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Arte y política

  • Daniel Chavarría García

Hoy la fama se deriva de lo que parece ser un espectáculo de circo.

Nada es heroico, bueno, noble y generoso si no está bajo los reflectores que desvanecen la patina gris que cubre la existencia.

Actualmente es posible adquirir notoriedad haciendo el equivalente a nada.

Casi cualquier acto insignificante y pueril, puede ser merecedor de atención global.

No se equivocó el escritor, Herman Hesse, cuando predijo que “la mediocridad iba a ser la llave del poder y la inutilidad una virtud cotizada” (Juego de Abalorios).

En muchos casos, parece no haber alternativa que armonice este desencuentro.

Los signos de alejamiento desarticulan a la sociedad y las manifestaciones lacerantes de retroceso son visibles.

La pregunta es de qué manera frenar este proceso antinatural.

Ante la falta de vitalidad social, la esperanza para pueblos como el nuestro es un renacimiento humanístico y el cultivo del arte. Esto nos puede salvar. El Arte.