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Como en una Buena Mano

  • Agustín Jiménez

CUALQUIERA que se haya puesto a jugar conoce el orden en el que van sucediendo las cosas. En primer término es necesario “completar el cuarto”, lo cual hace referencia a que “todos los implicados” deben asumir su rol y conocer su turno para poder disfrutar de este encuentro, que lo mismo puede disputarse en solitario o por parejas, esto último siempre es conveniente pues se sabe que con un cómplice las cosas saldrán mejor.

Después, un afortunado por los azares del destino, prepara “la sopa” ante la mirada de todos. Las fichas con las que “se trabajarán” están con el rostro escondido para que sea “la casualidad” quien determiné en qué manos caerán los elementos que se pondrán a funcionar en una maquinaria que, conforme se desarrolle la partida, se volverá más y más compleja.

Una vez que cada uno tiene en su mano los elementos con los que argumentará su camino para llegar al triunfo, se hace un compás de espera y silencio, en el que la astucia y la estrategia de cada quien determinarán su rotundo éxito o, por el contrario, una lamentable derrota.

Es la presencia de un factor primigenio la que hace que detone la partida y, por ende, se determinen los turnos en los que cada uno participará. “Caja de refrescos”, “la salpicada”, “la de seises”, son algunos de los nombres con los que se conoce y de inmediato debe soltarse para que no quede en manos de su poseedor, pues tanta responsabilidad y poderío, a lo largo del juego puede resultar peligroso.
En ocasiones, dicha potestad ciega a su dueño y termina, según se quiera ver, por perderlo o hacerlo perder. Nuevamente el argot de arrabal se pone de manifiesto con un verbo que lo encierra todo: “Ahorcar”; ello implica que ya no hay oportunidad de “pasar en falso”, escapar, de esconderse, deshacerse del delito, encubrir la falta o conseguir el perdón por el pecado capital de la avaricia.

Es en ese momento cuando el juego termina en la más penosa de las circunstancias, pues denotó la falta de criterio, experiencia o habilidad de uno de sus jugadores y deberá hacerse responsable por movimientos inoportunos, quizá indebidos o, incluso, punibles.

En algunas ocasiones imaginarias, en países “fantásticos”, constituidos por entidades federativas “ficticias”, existen figuras políticas irreales que caen en cuestiones similares y terminan expuestos a los ojos de aquellos que los llevaron a ocupar lugares privilegiados en el ejercicio del poder; curioso, ¿no cree?

También resulta que aquellos que jugaron “de pareja” terminan evidenciando a aquel que le antecedió o sucedió en “el turno” explicando con lujo de detalles la estratagema para manipular las fichas, identificar “las mulas” y los medios para tratar de acapararlas en la sopa. Obviando aquella sagrada regla que dicta que “con cuatro se repite y con cinco se gana”. En otras palabras, que no todo el poder puede estar cargado al mismo lado.

Y así como se escapó de la memoria que hay que deshacerse de la “de seises” más temprano que tarde, también se olvidó que esta pieza puede terminar en manos del individuo al que se le estuvo “bloqueando” el juego de manera inmisericorde en la ronda anterior. Grave error que se vuelve evidente cuando el turno de tirar le llega a este personaje, pues en su movimiento habrá de constar todo el rencor guardado por las maldades de las que fue víctima con anterioridad reciente y podrá cobrar “venganza”, si así lo decide.

Contrario a lo que usted pueda suponer, el que escribe no se refiere a un personaje en particular, sin embargo, debo reconocer que los campos de la generalidad son amplios, inmensos y abiertos que pueden involucrar a miles, cientos, decenas o, por lo menos, dos claras particularidades.

Lo cierto es que el juego no concluye hasta que un juez cuente los puntos acumulados y dicte, según la sumatoria, quién es el ganador definitivo.

Es miércoles, querido amigo lector, y agradezco los comentarios que me hicieron llegar en torno a la última entrega. Ofrezco una disculpa por la manera en que contesté, pero debido a la premura por identificar a “Don Toño” y estar al tiempo atendiendo a otras personas, traté de proporcionarles la respuesta lo más rápido posible, olvidando cualquier cordialidad, hecho que resulta imperdonable. ¡Mil gracias por su preferencia y sigo a las órdenes de usted, querido amigo lector!
¡Hasta la próxima!

Escríbame a licajimenezmcc@hotmail.com y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!