/ martes 5 de noviembre de 2019

Tanto si crees que no puedes, como si crees que sí puedes, tienes razón

Era la media alta de los años 70's, era mi costumbre salir todos los días a trotar en alguno de los muchos espacios de la UAT, en los que se puede ejercitar sin ser un estorbo para nadie, aquella era la mañana de un hermoso domingo, cuando paso frente al gimnasio, veo que dos amigos míos bajan de un vehículo varios tubos de PVC, ellos son Epifanio Pérez “Pifas” y Andrés Martínez “El Negro”, lo que aquellos hacían era armar unas porterías portátiles. Vente Nava, ahorita llegan los demás, vamos a echarnos una cascarita

En quince minutos había gente suficiente para un partido. A partir de aquella mañana, todos los domingos, desde las ocho, hasta que el cuerpo se cansara, como si fuera una obligación, las reuniones aquellas fueron el común de nuestros domingos. Lo curioso es que el 80 % de aquellas personas eran médicos y que las edades fluctuaban entre los 25 y los 55 años, que al verlos actuar, parecían más bien un grupo de rapazuelos de 8 a doce años, pues ahí se jugaba, no se competía.

Tenemos la costumbre de excluir a los médicos de cualquier responsabilidad deportiva, en casos muy aislados, encontramos a uno en un equipo, raramente a dos y muy difícilmente a un equipo completo. Cuando nos llega la edad de atender a las responsabilidades, el tiempo se convierte en un tirano que reclama atención total. Es entonces que el hombre comienza a preocuparse al ver cómo crece su estómago, la neurosis no encuentra más alivio que la comodidad de un sillón, un paquete de papas fritas, reduciendo nuestra actividad deportiva al sabio manejo del control de la tele, y a la habilidosa flexión y extensión de la articulación de nuestros brazos, cada vez que llevamos a nuestra boca el elixir divino de los dioses.

El paso más valiente de estas personas fue renunciar al sedentarismo para dedicarse a ejercitar su organismo. Así que este grupo optó por invadir los terrenos de la UAT, para establecer ahí un campamento de verano, de primavera, de otoño y de invierno. Inteligentísima idea que muy pocos acogen pensando en lo doloroso que es entrenar el movimiento. El movimiento es vida; la ausencia de movimiento representa a la muerte. Visto así, el movimiento es lo mas importante de la vida y, si el movimiento es lo más importante, más importante es que nos movamos bien.

Durante los 70 años que he dedicado al menos 30 minutos para trotar, si lo hago en una pista olímpica, cuando cumplo el primer ciclo, me pregunto qué demonios estoy haciendo ahí y, recuerdo el sillón aquel, las papas fritas y lo demás, pregunta que me sigue mortificando en el segundo ciclo, pero al tercer ciclo lo cumplo ya sin quel molesto pensamiento que por ahí se quedó tirado cuando la endorfina que mi organismo produjo después del tercer minuto de movimiento continuo. Sí, mejorar el movimiento duele.

¿Pero quién más inteligente que la naturaleza? Que sabiendo lo doloroso que es aprender el movimiento, inventó los juegos lúdicos, que serían la primaria, para que los deportes sean la secundaria y así hasta terminar la carrera deportiva. La endorfina hace las veces del doping, creo que no es necesario ejercitarse de la forma que acostumbré yo, eso se debe seguro a que soy adicto a la endorfina y, como solo nuestro organismo nos la proporciona y, eso solo es posible si me muevo, fue por eso que al llegar a cierta edad, es bueno volver a los juegos de la infancia, que suelen disfrazar la fatiga, permitiendo que la parte dolorosa del movimiento se convierta en placer.

Tiempo después de aquellas reuniones dominicales, la UAT inició la construcción de lo que ahora es el Centro de Ecxelencia, lo que nos hizo ir en busca de otro espacio, encontrándolo en los terrenos del Hospital Regional de Pemex, Ahí, el inolvidable Dr. Ricardo Escandón Ruiz, organizó un campeonato para los médicos de aquel nosocomio. Aquello tuvo tal éxito, que los médicos gustosos de lo competitivo, decidieron formar un equipo para inscribirlo en una de las Ligas municipales. El iniciador del movimiento aquel fue el Dr. Sergio Flores, quien con el asesoramiento del Dr. Escandón, se dispuso a iniciar la obra. Se me invitó a dirigir al equipo y, con el auxilio del Dr. Roberto Castillo, formamos una selección con los jugadores participantes de aquel torneo. Igual que un equipo profesional, el Dr. Castillo, al que una lesión grave de último momento, le impidió ser el portero del equipo, fue en cambio el preparador físiso y, formó un archivo en el que encontrábamos todo lo concerniente a las condiciones físicas de cada jugador. Sobre la premisa de que en ningún oficio, la disciplina es más importante que en la Medicina, iniciamos los entrenamientos a las 20:00 horas, en un campito alumbrado atras del parque de beisbol Heriberto Kehoe... Resultado, ¡Campeones invictos! en la Liga Petrolera... 33 médicos que hicieron historia con un equipo suigeneris.

