/ domingo 7 de julio de 2019

Siete de julio, San Fermín

Pamplona es una ciudad que se ama a partir su explosivo nombre sonoro como el cohete que abre los San Fermines cada 7 de julio a las 12 del día, como las risas francas y alborotadas de sus habitantes.

Al grito unánime de ¡Viva San Fermín! el pueblo navarro estalla de alegría para celebrar eufórico la fiesta de su Santo Patrono. Durante 9 días Pamplona se transforma y vive por y para la fiesta.

A esta bellísima ciudad se le ama por muchas razones, la primordial mía es porque llevo sangre navarra, crisol de visigodos, musulmanes, germanos, vikingos y suecos y por supuesto influencia de Aragón y de Castilla y cuando veo ondear en lo alto del Ayuntamiento la hermosa bandera de Navarra, de color rojo intenso rodeada de sus doradas cadenas símbolo de unión y patriotismo, me llena de emoción.

Amor a Pamplona

A Pamplona se le ama con gozo desde que nos acercamos a ella y vemos su silueta emergiendo tras la muralla. Pasear plácidamente por sus parques y jardines o callejear por su casco antiguo entre iglesias y murallas medievales es una experiencia religiosa.

En muchas ocasiones he estado en la capital de Navarra; en esta magnífica ciudad viven algunos de mis queridos y cercanos parientes. He estado en los encierros y he temblado de terror al ver pasar por la calle Estafeta los toros bravos, que del corral al coso taurino corren en estampida y después me he ido a almorzar Chuletones a la Navarra en los restaurantes del casco viejo.

Me he puesto el pañuelo rojo al cuello para bailar jotas en la Plaza del Castillo y he derramado lágrimas de tristeza el último día de fiestas al cantar el “Pobre de mí, se han acabado las fiestas de San Fermín”.

Ciudad capital que Ernest Hemingway adoró e inspiró la novela Fiesta (en inglés The Sun Also Rises) considerada su primera gran obra. Al preguntarle al escritor norteamericano porqué se inspiró en esta ciudad española, solía contestar: “Porque la gente de Pamplona es orgullosamente valiente, consciente de su belleza e infinitamente sensual. Porque a cualquier hora del día sus calles están pletóricas de gente. Mujeres de bellos ojos y andares ligeros, hombres gallardos plenos de vida que aman con pasión su tierra y sus costumbres”.

Y yo añadiría: “Porque sus delicados vinos rosados son de gran calidad y los tintos son fuertes y aromáticos, porque en los restaurantes los meseros sirven con patriótico orgullo su mundialmente famosa gastronomía, porque es un pueblo que convive con alegría y respeto su algarabía y porque sigue conservando sus tradiciones milenarias haciéndolos más fuertes y sobre todo más unidos. Hoy domingo 7 de julio empezó la fiesta, ¡Viva San Fermín! ¡Viva Navarra!

Me he puesto el pañuelo rojo al cuello para bailar jotas en la Plaza del Castillo y he derramado lágrimas de tristeza el último día de fiestas

Pamplona es una ciudad que se ama a partir su explosivo nombre sonoro como el cohete que abre los San Fermines cada 7 de julio a las 12 del día, como las risas francas y alborotadas de sus habitantes.

Al grito unánime de ¡Viva San Fermín! el pueblo navarro estalla de alegría para celebrar eufórico la fiesta de su Santo Patrono. Durante 9 días Pamplona se transforma y vive por y para la fiesta.

A esta bellísima ciudad se le ama por muchas razones, la primordial mía es porque llevo sangre navarra, crisol de visigodos, musulmanes, germanos, vikingos y suecos y por supuesto influencia de Aragón y de Castilla y cuando veo ondear en lo alto del Ayuntamiento la hermosa bandera de Navarra, de color rojo intenso rodeada de sus doradas cadenas símbolo de unión y patriotismo, me llena de emoción.

Amor a Pamplona

A Pamplona se le ama con gozo desde que nos acercamos a ella y vemos su silueta emergiendo tras la muralla. Pasear plácidamente por sus parques y jardines o callejear por su casco antiguo entre iglesias y murallas medievales es una experiencia religiosa.

En muchas ocasiones he estado en la capital de Navarra; en esta magnífica ciudad viven algunos de mis queridos y cercanos parientes. He estado en los encierros y he temblado de terror al ver pasar por la calle Estafeta los toros bravos, que del corral al coso taurino corren en estampida y después me he ido a almorzar Chuletones a la Navarra en los restaurantes del casco viejo.

Me he puesto el pañuelo rojo al cuello para bailar jotas en la Plaza del Castillo y he derramado lágrimas de tristeza el último día de fiestas al cantar el “Pobre de mí, se han acabado las fiestas de San Fermín”.

Ciudad capital que Ernest Hemingway adoró e inspiró la novela Fiesta (en inglés The Sun Also Rises) considerada su primera gran obra. Al preguntarle al escritor norteamericano porqué se inspiró en esta ciudad española, solía contestar: “Porque la gente de Pamplona es orgullosamente valiente, consciente de su belleza e infinitamente sensual. Porque a cualquier hora del día sus calles están pletóricas de gente. Mujeres de bellos ojos y andares ligeros, hombres gallardos plenos de vida que aman con pasión su tierra y sus costumbres”.

Y yo añadiría: “Porque sus delicados vinos rosados son de gran calidad y los tintos son fuertes y aromáticos, porque en los restaurantes los meseros sirven con patriótico orgullo su mundialmente famosa gastronomía, porque es un pueblo que convive con alegría y respeto su algarabía y porque sigue conservando sus tradiciones milenarias haciéndolos más fuertes y sobre todo más unidos. Hoy domingo 7 de julio empezó la fiesta, ¡Viva San Fermín! ¡Viva Navarra!

Me he puesto el pañuelo rojo al cuello para bailar jotas en la Plaza del Castillo y he derramado lágrimas de tristeza el último día de fiestas

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