/ lunes 15 de julio de 2019

Tampoco hay que abusar

Como usted lo sabe, gentil amigo lector, pues este servidor se lo ha expresado en diferentes y repetidas ocasiones, de las cosas que más me satisfacen es caminar por el primer cuadro de la ciudad.

Cosas tan sencillas como ver las ardillas brincando de rama en rama o el golpeteo de las alas de las palomas cuando se levantan en parvada con un rumbo desconocido son, para este que escribe, espectáculos impresionantes que se repiten sin cesar casi todo el día, durante toda la semana.

Aunado a ello, el ser humano ha puesto su “granito de arena” colaborando en este paisaje multicolor con la presencia de globeros ofreciendo su producto, payasos que con sus inocentadas le sacan la sonrisa a la señorita que pasa con rumbo a su trabajo, como la carcajada sonora al viejo que pensó que no volvería a reír en su vida.

Los gobiernos han hecho lo propio al impulsar espectáculos cada fin de semana en el paseo peatonal con artistas de la localidad que nada tienen que envidiarles en talento a aquellos de renombre y fama mundial. Lo mismo se puede bailar una cumbia, un huapango o un danzón con la banda de música dirigida por el maestro Paco Jiménez.

Los monumentos a los personajes originarios de nuestra ciudad y puerto que han hecho historia están siempre prestos a tomarse la foto con el paseante. Antes, Pepito “El Terrestre” gozaba el privilegio de ser el único, hoy le hace la competencia el “galán de galanes”, “el zorro plateado”, Mauricio Garcés. Debemos mencionar a Humphrey Bogart quien, aunque no es originario de aquí, impulsó la imagen del centro al filmar en la Plaza de la Libertad y antigua bajada del mercado, las míticas escenas de la cinta “El tesoro de la Sierra Madre”.

También podemos disfrutar a los artistas independientes que a bordo de calle o a mitad del paseo tratan de deleitarnos con su música a fin de obtener unas monedas para llevar a su casa pues es sustento de su familia, sin embargo, en este punto particular considero que ya es necesario que la autoridad ponga orden para que las ejecuciones de instrumentos, recitales, bailables y más sean agradables para el viandante.

Le pido que no me malentienda, sigo y seguiré defendiendo a la marimba que tiene un lugar bien ganado allí y me molesté cuando intentaron removerlos. También continúo en mi postura de dejar en sus esquinas y a sus sendas horas a los violinistas y saxofonistas que, a media tarde, llenan de música nuestro primer cuadro.

Lo que estoy diciendo en esta columna es que “no hay que abusar”.

Mire usted, el sábado realicé mi caminata por el centro y llegué hasta la zona peatonal, arteria que, por cierto, ha entrado en el gusto del tampiqueño pues, a pesar de poder tomar vías alternas para llegar a su destino, el marchante prefiere desviarse por ese espacio para ver escaparates de grandes almacenes o sentarse en algunas de las bancas apostadas allí.

Como le decía, este sábado alrededor de las cinco de la tarde, me topé en la misma cuadra a una pareja de músicos -violinista y baterista- que interpretaban el éxito de rock mexicano “La célula que explota” de Caifanes; metros más adelante estaba la marimba y a escasa distancia de allí una pareja de bailarines de música folclórica que trataban de sacar adelante su ejecución con el apoyo de una bocina imperceptible.

Cabe hacer mención que, de uno de los locales salía una serie interminable de temas de algo que intenta ser música y no diré el género para no ofender a sus seguidores; basta y sobra decir que las letras de esas “interpretaciones” son misóginas, enfermizas, humillantes y alguien atinadamente los calificó como “pornografía auditiva”.

¿Se imagina la mezcla desagradable de melodías y géneros?

¡Lo que había allí era ruido! ¡Un ruido tan espantoso que ahuyentaba a todos los que estábamos en esa banqueta!

En el caso de los artistas que allí se apostan, aplaudo su entrega, dedicación, impulso a las artes y la buena intención de llevar cultura a la gente que paseamos en ese lugar.

Por favor ¡Organícense! Y cada uno podrá demostrar lo mejor de sí mismo.

En el rubro de la autoridad municipal en turno, hay que desarrollar programas y estrategias para cederle espacio con orden al talento local en ese primer cuadro de la ciudad para que sea deleite de lugareños y turistas. A fin de cuentas, también pueden ser un atractivo aprovechable para nuestra región.

Por último, en el tema de los diversos establecimientos que sacan bocinas enormes en sus entradas apuntando a la banqueta para “llamar la atención”, les sugiero, si tienen ganas de que su tienda tenga “buen ambiente” y “ánimo” coloquen el aparato dirigido al interior del local, no creo que toleren el mismo volumen que usan cuando se las apuntan a la ciudadanía.

Aplaudo la música, abrazo al arte, admiro a sus representantes, respeto a la autoridad que lo difunde pero, por favor, no hay que abusar.

¡Hasta la próxima!

