/ domingo 19 de agosto de 2018

Viajar en Tren

Quién quiere viajar a gran velocidad con el estómago contraído cada vez que en una cerrada curva se aparece un raudo vehículo invadiendo el carril contrario, o que las cegadoras luces de un irresponsable camionero te aviente de bruces a la cuneta. Y qué decir de los sucios y pavorosos baños de las gasolineras.

Hace años en nuestro país teníamos otra opción, viajar en tren. Este maravilloso medio de comunicación era una delicia, y un relax, un placentero arrullo sentados en un asiento reclinable, sobre una cama o en litera. Había carros comedor, cafetería y fumador. Pero, casi todo lo bueno, lo disfrutable, lo gozoso, ha desaparecido de nuestra aporreada nación. Incluido el ferrocarril.

Yo solía a menudo viajar de México a Veracruz en el “Jarocho” y en el “Regiomontano”, México - Monterrey. ¡Una delicia!

Por obvios intereses nos quitaron este excelente servicio que nos favorecía a tanta gente por ser mucho más barato que los autobuses, y además un medio de carga seguro y económico. Al desaparecerlo aumentaron los accidentes en carretera por el pésimo estado de los caminos y de las unidades.

Camiones, pipas y tráileres conducidos por choferes inexpertos o agotados de conducir hasta doce y veinte horas, manteniéndose medianamente despiertos con drogas, o un idiota usando el celular.

Las estaciones, los andenes y trenes tienen sabor a novela, un no sé qué de melancólico y nostálgico. Una espera en vano, un viaje sin retorno, tristes despedidas, citas clandestinas y encuentros misteriosos.

El silbato del tren a lo lejos y el afilado chillar de ruedas contra riel al frenar llegando a su destino, es característico. Sonora señal que avisa cuando va arribando a la estación es inconfundible. Los vendedores ambulantes que ofrecían su mercancía por la ventana eran parte del encanto.

En la literatura y en el cine con frecuencia hay un tren o un andén en el argumento. Ana Karennina se arroja a las vías del ferrocarril, agobiada por una sociedad hipócrita y moralista que la juzga sin piedad. Agatha Christie en su misteriosa novela El tren de las 4:15, así como la entretenidísima El Gran robo del Tren. Son a bordo del tren las mejores peleas de James Bond cuerpo a cuerpo. El ferrocarril es el personaje principal de la Revolución.

Serrat le compuso una de sus más bellas canciones a Penélope, que se quedó en la estación sentada en su banca pino verde esperando a su amor, al que no reconoció cuando regresó años más tarde a buscarla. Hasta el tren de Magozal se ha perdido… y cómo bailoteamos en nuestra juventud al compás de la pegajosa canción El Chacachá del tren.

Pero tristemente a los mexicanos ¡NOS LLEVÓ EL TREN! Cuando nos lo quitaron. Pero hay esperanza, ya que el presidente electo Andrés Manuel López Obrador prometió una ampliación del Tren Maya que recorrerá cinco estados, de Tabasco a Quintana Roo utilizando los fondos de los impuestos para el turismo para su construcción y que tendrá participación pública y privada.

Ya veremos, dijo un ciego….y nunca vio.

Quién quiere viajar a gran velocidad con el estómago contraído cada vez que en una cerrada curva se aparece un raudo vehículo invadiendo el carril contrario, o que las cegadoras luces de un irresponsable camionero te aviente de bruces a la cuneta. Y qué decir de los sucios y pavorosos baños de las gasolineras.

Hace años en nuestro país teníamos otra opción, viajar en tren. Este maravilloso medio de comunicación era una delicia, y un relax, un placentero arrullo sentados en un asiento reclinable, sobre una cama o en litera. Había carros comedor, cafetería y fumador. Pero, casi todo lo bueno, lo disfrutable, lo gozoso, ha desaparecido de nuestra aporreada nación. Incluido el ferrocarril.

Yo solía a menudo viajar de México a Veracruz en el “Jarocho” y en el “Regiomontano”, México - Monterrey. ¡Una delicia!

Por obvios intereses nos quitaron este excelente servicio que nos favorecía a tanta gente por ser mucho más barato que los autobuses, y además un medio de carga seguro y económico. Al desaparecerlo aumentaron los accidentes en carretera por el pésimo estado de los caminos y de las unidades.

Camiones, pipas y tráileres conducidos por choferes inexpertos o agotados de conducir hasta doce y veinte horas, manteniéndose medianamente despiertos con drogas, o un idiota usando el celular.

Las estaciones, los andenes y trenes tienen sabor a novela, un no sé qué de melancólico y nostálgico. Una espera en vano, un viaje sin retorno, tristes despedidas, citas clandestinas y encuentros misteriosos.

El silbato del tren a lo lejos y el afilado chillar de ruedas contra riel al frenar llegando a su destino, es característico. Sonora señal que avisa cuando va arribando a la estación es inconfundible. Los vendedores ambulantes que ofrecían su mercancía por la ventana eran parte del encanto.

En la literatura y en el cine con frecuencia hay un tren o un andén en el argumento. Ana Karennina se arroja a las vías del ferrocarril, agobiada por una sociedad hipócrita y moralista que la juzga sin piedad. Agatha Christie en su misteriosa novela El tren de las 4:15, así como la entretenidísima El Gran robo del Tren. Son a bordo del tren las mejores peleas de James Bond cuerpo a cuerpo. El ferrocarril es el personaje principal de la Revolución.

Serrat le compuso una de sus más bellas canciones a Penélope, que se quedó en la estación sentada en su banca pino verde esperando a su amor, al que no reconoció cuando regresó años más tarde a buscarla. Hasta el tren de Magozal se ha perdido… y cómo bailoteamos en nuestra juventud al compás de la pegajosa canción El Chacachá del tren.

Pero tristemente a los mexicanos ¡NOS LLEVÓ EL TREN! Cuando nos lo quitaron. Pero hay esperanza, ya que el presidente electo Andrés Manuel López Obrador prometió una ampliación del Tren Maya que recorrerá cinco estados, de Tabasco a Quintana Roo utilizando los fondos de los impuestos para el turismo para su construcción y que tendrá participación pública y privada.

Ya veremos, dijo un ciego….y nunca vio.

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