/ viernes 23 de octubre de 2020

#Entrevista | No me agradan los finales felices: Mauricio Neblina

Autor de La Marca del Mexicano, novela policíaca publicada por Ediciones Periféricas

PRIMERA PARTE

Mauricio Neblina es un joven escritor, egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación y se especializa en guion cinematográfico.

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Su primera novela, negra, por cierto, La Marca del Mexicano, es una historia que habla de la pudrición del sistema político y de seguridad en un país que puede ser fácilmente identificado.

Hace unas semanas la presentó en el Encuentro de Novela Negra Huellas y en la Feria Internacional del Libro, en el Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México.

¿Quién es Mauricio Neblina?

Soy muchos y nadie a la vez. Los más incrédulos dirán que soy un falso. Y no quiero decir que tenga varias personalidades. Pero creo que todos ocupamos diversas máscaras. Somos los traviesos y valemadristas con los amigos; los tiernos, fuertes y responsables con los padres; los serios y sabiondos en el trabajo, los héroes y los coquetos con la persona que nos gusta y así en cada situación o contexto de la vida nos vamos comportando de distintas maneras acordes a las necesidades del momento. Nadie se puede definir como uno solo, no somos robots. Soy un abanico de falsedades y certidumbres. Me gustaba la idea que cuando escribía lo hacía un alter ego mío, pero ahora me gusta más pensar en que cuando escribo y hablo de ello sale mi yo más auténtico, la identidad más próxima a mi esencia, soy más libre, más yo, pero todo bajo el resguardo de la ficción, es decir, puedo mentir más libremente sobre mí o sobre mis letras. Soy un mentiroso, un mitómano, pero ¿quién no? ¿Quién está seguro de que su pasado es tan certero a como lo cuenta?

¿Cómo surge tu interés en escribir novelas negras?

A partir de notar que en la novela negra hay una gran posibilidad de señalar la idiosincrasia más oscura de una sociedad, la corrupción, la política rapaz, el sistema inservible en el que vivimos, el lado oscuro del humano. Alguna vez leí un texto de Vicente Leñero hablando sobre novela negra en donde decía más o menos esto y me causó un gran interés. Por otro lado, no me agradan los finales felices, me aburren, prefiero el nihilismo, el pesimismo, la tragedia, aunque no descarto escribir algún día un final feliz para consuelo de mi propia alma. Además, me agrada la violencia, hay un ser violento dentro de mí, como en todos, que busca salir a través de la ficción y no en la realidad. De todo ello me di cuenta al estar en la universidad, un joven descubriendo nuevas visiones e ideas diferentes, politizado y con ganas de cambiar al mundo. Esas ganas han ido a menos a partir de los fracasos, decepciones y pérdidas en la vida misma. Pero al mismo tiempo se han iluminado más, las he comprendido mejor, solo que prefiero sentarme a observar callado buscando mi propia vida en una sociedad que te obliga a ser así; sin embargo, si puedo hacer algo, lo hago desde mi propia trinchera.

¿Qué autor o autores te han influenciado?

Me gusta mencionar a Guillermo Fadanelli y a Leonardo Da Jandra como mis padres literarios, porque además de leerlos con ganas, he podido compartir un trago o una comida con ellos, y me han abierto los brazos aunque sea para saludarme o para decirme alguna frase que difícilmente olvidaré en mi vida. Guillermo alguna vez me dijo que el principal objetivo de escribir era escribir, no publicar. Leonardo, en otra ocasión, al despedirme de él, me estrechó la mano, me abrazó, me dio un par de palmadas en la nuca y le dijo a mi novia de ese entonces que me cuidara mucho, como si fuera un padre. Parecerían cosas banales, pero el significado de esos actos para mí es muy valioso. En la parte más concreta, sobre autores de novela negra, sin duda me han influenciado Hilario Peña, César Silva Márquez, Bernardo Esquinca, Iván Farías, Daniel Salinas Basave, Bef, pero también Bukowski, Michel Houellebecq, en fin, es probable que cada autor que se lee deje algo en uno.

¿Sirve de algo denunciar, a través de la literatura, la violencia que se vive en el país?