Escríbame y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

licajimenezmcc@hotmail.com

Como usted lo sabe, gentil amigo lector, pues este servidor se lo ha expresado en diferentes y repetidas ocasiones, de las cosas que más me satisfacen es caminar por el primer cuadro de la ciudad.

Cosas tan sencillas como ver las ardillas brincando de rama en rama o el golpeteo de las alas de las palomas cuando se levantan en parvada con un rumbo desconocido son, para este que escribe, espectáculos impresionantes que se repiten sin cesar casi todo el día, durante toda la semana.

Aunado a ello, el ser humano ha puesto su “granito de arena” colaborando en este paisaje multicolor con la presencia de globeros ofreciendo su producto, payasos que con sus inocentadas le sacan la sonrisa a la señorita que pasa con rumbo a su trabajo, como la carcajada sonora al viejo que pensó que no volvería a reír en su vida.

Los gobiernos han hecho lo propio al impulsar espectáculos cada fin de semana en el paseo peatonal con artistas de la localidad que nada tienen que envidiarles en talento a aquellos de renombre y fama mundial. Lo mismo se puede bailar una cumbia, un huapango o un danzón con la banda de música dirigida por el maestro Paco Jiménez.

Los monumentos a los personajes originarios de nuestra ciudad y puerto que han hecho historia están siempre prestos a tomarse la foto con el paseante. Antes, Pepito “El Terrestre” gozaba el privilegio de ser el único, hoy le hace la competencia el “galán de galanes”, “el zorro plateado”, Mauricio Garcés. Debemos mencionar a Humphrey Bogart quien, aunque no es originario de aquí, impulsó la imagen del centro al filmar en la Plaza de la Libertad y antigua bajada del mercado, las míticas escenas de la cinta “El tesoro de la Sierra Madre”.

También podemos disfrutar a los artistas independientes que a bordo de calle o a mitad del paseo tratan de deleitarnos con su música a fin de obtener unas monedas para llevar a su casa pues es sustento de su familia, sin embargo, en este punto particular considero que ya es necesario que la autoridad ponga orden para que las ejecuciones de instrumentos, recitales, bailables y más sean agradables para el viandante.

Le pido que no me malentienda, sigo y seguiré defendiendo a la marimba que tiene un lugar bien ganado allí y me molesté cuando intentaron removerlos. También continúo en mi postura de dejar en sus esquinas y a sus sendas horas a los violinistas y saxofonistas que, a media tarde, llenan de música nuestro primer cuadro.

Lo que estoy diciendo en esta columna es que “no hay que abusar”.

Mire usted, el sábado realicé mi caminata por el centro y llegué hasta la zona peatonal, arteria que, por cierto, ha entrado en el gusto del tampiqueño pues, a pesar de poder tomar vías alternas para llegar a su destino, el marchante prefiere desviarse por ese espacio para ver escaparates de grandes almacenes o sentarse en algunas de las bancas apostadas allí.

Como le decía, este sábado alrededor de las cinco de la tarde, me topé en la misma cuadra a una pareja de músicos -violinista y baterista- que interpretaban el éxito de rock mexicano “La célula que explota” de Caifanes; metros más adelante estaba la marimba y a escasa distancia de allí una pareja de bailarines de música folclórica que trataban de sacar adelante su ejecución con el apoyo de una bocina imperceptible.

Cabe hacer mención que, de uno de los locales salía una serie interminable de temas de algo que intenta ser música y no diré el género para no ofender a sus seguidores; basta y sobra decir que las letras de esas “interpretaciones” son misóginas, enfermizas, humillantes y alguien atinadamente los calificó como “pornografía auditiva”.

¿Se imagina la mezcla desagradable de melodías y géneros?

¡Lo que había allí era ruido! ¡Un ruido tan espantoso que ahuyentaba a todos los que estábamos en esa banqueta!

En el caso de los artistas que allí se apostan, aplaudo su entrega, dedicación, impulso a las artes y la buena intención de llevar cultura a la gente que paseamos en ese lugar.

Por favor ¡Organícense! Y cada uno podrá demostrar lo mejor de sí mismo.

En el rubro de la autoridad municipal en turno, hay que desarrollar programas y estrategias para cederle espacio con orden al talento local en ese primer cuadro de la ciudad para que sea deleite de lugareños y turistas. A fin de cuentas, también pueden ser un atractivo aprovechable para nuestra región.

Por último, en el tema de los diversos establecimientos que sacan bocinas enormes en sus entradas apuntando a la banqueta para “llamar la atención”, les sugiero, si tienen ganas de que su tienda tenga “buen ambiente” y “ánimo” coloquen el aparato dirigido al interior del local, no creo que toleren el mismo volumen que usan cuando se las apuntan a la ciudadanía.

Aplaudo la música, abrazo al arte, admiro a sus representantes, respeto a la autoridad que lo difunde pero, por favor, no hay que abusar.

¡Hasta la próxima!

Escríbame y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

licajimenezmcc@hotmail.com

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