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Cuando los hijos regresan

  • Juan José González Mejía

Una película mexicana en cartelera en diciembre, cuando los blockbusters de Hollywood dinamitan la taquilla pareciera una acción mercadotécnica desmedida. Pero este es, sin duda alguna, el mejor indicativo que nuestro cine goza de buena salud y, por ende, tiene la suficiente osadía de hacerle frente al más pintado.

En 2017 se sostuvo el ritmo del “milagro” del cine mexicano, al implantar por tercer año consecutivo una marca histórica: 176 filmes producidos. De acuerdo, si atendemos a lo que dice la realidad, que el público mexicano está consumiendo en las salas cada vez menos cine mexicano la cosa estaría de alarma. Sin embargo, hay una oferta atendida para el cine hecho en nuestro país, aunque sea el que se perfila como comedia romántica o ligera. Es el caso de Cuando los hijos regresan/2017, ópera prima de Hugo Lara.

La película cuenta con las actuaciones de Fernando Luján y la primera chica Almodóvar, Carmen Maura, quienes forman un matrimonio en el otoño de sus vidas: en la etapa de jubilación, los hijos ya grandes (dos casados y otro en ciernes de volar del hogar) y un futuro con miras al ocio en la extensión de la palabras sólo que, oh, sorpresa, los vástagos regresan a casa con problemas, deudas, hijos y un japonés enorme.

Hugo Lara me comentó que hizo la película pensando en un homenaje al clásico de Bustillo Oro Cuando los hijos se van/ 1941 y en dirigir su mirada a ese público que aún suspira por un cine familiar con las revisiones de la modernidad.

Y es que Cuando los hijos regresan es un deleite estupendo. Filme palomero y sin más pretensiones que el de hacer pasar un rato agradable (y con un plus valioso: incluye a dos actrices solventes: Irene Azuela y la tampiqueña Cecilia Suárez), la historia está centrada en tópicos de relaciones humanas contradictorias y sentimentales donde la unión de la familia no depende solamente de cánones tradicionales. De allí que Takumi, el inquilino oriental, sea quien le abra los ojos a la familia es un acierto de la globalización anti Sara García y demás damas del drama de antaño.

El repaso por la galería musical (los hermanos Carrión), televisiva (Los Beverly de Peralvillo) y melodramas/ comedias de los sesentas donde el mismo Fernando Luján (sobrino en la vida real de Fernando Soler) era galán joven, hacen de Cuando los hijos regresan un repaso por la educación sentimental no sólo del director Lara, sino de buena parte de los espectadores que han asistido a las salas.