¡Caray! Fríamente te puedo decir que no sirve de nada, porque quién carajo lee en este país y se detiene a reflexionar, cuando las redes sociales son tan suculentas y el entretenimiento sin sustancia en diversas plataformas nos seduce con la premisa de que es mejor consumir como autómata a pensar como humano. De consuelo nos sirve a quienes escribimos sobre ello decir que ayuda en algo señalar la violencia del país a través de la literatura, aunque sea para generar un chispazo en la mente de alguien y que eso pueda cambiar alguna actitud. Pero eso no resuelve el problema de fondo porque son infinitas aristas las que nos tienen sumergidos en mierda y sangre. Si acaso el libro que denuncia la violencia genera una reflexión en un sicario, por poner un ejemplo, y este decide no matar más, ahí hay una victoria. Pero ¿cómo diablos el sicario va a preferir comprar un libro a un auto último modelo o el celular con el que puede presumir un estilo de vida si esa idea es para la que nos programa el sistema bombardeándonos de imágenes ostentosas en todos lados?, como en los videos de banda y reggaetón, y vaya que me gusta esa música.

Mauricio Niebla, joven escritor de novela negra | Cortesía | Michelle González

Eres un escritor joven, ¿tu fuerte será la novela policíaca o contemplas explorar otros géneros?

No recuerdo quién dice que un especialista debe ser muy malo en la cama. No estoy presumiendo nada, ja, ja, ja. Pero tampoco es la razón por la que me gusta explorar diversos temas, más allá de los géneros, esa clasificación que la definan las librerías o las editoriales. Para escribir tiene que surgirme una pulsión, una necesidad de decir algo, de sentarme a hacerlo. Y si esa pulsión corresponde a novela policiaca lo haré. He escrito cuentos gays, de lucha libre, de borracheras, de ciencia ficción, porque las historias que me surgen en la cabeza me lo han pedido. Creo en la figura del escritor todoterreno, pero más porque se me hace interesante la exploración que por un deber para lograr algún objetivo en particular, como el reconocimiento o la fama.

¿Qué opinas de los talleres literarios?

Alguna vez asistí al que impartía Gabriel Rodríguez Liceaga hace ya varios años en el Café La Habana de la Ciudad de México. Cuando cursé el Diplomado en Creación Literaria me tocó tomar talleres con Hernán Bravo Varela, Daniel Espartaco y Alejandro Zambra. Ninguno tiene el elixir mágico para que el alumno escriba una frase luminosa. Pero sin duda, si uno es atento, de todo taller se lleva, aunque sea un tip o un consejo que siempre le será útil a la hora de escribir.

¿Cuándo procreaste tu primera novela, La Marca del Mexicano?

Hace ya unos años, como cuatro, y han pasado muchas cosas desde entonces, hasta una pandemia mundial. En el último semestre de la universidad me surgió la idea, a causa de la ideología política más profunda que he tenido en mi vida. Estudié comunicación, y en la carrera, lógicamente, me encontré con maestros y amigos bastante politizados y me empecé a dar cuenta de la basura que es la clase política del país. Tal vez La Marca del Mexicano es mi enojo hacia esa instancia. Al terminar la carrera la comencé a escribir. Siempre me excuso diciendo que no la estuve trabajando a diario por cuatro años. En realidad, la primera parte la terminé como en cuatro o cinco meses y de ahí hubo períodos intermitentes en que escribía otra cosa y esta novela la dejaba descansar y la volvía a retomar por mi propia cuenta o en algún taller, lo mismo con la segunda parte. Dejar descansar un texto para retomarlo en otro momento de la vida es sano. Creo que el escritor vive de alguna manera en el pasado y ese mismo pasado lo va soltando y entendiendo en tanto está escribiendo algo, porque cuando lo termina está en otro momento de su vida y la historia no finalizaría de la misma manera a como hubiera sucedido en un tiempo anterior.

¿Tus personajes son de ficción o fueron de carne y hueso?

En toda ficción hay algo de realidad, en toda broma hay algo de verdad y en toda verdad hay algo de falsedad. Tal vez el comandante Héctor Valladares, el mismo detective Artur, el alcalde Rogelio Duffó y El Buki tienen algo de mí.

El pueblo donde se desarrolla La Marca del Mexicano está basado, sin ser una fotografía fiel, en el pueblo donde nació mi madre, el cual visité incontables veces cuando era niño. Los únicos personajes para los que tenía en mente a personas reales de aquel lugar son Mauricio y Juan Pablo, sus características físicas corresponden a las que tienen esos familiares lejanos.

