/ sábado 31 de octubre de 2020

Pensando en Voz Alta | Entrevista a Pablo Martínez, escritor argentino

Investigar todos los resquicios de los asuntos primordiales de su narrativa, es un ejercicio cotidiano para el escritor argentino

Segunda parte

Considera que lo más complicado de la literatura, es escribir una historia que se sostenga con una estructura balanceada y un drama correctamente resuelto.

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Es lector de Alberto Chimal, Antonio Malpica y de Bernardo Esquinca, tres mexicanos que como él, cultivan el terror en las páginas de sus obras.


-¿Los escritores de ciencia ficción, leen poesía?

Supongo que sí. Dedicarse a asustar o tramar ficciones anticipatorias no nos convierte en pérfidos vampiros chinos o dispositivos de aséptica inteligencia artificial. Por el contrario. El propósito de la poesía es amonedar belleza. Y salvo algún obtuso, que seguro lo habrá, creo que en general sabemos apreciar la belleza no importa el ropaje en la que se la presente.

-¿Hay un ritual, una costumbre que sigas antes de ponerte a escribir?

Investigo, investigo, investigo. Me represento los personajes con un minucioso grado de detalle. Aunque después en el relato a lo mejor aparezca un único aspecto. Y ya puesto en faena, puedo escribir en la mesa de un bar, en la cocina de mi casa o encerrado en una mazmorra. Sin rituales ni manierismos. Logro un grado de abstracción tal que se puede caer el mundo y ni me entero. Pero si estoy en mi escritorio, me gusta escuchar música, muchas veces vinculada con el tema que estoy escribiendo. Y quemar unos dados gordos de patchouli o incienso de Esmirna.

-¿Qué es más complicado, escribir cuentos o novelas?

A mi modo de ver, lo complicado es escribir una historia que se sostenga. Que tenga una estructura narrativa balanceada. Y una progresión dramática bien resuelta. Después ya es cuestión del vehículo que uno elija. Y cada vehículo exige pericias diferentes. Escribir un cuento se asemeja a disponer de una única flecha: hay que seleccionar muy bien el blanco. Se debe ser conciso y preciso. Efectivo con muy poco recurso. A diferencia de la novela, el cuento es la ventana por la que elegimos adentrarnos a un edificio. Ese edificio no está en la narración, pero debe presentirse como el mar antes de llegar a la playa. La novela, en cambio, reclama incluir a todo el rascacielos. Y a veces, hasta sus zonas aledañas.

Una de sus obras "Forjador de penumbras | Cortesía Pablo Martínez

-¿Cuál es tu película favorita?

¿Una? Ahora te digo “Alien, el octavo pasajero” pero antes de llegar a la siguiente pregunta quizás me decante por “El resplandor” de Kubrick (o ¿por qué no “2001 Odisea en el espacio”?) y mientras me esté despidiendo no descartes que me corrija: “Apocalipsis now”. Y ni te digo si suelto a la Legión que me habita: seguro que los energúmenos se ponen a gritar “El exorcista” o “The wall”.

-¿Tienes alguna fobia?

No que yo sepa. Igual después de las terapias de electroshock estoy mucho mejor.

-¿Cómo combinas tu carrera de abogado con tu oficio de escritor?

Se roban horas mutuamente. Últimamente el escritor viene desplazando al abogado.

-¿Qué prefieres, libros en físico o archivos como PDF?

Decir que siento amor por los libros es quedarse corto. Soy un fetichista del libro. Una vez mi hija dijo que vivimos en una casa con libros. Y por supuesto que tiene razón. Yo veo el video de Umberto Eco guiando a una recorrida por los laberintos de su biblioteca personal y se me acelera el pulso. No desmerezco a quien pueda leer desde su e-reader y comprendo que en esta pandemia infame ha sido un atajo eficaz. Pero a mí déjenme con los libros en papel.

-¿Cuántos libros tienes en tu biblioteca?

Muchos. Hace unos 15 años me compré un software para administrar este caos primordial. Pero en cuanto me descuido, las columnas de libros vuelven a florecer con un precario equilibrio. Y no hay mejor estación del año que la primavera, ¿verdad?

-¿Lees a escritores mexicanos y quiénes son?

Por estas pampas australes a veces se hace difícil acceder a literatura de otras latitudes. Hace poco descubrí a Alberto Chimal y me he hecho su fan absoluto. También suelo recomendar con mucho énfasis a Bernardo Esquinca. Su new weird fiction me resulta muy afín. Son dos autores de los que me siento extrañamente amigo. Ah, y por ahí tengo “Siete esqueletos decapitados” de Antonio Malpica que me pareció muy meritorio. Debería ponerme a revolver en los estantes porque seguro que me olvido de muchos.

