/ viernes 11 de octubre de 2019

Sexenio de las polémicas

El reloj marcaba la una y media de la mañana y, como nunca antes, la taza de café había tardado en llegar. En instantes la mesera me explicaba el motivo – “Es que pensamos que nadie vendría hoy”- me dijo visiblemente abrumada, quizá por mi evidente gesto de molestia. La suposición de aquella mujer era bien fundamentada pues el clima de esa madrugada de noviembre del 2005 no invitaba a deambular por los callejones de la Huasteca potosina.

Hacía mis “pininos” en la guardia policíaca de una conocida firma televisiva nacional y, después de cubrir tres o cuatro eventos, mi camarógrafo me sugirió dar por concluida la jornada, cosa que yo acepté de muy buen agrado. El hambre y el frío me hacían presa de sus incomodidades que, juntas, se vuelven un verdadero martirio para aquel individuo que las padece.

Minutos después llegó un grupo de jovencitas al discreto y pequeño restaurante. Por cuestiones de espacio se sentaron a una mesa de distancia de este servidor. Por el número, su ropa, actitud, edad y buen ánimo me hizo suponer que vendrían de una fiesta y decidieron hacer una parada en ese lugar por razones muy similares a las mías. Pidieron de inmediato algo para comer y beber. La mesera tomó nota y la llevó posteriormente a la cocina.

No pude evitar escuchar la conversación que casi se manifestaba a gritos pues todas querían hablar a la vez. Al igual que cada una de ellas deseaba ser escuchada por el resto del grupo, además de que, en la individualidad, exigían que las demás les asistieran con la razón y acuerdo en su postura. Como usted se imaginará, gentil amigo lector, eso último fue prácticamente imposible.

“Es lo que le pone la sal y la pimienta a la relación”, dijo la que se identificó como lideresa del grupo. Y prosiguió: “Aunque parezca que es pelear por pelear, no es así. En una relación una de las partes debe demostrar quién tiene el control.” Las demás chiquillas, que apenas rebasaban los 18 años, aplaudieron la postura de la amiga quien, por lo que terminó de decir en su minúsculo e improvisado mitin, se ufanaba de ser experta en las relaciones interpersonales de carácter amoroso.

Esta imagen a la distancia me hace reflexionar sobre la actitud de las adolescentes de esa época, generación que hoy conforma el grueso de la población de adultos jóvenes que marcaron el rumbo de nuestro país y que pareciera, también, haberse dividido en dos grandes grupos político – sociales: Los que continúan apoyando su postura en torno a la figura del actual Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y otro que critica severamente la manera y las estrategias del tabasqueño para ejercer el poder.

Sin duda alguna, AMLO obtuvo de los jóvenes una simpatía que otros presidentes o candidatos no tuvieron, incluyendo a Ricardo Anaya, su otrora rival que, por su edad, debió identificarse más con la “muchachada” y no fue así. Este sector ha manifestado en las redes su respaldo a los temas como la cancelación del NAIM, la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, la venta del avión presidencial, la construcción de la refinería en “Dos Bocas”, el programa de “Jóvenes construyendo el futuro” y el de “Sembrando Vida” del que platicaremos en entregas posteriores.

No obstante, en las últimas fechas, está apareciendo otro grupo de jóvenes que se están sumando a la masa crítica de la postura lopezobradorista y han empezado a lanzar observaciones al Ejecutivo de la Federación en el entorno multimediático del internet, que conoce y maneja a la perfección.

La pregunta que me asalta es ¿Cuál es el verdadero motivo que se esconde en este nuevo grupo?, ¿Son pagados o, por lo menos, promovidos por algún escaparate político? ¿Poseen un interés genuino de buscar lo mejor para México? O, simple y llanamente ¿Están tratando de poner “sal y pimienta” a la relación pueblo – gobierno con el afán de parecer expertos en el tema de la política?

Si bien es cierto que la pluralidad, la libertad de expresión y la tolerancia dan pie a la democracia y al análisis constructivo, también es verdad que el abuso de esos factores y su desmedida postura, ocasionan una lucha y un desgaste innecesarios en las partes protagonistas del conflicto. La dirección de las energías se encauza al convencimiento y no a la progresión, generando un círculo vicioso del que difícilmente se podrá salir bien librado.

Y no con esto quiero decir que se debe apoyar ciegamente a tal o cual funcionario por el simple hecho de ya encontrarse en el ejercicio del puesto que le fue otorgado por la confianza generada en la sociedad y, posteriormente, refrendada con el voto popular. Por el contrario, la exigencia debe ser mayor pero encauzada en las promesas, metas y proyectos ofrecidos durante las campañas para obtener el beneficio nacional que tanto deseamos. De lo contrario, se estarían generando polémicas simplemente porque sí.

Esa misma condición deberá ser permeada a los miembros del gabinete, asesores, jefes de área y directivos que colaboren en el proyecto de nación y, para tal efecto, deberán ser sometidos al constante escrutinio del pópulo quien será el juez inequívoco que sancionará los procederes o se congratulará con los resultados.