Los personajes de La Marca del Mexicano tienen un tanto de realidad | Cortesía | Said Jechen y Nahyeli Gaytán 2

PRIMERA PARTE

Mauricio Neblina es un joven escritor, egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación y se especializa en guion cinematográfico.

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Su primera novela, negra, por cierto, La Marca del Mexicano, es una historia que habla de la pudrición del sistema político y de seguridad en un país que puede ser fácilmente identificado.

Hace unas semanas la presentó en el Encuentro de Novela Negra Huellas y en la Feria Internacional del Libro, en el Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México.

¿Quién es Mauricio Neblina?

Soy muchos y nadie a la vez. Los más incrédulos dirán que soy un falso. Y no quiero decir que tenga varias personalidades. Pero creo que todos ocupamos diversas máscaras. Somos los traviesos y valemadristas con los amigos; los tiernos, fuertes y responsables con los padres; los serios y sabiondos en el trabajo, los héroes y los coquetos con la persona que nos gusta y así en cada situación o contexto de la vida nos vamos comportando de distintas maneras acordes a las necesidades del momento. Nadie se puede definir como uno solo, no somos robots. Soy un abanico de falsedades y certidumbres. Me gustaba la idea que cuando escribía lo hacía un alter ego mío, pero ahora me gusta más pensar en que cuando escribo y hablo de ello sale mi yo más auténtico, la identidad más próxima a mi esencia, soy más libre, más yo, pero todo bajo el resguardo de la ficción, es decir, puedo mentir más libremente sobre mí o sobre mis letras. Soy un mentiroso, un mitómano, pero ¿quién no? ¿Quién está seguro de que su pasado es tan certero a como lo cuenta?

¿Cómo surge tu interés en escribir novelas negras?

A partir de notar que en la novela negra hay una gran posibilidad de señalar la idiosincrasia más oscura de una sociedad, la corrupción, la política rapaz, el sistema inservible en el que vivimos, el lado oscuro del humano. Alguna vez leí un texto de Vicente Leñero hablando sobre novela negra en donde decía más o menos esto y me causó un gran interés. Por otro lado, no me agradan los finales felices, me aburren, prefiero el nihilismo, el pesimismo, la tragedia, aunque no descarto escribir algún día un final feliz para consuelo de mi propia alma. Además, me agrada la violencia, hay un ser violento dentro de mí, como en todos, que busca salir a través de la ficción y no en la realidad. De todo ello me di cuenta al estar en la universidad, un joven descubriendo nuevas visiones e ideas diferentes, politizado y con ganas de cambiar al mundo. Esas ganas han ido a menos a partir de los fracasos, decepciones y pérdidas en la vida misma. Pero al mismo tiempo se han iluminado más, las he comprendido mejor, solo que prefiero sentarme a observar callado buscando mi propia vida en una sociedad que te obliga a ser así; sin embargo, si puedo hacer algo, lo hago desde mi propia trinchera.

¿Qué autor o autores te han influenciado?

Me gusta mencionar a Guillermo Fadanelli y a Leonardo Da Jandra como mis padres literarios, porque además de leerlos con ganas, he podido compartir un trago o una comida con ellos, y me han abierto los brazos aunque sea para saludarme o para decirme alguna frase que difícilmente olvidaré en mi vida. Guillermo alguna vez me dijo que el principal objetivo de escribir era escribir, no publicar. Leonardo, en otra ocasión, al despedirme de él, me estrechó la mano, me abrazó, me dio un par de palmadas en la nuca y le dijo a mi novia de ese entonces que me cuidara mucho, como si fuera un padre. Parecerían cosas banales, pero el significado de esos actos para mí es muy valioso. En la parte más concreta, sobre autores de novela negra, sin duda me han influenciado Hilario Peña, César Silva Márquez, Bernardo Esquinca, Iván Farías, Daniel Salinas Basave, Bef, pero también Bukowski, Michel Houellebecq, en fin, es probable que cada autor que se lee deje algo en uno.

¿Sirve de algo denunciar, a través de la literatura, la violencia que se vive en el país?