-¿Cuál es tu palabra favorita?

Agustina Bazterrica, que entiendo ya pasó por estas páginas, orienta junto con Pamela Terlizzi Prina el ciclo de arte “Siga el conejo blanco”. Hace varios años me invitaron a leer y como parte de la liturgia del ciclo me preguntaron qué palabra me hubiera gustado inventar. Y les dije que PERPLEJIDAD.

Porque es muy melodiosa, te hace jugar con toda la boca. Tiene la “r” fuerte de “per”. Te obliga a chasquear la lengua con el “ple”, pegar la sin hueso en el paladar para el “ji” y darle una pasadita a los dientes y abrir bien grande la boca para rematar con el “dad” Per-ple-ji-dad. Y ni me meto con el significado que remite a la vacilación, duda o desconcierto frente algo. En suma, el asombro del Universo, mirar todo con ojos de niño, que es lo que uno trata de mantener. Y no sólo a la hora de escribir.

Semblanza:

Pablo Martínez Burkett (Santa Fe, Argentina, 1965) Escritor por vocación y abogado de profesión. Desde 1990 vive en Buenos Aires. Profesor de posgrado enseña Derecho en universidades locales y de Hispanoamérica. Cultiva el fantástico rioplatense con predominio del terror y la ciencia ficción oscura. Tiene más de una docena de premios en concursos. Ha sido publicado en las principales revistas que cultivan el género a ambas márgenes del Atlántico. Escribió para programas de radio, ha participado en numerosas antologías y ha sido traducido al inglés, francés, italiano, portugués y rumano. Ofició de jurado en unos cuantos concursos. Le apasiona traducir y lo hizo con regularidad para Axxón. Suele dar seminarios y talleres literarios. Sus libros de relatos son: Forjador de penumbras, que mereció el 1er.

Premio Mundos en Tinieblas (Galmort, 2011 y Eriginal Books, 2014), Los ojos de la divinidad, que mereció el Fondo Metropolitano de la Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Muerde Muertos, 2013), Mondo Cane (Muerde Muertos, 2016) y Luz azuL (Otero Ediciones, 2020). El año próximo saldrá su libro Mutatis Mutandi.

El escritor presenta a sus personajes con un minucioso grado de detalle | Cortesía Pablo Martínez

Segunda parte

Considera que lo más complicado de la literatura, es escribir una historia que se sostenga con una estructura balanceada y un drama correctamente resuelto.

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Es lector de Alberto Chimal, Antonio Malpica y de Bernardo Esquinca, tres mexicanos que como él, cultivan el terror en las páginas de sus obras.


-¿Los escritores de ciencia ficción, leen poesía?

Supongo que sí. Dedicarse a asustar o tramar ficciones anticipatorias no nos convierte en pérfidos vampiros chinos o dispositivos de aséptica inteligencia artificial. Por el contrario. El propósito de la poesía es amonedar belleza. Y salvo algún obtuso, que seguro lo habrá, creo que en general sabemos apreciar la belleza no importa el ropaje en la que se la presente.

-¿Hay un ritual, una costumbre que sigas antes de ponerte a escribir?

Investigo, investigo, investigo. Me represento los personajes con un minucioso grado de detalle. Aunque después en el relato a lo mejor aparezca un único aspecto. Y ya puesto en faena, puedo escribir en la mesa de un bar, en la cocina de mi casa o encerrado en una mazmorra. Sin rituales ni manierismos. Logro un grado de abstracción tal que se puede caer el mundo y ni me entero. Pero si estoy en mi escritorio, me gusta escuchar música, muchas veces vinculada con el tema que estoy escribiendo. Y quemar unos dados gordos de patchouli o incienso de Esmirna.

-¿Qué es más complicado, escribir cuentos o novelas?

A mi modo de ver, lo complicado es escribir una historia que se sostenga. Que tenga una estructura narrativa balanceada. Y una progresión dramática bien resuelta. Después ya es cuestión del vehículo que uno elija. Y cada vehículo exige pericias diferentes. Escribir un cuento se asemeja a disponer de una única flecha: hay que seleccionar muy bien el blanco. Se debe ser conciso y preciso. Efectivo con muy poco recurso. A diferencia de la novela, el cuento es la ventana por la que elegimos adentrarnos a un edificio. Ese edificio no está en la narración, pero debe presentirse como el mar antes de llegar a la playa. La novela, en cambio, reclama incluir a todo el rascacielos. Y a veces, hasta sus zonas aledañas.

