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El municipio libre

  • Rodolfo Salazar González

Constitucionalmente el Municipio Libre nace a la vida pública a partir del constituyente de 1917 reunido en Querétaro el cinco de febrero de tan secular año para la nación.
Gracias a este certero acontecimiento el Municipio Libre alcanzó nivel constitucional, convirtiéndose en la escuela de la democracia municipal; dejando de ser una referencia histórica y ser útil para la sociología política.

Sin embargo, el Municipio como institución es más antiguo; se instituyó desde la época de la colonia, a manera de obsequio de los reyes a sus cortesanos favoritos para que gobernaran a la nueva España.

Característica que ha prevalecido en su evolución social, toda proporción guardada, afortunadamente cada vez es menor.

En su obra “El Ayuntamiento y la Oligarquía” Reinhard Lierhr, nos dice que “el rey tenía por costumbre premiar a los cortesanos por sus servicios prestados, dándoles uno o varios cargos de regidores que vendían a los interesados en ultramar con la prosperidad de las ciudades mexicanas, la corona dirigía personalmente la venta de esos cargos”.
Con toda esta información sobre el origen del Municipio Libre podríamos llegar a una lamentable conclusión, lo que sería imperdonable.

México ha dado una cerrada batalla para oponerse a cualquier oligarquía que tienda a prohibir la implantación social de la democrática definición que la Constitución hace del Municipio Libre.

No obstante esto, la realidad política y económica de los municipios no coincide con lo escrito en la Constitución. Acercándose por esto a la tradición regalista, consecuencia de su dependencia financiera de los gobiernos estatales.

Además, casi todas las constituciones locales de los estados otorgan facultades a los gobernadores o a los congresos locales para desaparecer a los Ayuntamientos y sustituirlos por una administración civil -esta aberración- fortalece de hecho una constante que desequilibra a una sociedad que eligió por el sufragio constitucional a sus dirigentes municipales.

El no hacer uso del recurso de Amparo cuando se pretende desaparecer un Ayuntamiento, es otro de los elementos que configuran la debilidad cívica de los ediles municipales.
Son contados, históricamente hablando, los casos de los Ayuntamientos que han recurrido a la protección de la justicia federal para evitar los abusos del poder.
Y cuando lo hacen, han sido víctimas de sentencias con carácter errático, que dejan al municipio libre en el más brutal de los desamparos.

Por ejemplo, en 1980 el Ayuntamiento de Jalapa, Veracruz, interpuso el recurso de Amparo contra actos del gobernador y el Congreso local que pretendía desaparecerlo. Pero al día siguiente de su promoción, firmó un desistimiento que acabó con la expectativa de observar la legítima defensa del Municipio Libre, contra su tradicional enemigo: El Poder Central.

Cuando Fernando San Pedro fue alcalde por primera vez de Tampico, durante 1946-1948, sentó un precedente que no ha sido imitado en la historia de los Ayuntamientos Tamaulipecos, (quizá en el país), interpuso un Amparo contra los actos del gobernador Raúl Gárate, que pretendía desaparecer el Ayuntamiento que encabezaba, merced al valor cívico de tan distinguido tampiqueño, que además contaba con la protección del “amparo popular”; merced a esto la autoridad municipal tampiqueña permaneció incólume.

Mientras que los demás Ayuntamientos en el Estado ya habían “renunciado” o de plano fueron desaparecidos por el gobernador que llegó a Tamaulipas en aquel entonces, que no era de la línea del grupo de don Emilio Portes Gil, entre los que sobresalía Raúl Gárate.

Una característica importante de los ayuntamientos municipales es que el pueblo inmediatamente aprueba o rechaza la forma de gobernar de sus alcaldes. De esta forma hemos sido testigos de cómo algunos paisanos tampiqueños han sido alcaldes por segunda vez; el primero fue el inolvidable don Fernando San Pedro, después Fernando Azcárraga, quien dejó pasar diez años, demostrando madurez e inteligencia y participando en una segunda liza electoral para derrotar al histórico partido de la oposición nacional que está
representado en las siglas del PAN; y ahora Magdalena Peraza, que es por segunda vez alcaldesa de Tampico, la primera por el PAN, la segunda por el PRI, y todo indica según el temperamento proclive al poder de esta dama singular, que será candidata por tercera ocasión a ocupar la presidencia de Tampico, Tamaulipas. Su gobierno actual es idéntico a la primera vez que gobernó Tampico. Obras sólo en las escuelas primarias, las cuales adorna con techumbres y bailes en las plazas populares. Al parecer eso es lo que le gusta a los tampiqueños en opinión de esta política que entre sus habilidades histriónicas está la de encabezar los desfiles del carnaval disfrazada de arlequín de la corte.

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