/ domingo 24 de marzo de 2019

Ya estamos en primavera

Suelo levantarme temprano a preparar café. El primer elixir de cafeína es fundamental para echar a andar la mente y el esqueleto. El domingo pasado lo hice, e igual que siempre, salí a la terraza a saborearlo. No pongo música, me gusta el sonido del silencio.

Me encontraba ensimismada saboreando mi café pensando en nada, cuando de pronto me di cuenta de que mi bello y frondoso árbol plantado en el jardín se movía enérgicamente. ¿Qué pasa? ¿Será nuevamente el hambriento halcón de la Plaza de la Libertad que viene al norte de la ciudad en busca de cuervos y palomas?¿Será una pelea de loros que reclaman territorio? Temerosa me acerqué creyendo algún animal atacaba a otro. Las ramas eran sacudidas con violencia y el aleteo y el coro de piadores iba en aumento. No tardé en darme cuenta de que varias parejas de pájaros se apareaban entusiasmados y alharaquientos. Mi árbol era un rincón para el amor, y caí en cuanta de que era veintiuno de marzo. ¡Ya estamos en primavera!

A partir de ese día nos van a dar mala noche los animales del barrio. La gata enamorada perseguirá al huidizo gato. Los perros aullaran a la luna, los tlacuaches se esconderán en los basureros con todo y pareja. Todos los animales de este hermoso planeta estarán dando tributo a la vida con su acoplamiento. Todas las estaciones del año son hermosas, pero la primavera trae cambios sustanciales entre los seres vivos. Los olores de los campos se intensifican. Los árboles son más frondosos, sus follajes más húmedos, los pinos más altos, los colores de las flores se vigorizan. Todo tiene más fuerza y hermosura.

Con tambores, cuencos y sonajas, vestidos de blanco y de cara al sol, los mexicanos llevan a cabo la ancestral ceremonia del equinoccio de primavera en nuestras bellas zonas arqueológicas. Este evento astronómico pasa dos veces al año, primavera y otoño. Los únicos días del año en que la noche y el día tienen la misma duración. Muchas culturas celebran el equinoccio de primavera como el inicio de la temporada de crecimiento y plenitud.

Yo estoy contenta porque en unos días mi árbol estará lleno de nidos.

¡BENDITA PRIMAVERA!

Suelo levantarme temprano a preparar café. El primer elixir de cafeína es fundamental para echar a andar la mente y el esqueleto. El domingo pasado lo hice, e igual que siempre, salí a la terraza a saborearlo. No pongo música, me gusta el sonido del silencio.

Me encontraba ensimismada saboreando mi café pensando en nada, cuando de pronto me di cuenta de que mi bello y frondoso árbol plantado en el jardín se movía enérgicamente. ¿Qué pasa? ¿Será nuevamente el hambriento halcón de la Plaza de la Libertad que viene al norte de la ciudad en busca de cuervos y palomas?¿Será una pelea de loros que reclaman territorio? Temerosa me acerqué creyendo algún animal atacaba a otro. Las ramas eran sacudidas con violencia y el aleteo y el coro de piadores iba en aumento. No tardé en darme cuenta de que varias parejas de pájaros se apareaban entusiasmados y alharaquientos. Mi árbol era un rincón para el amor, y caí en cuanta de que era veintiuno de marzo. ¡Ya estamos en primavera!

A partir de ese día nos van a dar mala noche los animales del barrio. La gata enamorada perseguirá al huidizo gato. Los perros aullaran a la luna, los tlacuaches se esconderán en los basureros con todo y pareja. Todos los animales de este hermoso planeta estarán dando tributo a la vida con su acoplamiento. Todas las estaciones del año son hermosas, pero la primavera trae cambios sustanciales entre los seres vivos. Los olores de los campos se intensifican. Los árboles son más frondosos, sus follajes más húmedos, los pinos más altos, los colores de las flores se vigorizan. Todo tiene más fuerza y hermosura.

Con tambores, cuencos y sonajas, vestidos de blanco y de cara al sol, los mexicanos llevan a cabo la ancestral ceremonia del equinoccio de primavera en nuestras bellas zonas arqueológicas. Este evento astronómico pasa dos veces al año, primavera y otoño. Los únicos días del año en que la noche y el día tienen la misma duración. Muchas culturas celebran el equinoccio de primavera como el inicio de la temporada de crecimiento y plenitud.

Yo estoy contenta porque en unos días mi árbol estará lleno de nidos.

¡BENDITA PRIMAVERA!

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