Una de sus obras "Forjador de penumbras | Cortesía Pablo Martínez

-¿Cuál es tu película favorita?

¿Una? Ahora te digo “Alien, el octavo pasajero” pero antes de llegar a la siguiente pregunta quizás me decante por “El resplandor” de Kubrick (o ¿por qué no “2001 Odisea en el espacio”?) y mientras me esté despidiendo no descartes que me corrija: “Apocalipsis now”. Y ni te digo si suelto a la Legión que me habita: seguro que los energúmenos se ponen a gritar “El exorcista” o “The wall”.

-¿Tienes alguna fobia?

No que yo sepa. Igual después de las terapias de electroshock estoy mucho mejor.

-¿Cómo combinas tu carrera de abogado con tu oficio de escritor?

Se roban horas mutuamente. Últimamente el escritor viene desplazando al abogado.

-¿Qué prefieres, libros en físico o archivos como PDF?

Decir que siento amor por los libros es quedarse corto. Soy un fetichista del libro. Una vez mi hija dijo que vivimos en una casa con libros. Y por supuesto que tiene razón. Yo veo el video de Umberto Eco guiando a una recorrida por los laberintos de su biblioteca personal y se me acelera el pulso. No desmerezco a quien pueda leer desde su e-reader y comprendo que en esta pandemia infame ha sido un atajo eficaz. Pero a mí déjenme con los libros en papel.

-¿Cuántos libros tienes en tu biblioteca?

Muchos. Hace unos 15 años me compré un software para administrar este caos primordial. Pero en cuanto me descuido, las columnas de libros vuelven a florecer con un precario equilibrio. Y no hay mejor estación del año que la primavera, ¿verdad?

-¿Lees a escritores mexicanos y quiénes son?

Por estas pampas australes a veces se hace difícil acceder a literatura de otras latitudes. Hace poco descubrí a Alberto Chimal y me he hecho su fan absoluto. También suelo recomendar con mucho énfasis a Bernardo Esquinca. Su new weird fiction me resulta muy afín. Son dos autores de los que me siento extrañamente amigo. Ah, y por ahí tengo “Siete esqueletos decapitados” de Antonio Malpica que me pareció muy meritorio. Debería ponerme a revolver en los estantes porque seguro que me olvido de muchos.

-¿Cuál es tu palabra favorita?

Agustina Bazterrica, que entiendo ya pasó por estas páginas, orienta junto con Pamela Terlizzi Prina el ciclo de arte “Siga el conejo blanco”. Hace varios años me invitaron a leer y como parte de la liturgia del ciclo me preguntaron qué palabra me hubiera gustado inventar. Y les dije que PERPLEJIDAD.

Porque es muy melodiosa, te hace jugar con toda la boca. Tiene la “r” fuerte de “per”. Te obliga a chasquear la lengua con el “ple”, pegar la sin hueso en el paladar para el “ji” y darle una pasadita a los dientes y abrir bien grande la boca para rematar con el “dad” Per-ple-ji-dad. Y ni me meto con el significado que remite a la vacilación, duda o desconcierto frente algo. En suma, el asombro del Universo, mirar todo con ojos de niño, que es lo que uno trata de mantener. Y no sólo a la hora de escribir.

Semblanza:

Pablo Martínez Burkett (Santa Fe, Argentina, 1965) Escritor por vocación y abogado de profesión. Desde 1990 vive en Buenos Aires. Profesor de posgrado enseña Derecho en universidades locales y de Hispanoamérica. Cultiva el fantástico rioplatense con predominio del terror y la ciencia ficción oscura. Tiene más de una docena de premios en concursos. Ha sido publicado en las principales revistas que cultivan el género a ambas márgenes del Atlántico. Escribió para programas de radio, ha participado en numerosas antologías y ha sido traducido al inglés, francés, italiano, portugués y rumano. Ofició de jurado en unos cuantos concursos. Le apasiona traducir y lo hizo con regularidad para Axxón. Suele dar seminarios y talleres literarios. Sus libros de relatos son: Forjador de penumbras, que mereció el 1er.

Premio Mundos en Tinieblas (Galmort, 2011 y Eriginal Books, 2014), Los ojos de la divinidad, que mereció el Fondo Metropolitano de la Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Muerde Muertos, 2013), Mondo Cane (Muerde Muertos, 2016) y Luz azuL (Otero Ediciones, 2020). El año próximo saldrá su libro Mutatis Mutandi.

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