Hasta pronto amigo.

Era la media alta de los años 70's, era mi costumbre salir todos los días a trotar en alguno de los muchos espacios de la UAT, en los que se puede ejercitar sin ser un estorbo para nadie, aquella era la mañana de un hermoso domingo, cuando paso frente al gimnasio, veo que dos amigos míos bajan de un vehículo varios tubos de PVC, ellos son Epifanio Pérez “Pifas” y Andrés Martínez “El Negro”, lo que aquellos hacían era armar unas porterías portátiles. Vente Nava, ahorita llegan los demás, vamos a echarnos una cascarita

En quince minutos había gente suficiente para un partido. A partir de aquella mañana, todos los domingos, desde las ocho, hasta que el cuerpo se cansara, como si fuera una obligación, las reuniones aquellas fueron el común de nuestros domingos. Lo curioso es que el 80 % de aquellas personas eran médicos y que las edades fluctuaban entre los 25 y los 55 años, que al verlos actuar, parecían más bien un grupo de rapazuelos de 8 a doce años, pues ahí se jugaba, no se competía.

Tenemos la costumbre de excluir a los médicos de cualquier responsabilidad deportiva, en casos muy aislados, encontramos a uno en un equipo, raramente a dos y muy difícilmente a un equipo completo. Cuando nos llega la edad de atender a las responsabilidades, el tiempo se convierte en un tirano que reclama atención total. Es entonces que el hombre comienza a preocuparse al ver cómo crece su estómago, la neurosis no encuentra más alivio que la comodidad de un sillón, un paquete de papas fritas, reduciendo nuestra actividad deportiva al sabio manejo del control de la tele, y a la habilidosa flexión y extensión de la articulación de nuestros brazos, cada vez que llevamos a nuestra boca el elixir divino de los dioses.

El paso más valiente de estas personas fue renunciar al sedentarismo para dedicarse a ejercitar su organismo. Así que este grupo optó por invadir los terrenos de la UAT, para establecer ahí un campamento de verano, de primavera, de otoño y de invierno. Inteligentísima idea que muy pocos acogen pensando en lo doloroso que es entrenar el movimiento. El movimiento es vida; la ausencia de movimiento representa a la muerte. Visto así, el movimiento es lo mas importante de la vida y, si el movimiento es lo más importante, más importante es que nos movamos bien.

Durante los 70 años que he dedicado al menos 30 minutos para trotar, si lo hago en una pista olímpica, cuando cumplo el primer ciclo, me pregunto qué demonios estoy haciendo ahí y, recuerdo el sillón aquel, las papas fritas y lo demás, pregunta que me sigue mortificando en el segundo ciclo, pero al tercer ciclo lo cumplo ya sin quel molesto pensamiento que por ahí se quedó tirado cuando la endorfina que mi organismo produjo después del tercer minuto de movimiento continuo. Sí, mejorar el movimiento duele.

¿Pero quién más inteligente que la naturaleza? Que sabiendo lo doloroso que es aprender el movimiento, inventó los juegos lúdicos, que serían la primaria, para que los deportes sean la secundaria y así hasta terminar la carrera deportiva. La endorfina hace las veces del doping, creo que no es necesario ejercitarse de la forma que acostumbré yo, eso se debe seguro a que soy adicto a la endorfina y, como solo nuestro organismo nos la proporciona y, eso solo es posible si me muevo, fue por eso que al llegar a cierta edad, es bueno volver a los juegos de la infancia, que suelen disfrazar la fatiga, permitiendo que la parte dolorosa del movimiento se convierta en placer.

Tiempo después de aquellas reuniones dominicales, la UAT inició la construcción de lo que ahora es el Centro de Ecxelencia, lo que nos hizo ir en busca de otro espacio, encontrándolo en los terrenos del Hospital Regional de Pemex, Ahí, el inolvidable Dr. Ricardo Escandón Ruiz, organizó un campeonato para los médicos de aquel nosocomio. Aquello tuvo tal éxito, que los médicos gustosos de lo competitivo, decidieron formar un equipo para inscribirlo en una de las Ligas municipales. El iniciador del movimiento aquel fue el Dr. Sergio Flores, quien con el asesoramiento del Dr. Escandón, se dispuso a iniciar la obra. Se me invitó a dirigir al equipo y, con el auxilio del Dr. Roberto Castillo, formamos una selección con los jugadores participantes de aquel torneo. Igual que un equipo profesional, el Dr. Castillo, al que una lesión grave de último momento, le impidió ser el portero del equipo, fue en cambio el preparador físiso y, formó un archivo en el que encontrábamos todo lo concerniente a las condiciones físicas de cada jugador. Sobre la premisa de que en ningún oficio, la disciplina es más importante que en la Medicina, iniciamos los entrenamientos a las 20:00 horas, en un campito alumbrado atras del parque de beisbol Heriberto Kehoe... Resultado, ¡Campeones invictos! en la Liga Petrolera... 33 médicos que hicieron historia con un equipo suigeneris.

Hasta pronto amigo.