¡Caray! Fríamente te puedo decir que no sirve de nada, porque quién carajo lee en este país y se detiene a reflexionar, cuando las redes sociales son tan suculentas y el entretenimiento sin sustancia en diversas plataformas nos seduce con la premisa de que es mejor consumir como autómata a pensar como humano. De consuelo nos sirve a quienes escribimos sobre ello decir que ayuda en algo señalar la violencia del país a través de la literatura, aunque sea para generar un chispazo en la mente de alguien y que eso pueda cambiar alguna actitud. Pero eso no resuelve el problema de fondo porque son infinitas aristas las que nos tienen sumergidos en mierda y sangre. Si acaso el libro que denuncia la violencia genera una reflexión en un sicario, por poner un ejemplo, y este decide no matar más, ahí hay una victoria. Pero ¿cómo diablos el sicario va a preferir comprar un libro a un auto último modelo o el celular con el que puede presumir un estilo de vida si esa idea es para la que nos programa el sistema bombardeándonos de imágenes ostentosas en todos lados?, como en los videos de banda y reggaetón, y vaya que me gusta esa música.

Mauricio Niebla, joven escritor de novela negra | Cortesía | Michelle González

Eres un escritor joven, ¿tu fuerte será la novela policíaca o contemplas explorar otros géneros?

No recuerdo quién dice que un especialista debe ser muy malo en la cama. No estoy presumiendo nada, ja, ja, ja. Pero tampoco es la razón por la que me gusta explorar diversos temas, más allá de los géneros, esa clasificación que la definan las librerías o las editoriales. Para escribir tiene que surgirme una pulsión, una necesidad de decir algo, de sentarme a hacerlo. Y si esa pulsión corresponde a novela policiaca lo haré. He escrito cuentos gays, de lucha libre, de borracheras, de ciencia ficción, porque las historias que me surgen en la cabeza me lo han pedido. Creo en la figura del escritor todoterreno, pero más porque se me hace interesante la exploración que por un deber para lograr algún objetivo en particular, como el reconocimiento o la fama.

¿Qué opinas de los talleres literarios?

Alguna vez asistí al que impartía Gabriel Rodríguez Liceaga hace ya varios años en el Café La Habana de la Ciudad de México. Cuando cursé el Diplomado en Creación Literaria me tocó tomar talleres con Hernán Bravo Varela, Daniel Espartaco y Alejandro Zambra. Ninguno tiene el elixir mágico para que el alumno escriba una frase luminosa. Pero sin duda, si uno es atento, de todo taller se lleva, aunque sea un tip o un consejo que siempre le será útil a la hora de escribir.

¿Cuándo procreaste tu primera novela, La Marca del Mexicano?

Hace ya unos años, como cuatro, y han pasado muchas cosas desde entonces, hasta una pandemia mundial. En el último semestre de la universidad me surgió la idea, a causa de la ideología política más profunda que he tenido en mi vida. Estudié comunicación, y en la carrera, lógicamente, me encontré con maestros y amigos bastante politizados y me empecé a dar cuenta de la basura que es la clase política del país. Tal vez La Marca del Mexicano es mi enojo hacia esa instancia. Al terminar la carrera la comencé a escribir. Siempre me excuso diciendo que no la estuve trabajando a diario por cuatro años. En realidad, la primera parte la terminé como en cuatro o cinco meses y de ahí hubo períodos intermitentes en que escribía otra cosa y esta novela la dejaba descansar y la volvía a retomar por mi propia cuenta o en algún taller, lo mismo con la segunda parte. Dejar descansar un texto para retomarlo en otro momento de la vida es sano. Creo que el escritor vive de alguna manera en el pasado y ese mismo pasado lo va soltando y entendiendo en tanto está escribiendo algo, porque cuando lo termina está en otro momento de su vida y la historia no finalizaría de la misma manera a como hubiera sucedido en un tiempo anterior.

¿Tus personajes son de ficción o fueron de carne y hueso?

En toda ficción hay algo de realidad, en toda broma hay algo de verdad y en toda verdad hay algo de falsedad. Tal vez el comandante Héctor Valladares, el mismo detective Artur, el alcalde Rogelio Duffó y El Buki tienen algo de mí.

El pueblo donde se desarrolla La Marca del Mexicano está basado, sin ser una fotografía fiel, en el pueblo donde nació mi madre, el cual visité incontables veces cuando era niño. Los únicos personajes para los que tenía en mente a personas reales de aquel lugar son Mauricio y Juan Pablo, sus características físicas corresponden a las que tienen esos familiares lejanos.

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