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Chayotitlán está de luto

  • Agustín Jiménez

Tenía aproximadamente cinco o seis años cuando llegó a mis manos un pequeño librecillo de ilustraciones con las hojas secas y amarillentas como alas de mariposa muerta.

En él estaban dibujados una serie de personajes que hasta el día de hoy recuerdo con cariño y, aunque en un primer momento no comprendía lo que allí decían, me causaron tal simpatía que me volví aficionado a ellos y a sus entrañables aventuras.

Fueron varios los ejemplares que descubrí en la comodidad de mi hogar con el nombre de “Serie de los Agachados de Rius” y, en ellos, se narraba la vida de los habitantes de un pequeño pueblo nombrado “Chayotitlán de los hervores”, el cual podía ubicarse en cualquier parte de nuestro México y en el que coincidían las representaciones típicas de las diversas clases sociales y políticas de una nación como la nuestra.

La mayoría de las situaciones ocurrían en torno a la figura de un aprendiz de albañil de nombre Reuter Nopaltzin y fiel Boturini, un can mestizo que lo acompañaba por las calles de ese municipio. En ocasiones aparecía el ya famoso Calzonzin, quien tuvo su aparición en la serie “Los Supermachos”.

Estos dos “monos”, los llamo así con base estricta al estilo de caricatura que profesaba su autor, fueron inspiración del genial Alberto del Río. Dibujante que satirizó la política de nuestro país y que, a pesar de la censura, siempre supo salir avante gracias a su muy particular estilo de narrar las cosas, sucesos, cultura y demás eventos que construían al México de los cincuentas, sesentas y hasta iniciado el siglo XXI.

Realizó fuertes críticas a muchas entidades, circunstancias y personajes de nuestro país. Señaló los errores del sistema educativo nacional, observó con dureza al cacicazgo sindical, condenó a los espectáculos que obstaculizaban el aprendizaje del pueblo, no se contuvo cuando reprochó las acciones de un presidencialismo neoliberal y, todo ello, con el humor de los actores que él mismo diseñaba.

En su haber se encuentran varios galardones, entre los que se destacan el trofeo de la UNICEF, el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Caricatura, Premio La Catrina del Encuentro Internacional de Caricatura y, quizá el más importante de todos, fue merecedor del primer premio “Gabriel Vargas”, otro monero de renombre gracias a su inolvidable “Familia Burrón”.

Desde muy joven Alberto del Río denotó su tendencia a la crítica social, después de que fuera excomulgado del Seminario Conciliar debido a su obra titulada “Manual del Perfecto Ateo”, trabajo con el que vio frustrado su deseo de convertirse en sacerdote.

Después de tener un éxito probado con las series que ya le comenté, amigo lector, Rius abordó temas de otros países con piezas en las que describía eventos históricos, relaciones internacionales y otras cuestiones de índoles similares. Menciono, como ejemplo, aquel libro “Cuba para Principiantes”, en el que de manera humorística se toca la construcción del comunismo en la isla.

Curiosamente, Alberto del Río obtiene un reconocimiento valioso en el Viejo Continente con el texto “Marx para Principiantes” en el que dibuja la vida y obra de este pensador que revolucionó las estructuras sociales de convivencia humana.

De igual manera, el autor habla con picardía, inteligencia y humor temas álgidos como las majaderías, el homosexualismo, la discriminación que siguen levantando ámpula entre la población. Vale la pena recalcar que muchos de los conceptos y posturas mostrados en estos trabajos se volvieron anacrónicos pues, a pesar de estar sustentados en el siglo pasado, mantienen el mismo espíritu con el que fueron ideados, coincidiendo con la realidad actual.

Sin duda, Chayotitlán y San Garabato están de luto por la muerte de su creador, pero su obra continuará como parte del espectro cultural colectivo del México contemporáneo.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a licajimenezmcc@hotmail.com y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!