Durante los primeros meses de la actual administración pública federal se ha invertido una buena cantidad de tiempo y energías en discusiones, alegatos, cacerías de culpables y etiquetados que han desatado polarizados enfrentamientos. El tiempo avanza y no perdona. El sexenio concluirá tarde o temprano y de los protagonistas – sociedad y gobierno – dependerá que éste no sea recordado como el sexenio de las polémicas.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

El reloj marcaba la una y media de la mañana y, como nunca antes, la taza de café había tardado en llegar. En instantes la mesera me explicaba el motivo – “Es que pensamos que nadie vendría hoy”- me dijo visiblemente abrumada, quizá por mi evidente gesto de molestia. La suposición de aquella mujer era bien fundamentada pues el clima de esa madrugada de noviembre del 2005 no invitaba a deambular por los callejones de la Huasteca potosina.

Hacía mis “pininos” en la guardia policíaca de una conocida firma televisiva nacional y, después de cubrir tres o cuatro eventos, mi camarógrafo me sugirió dar por concluida la jornada, cosa que yo acepté de muy buen agrado. El hambre y el frío me hacían presa de sus incomodidades que, juntas, se vuelven un verdadero martirio para aquel individuo que las padece.

Minutos después llegó un grupo de jovencitas al discreto y pequeño restaurante. Por cuestiones de espacio se sentaron a una mesa de distancia de este servidor. Por el número, su ropa, actitud, edad y buen ánimo me hizo suponer que vendrían de una fiesta y decidieron hacer una parada en ese lugar por razones muy similares a las mías. Pidieron de inmediato algo para comer y beber. La mesera tomó nota y la llevó posteriormente a la cocina.

No pude evitar escuchar la conversación que casi se manifestaba a gritos pues todas querían hablar a la vez. Al igual que cada una de ellas deseaba ser escuchada por el resto del grupo, además de que, en la individualidad, exigían que las demás les asistieran con la razón y acuerdo en su postura. Como usted se imaginará, gentil amigo lector, eso último fue prácticamente imposible.

“Es lo que le pone la sal y la pimienta a la relación”, dijo la que se identificó como lideresa del grupo. Y prosiguió: “Aunque parezca que es pelear por pelear, no es así. En una relación una de las partes debe demostrar quién tiene el control.” Las demás chiquillas, que apenas rebasaban los 18 años, aplaudieron la postura de la amiga quien, por lo que terminó de decir en su minúsculo e improvisado mitin, se ufanaba de ser experta en las relaciones interpersonales de carácter amoroso.

Esta imagen a la distancia me hace reflexionar sobre la actitud de las adolescentes de esa época, generación que hoy conforma el grueso de la población de adultos jóvenes que marcaron el rumbo de nuestro país y que pareciera, también, haberse dividido en dos grandes grupos político – sociales: Los que continúan apoyando su postura en torno a la figura del actual Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y otro que critica severamente la manera y las estrategias del tabasqueño para ejercer el poder.

Sin duda alguna, AMLO obtuvo de los jóvenes una simpatía que otros presidentes o candidatos no tuvieron, incluyendo a Ricardo Anaya, su otrora rival que, por su edad, debió identificarse más con la “muchachada” y no fue así. Este sector ha manifestado en las redes su respaldo a los temas como la cancelación del NAIM, la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, la venta del avión presidencial, la construcción de la refinería en “Dos Bocas”, el programa de “Jóvenes construyendo el futuro” y el de “Sembrando Vida” del que platicaremos en entregas posteriores.

No obstante, en las últimas fechas, está apareciendo otro grupo de jóvenes que se están sumando a la masa crítica de la postura lopezobradorista y han empezado a lanzar observaciones al Ejecutivo de la Federación en el entorno multimediático del internet, que conoce y maneja a la perfección.

La pregunta que me asalta es ¿Cuál es el verdadero motivo que se esconde en este nuevo grupo?, ¿Son pagados o, por lo menos, promovidos por algún escaparate político? ¿Poseen un interés genuino de buscar lo mejor para México? O, simple y llanamente ¿Están tratando de poner “sal y pimienta” a la relación pueblo – gobierno con el afán de parecer expertos en el tema de la política?

Si bien es cierto que la pluralidad, la libertad de expresión y la tolerancia dan pie a la democracia y al análisis constructivo, también es verdad que el abuso de esos factores y su desmedida postura, ocasionan una lucha y un desgaste innecesarios en las partes protagonistas del conflicto. La dirección de las energías se encauza al convencimiento y no a la progresión, generando un círculo vicioso del que difícilmente se podrá salir bien librado.

Y no con esto quiero decir que se debe apoyar ciegamente a tal o cual funcionario por el simple hecho de ya encontrarse en el ejercicio del puesto que le fue otorgado por la confianza generada en la sociedad y, posteriormente, refrendada con el voto popular. Por el contrario, la exigencia debe ser mayor pero encauzada en las promesas, metas y proyectos ofrecidos durante las campañas para obtener el beneficio nacional que tanto deseamos. De lo contrario, se estarían generando polémicas simplemente porque sí.

Esa misma condición deberá ser permeada a los miembros del gabinete, asesores, jefes de área y directivos que colaboren en el proyecto de nación y, para tal efecto, deberán ser sometidos al constante escrutinio del pópulo quien será el juez inequívoco que sancionará los procederes o se congratulará con los resultados.

Durante los primeros meses de la actual administración pública federal se ha invertido una buena cantidad de tiempo y energías en discusiones, alegatos, cacerías de culpables y etiquetados que han desatado polarizados enfrentamientos. El tiempo avanza y no perdona. El sexenio concluirá tarde o temprano y de los protagonistas – sociedad y gobierno – dependerá que éste no sea recordado como el sexenio de las polémicas.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a:

licajimenezmcc@hotmail.com

Y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

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