabrán que serán extorsionadas, amedrentadas, secuestradas y víctimas de cualquier otra forma de operar de la delincuencia organizada? Si de nada servirá que se les denuncie pues el mensaje que ha lanzado el gobierno ha sido sumamente claro.

Porque todo parece indicar que se ha pasado por alto que la producción, generación, traslado y comercialización de estupefacientes es solo una de las diversas fuentes de ingreso económico de una organización como la que consiguió la liberación de su líder en Culiacán.

¿Qué ocurrirá con el resto de los líderes de los demás organismos delincuenciales distribuidos en el resto de la República Mexicana que ya se dieron cuenta cuál es la estrategia para lograr su liberación en caso de ser aprehendidos? ¿Cuántos de ellos estarán dispuestos a “vender cara” su libertad ahora que otro les “enseñó el camino”?

Aunque el jefe del Estado mexicano ha asegurado que no cambiará la estrategia pacifista en materia de seguridad de su mandato, lo más probable es que sí lo tenga que hacer y no debería de extrañarnos pues la fórmula de “prueba y error” con un final humanitario que perdona todo, en otras áreas de su trabajo ya lo hemos visto. No nos debería sorprender que, en este, también enmiende el camino durante la marcha.

A fin de cuentas, es la fórmula que se repite y se seguirá repitiendo.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

“Se Repite la Fórmula”

¡Qué difícil situación para México y su vida institucional! ¡En qué escenario tan comprometido se vio envuelta la actual administración del poder ejecutivo federal de este país! ¡Qué herida tan grande se abrió en las entrañas de nuestra patria que después de varios días, a pesar de que se minimizó el derramamiento de sangre, continúa supurando datos, cifras y pus!

Como en otros contextos los Estados Unidos de Norteamérica dieron a conocer su versión de la historia y ponen a los protagonistas de ésta en posiciones distintas a las que nos habíamos imaginado. Algunas justificadas; otras, no tanto. No obstante, hay una constante en el proceder que es reiterativo y, sobre todo, un recurso un tanto romántico que sigue considerándose como válido y sustancioso para el imaginario colectivo de una sociedad como la nuestra.

Fíjese usted, gentil amigo lector, en primer término, se difundió que fue el gobierno norteamericano quien solicitó la aprehensión de la descendencia de “El Chapo”. Esto último no es de extrañarnos si recordamos que se sigue un proceso en contra del personaje más importante del rubro criminal en la tierra de “las barras y las estrellas” y las declaraciones vertidas, invariablemente, acusan de manera oficial a los hijos de Joaquín Guzmán.

Asimismo, se ha mencionado que el director interino de esta dependencia estadounidense se reunió con el gobernador de Sinaloa el pasado mes de septiembre. ¿Por qué no se reunió con el ejecutivo federal? Y si lo hizo, ¿Por qué no se ha vertido la parte oficial del gobierno de nuestro país? Cabe hacer mención que hasta el momento de la presente entrega aún no se tocaban esos detalles.

Si el gobierno de Donald Trump cumplió con el “papeleo” para que llegara a su país Ovidio Guzmán y nuestras autoridades “por política de paz interior” decidieron detener un poco el trámite por aquello de la estrategia de no golpear a los grandes capos para evitar crisis como la que recientemente vimos, nos lleva a la cuestión sobre la prudencia de la decisión. ¿Cuál fue el fiel que cambió la balanza entre la ética y la moral?, ¿Qué definió el rumbo de la justicia?

Ayer escuché a un analista en Nueva York que decía que México nunca ha tenido, ni tendrá, los recursos que tiene la inteligencia americana para ubicar a los grandes criminales, dando a entender que, aparte del protocolo administrativo, “nos hicieron la chamba” de ubicar al individuo y, como quien le dice a otra persona mientras le apunta con el dedo índice “¿Ves eso que está allí?, Pásamelo por favor”, fue que no hubo de otra para la fuerza mexicana que iniciar con el operativo.

¿Que si fue un operativo hecho al vapor? Tal vez. Empero, el flujo correcto de información y la comunicación interna entre los cuerpos de seguridad, las altas figuras burocráticas y los militares, hubieran coadyuvado a evitar lo que ya es de todos sabido. Y es que, con la experiencia de más de diez años de la Marina, el Ejército, la información, poca o mucha que esté en los archivos de las corporaciones federales, la cantidad de personal y los recursos balísticos, técnicos y operativos, se podía haber logrado el cometido, sin caer en “la negociación” obligada.

Hoy, los principales diarios del mundo critican, no el fracaso de esta acción de inteligencia, sino los mensajes que, con anterioridad, hizo públicos el presidente: “Fuchi y guácala”, “Acusarlos con sus mamás y con sus abuelitas”, haciendo quedar a esta nación como un “caldo social de cultivo perfecto” para la generación del fenómeno delincuencial en todas sus modalidades.

Y eso último lo escribo porque también vale la pena ponernos a pensar que se evitó una masacre, sí. Pero ¿Qué ocurrirá más adelante con las personas que ahora sabrán que serán extorsionadas, amedrentadas, secuestradas y víctimas de cualquier otra forma de operar de la delincuencia organizada? Si de nada servirá que se les denuncie pues el mensaje que ha lanzado el gobierno ha sido sumamente claro.

Porque todo parece indicar que se ha pasado por alto que la producción, generación, traslado y comercialización de estupefacientes es solo una de las diversas fuentes de ingreso económico de una organización como la que consiguió la liberación de su líder en Culiacán.

¿Qué ocurrirá con el resto de los líderes de los demás organismos delincuenciales distribuidos en el resto de la República Mexicana que ya se dieron cuenta cuál es la estrategia para lograr su liberación en caso de ser aprehendidos? ¿Cuántos de ellos estarán dispuestos a “vender cara” su libertad ahora que otro les “enseñó el camino”?

Aunque el jefe del Estado mexicano ha asegurado que no cambiará la estrategia pacifista en materia de seguridad de su mandato, lo más probable es que sí lo tenga que hacer y no debería de extrañarnos pues la fórmula de “prueba y error” con un final humanitario que perdona todo, en otras áreas de su trabajo ya lo hemos visto. No nos debería sorprender que, en este, también enmiende el camino durante la marcha.

A fin de cuentas, es la fórmula que se repite y se seguirá repitiendo.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Escríbame a:

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Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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Con Café y a Media Luz

Agustín JIMENEZ CERVANTES

“Se Repite la Fórmula”

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