imagotipo

El Tranvía

  • Juan Jesus Aguilar

Decíamos que en 1922, años fastos del petróleo, vino a Tampico baja del pasaje, de 48,393 en 1923 a 30,062 en 1924, y teníamos 25 coches de pasaje, 6 acoplados, 2 de carga y 5 de plataforma en 31 Km. de vías. La disminución de pasajeros obligó a la Compañía Eléctrica de Tampico cerrar su cobertura urbana el 31 de marzo de 1927, dejando solo la línea a la playa con sus 22 apeaderos.

Hacia enero de 1929 la Compañía Eléctrica de Tampico (CET), fue adquirida por la corporación norteamericana Electric Bond & Share Co. (EBASCO). Años después, la operadora de los tranvías se llamó Ferrocarril Eléctrico de Tampico a la Barra o Sociedad Cooperativa de Transportes Eléctricos de Tampico (TET), o Transportes Eléctricos Tampico–Miramar, S.C.L.  En los años 70 desapareció la Compañía. de Luz y Fuerza, dando paso a Comisión Federal de Electricidad, y entregó como indemnización a la Cooperativa operadora de tranviarios, todas las unidades, los talleres y depósitos de los vehículos en las calles Juárez (ex Muelle) y Tamaulipas.

Durante algunos años esta sociedad operó los tranvías viejos hasta obtener en Estados Unidos más modernos. El colapso del medio de transporte inició cuando los cooperativistas empezaron a envejecer y se vieron forzados a emplear personal joven, quienes formaron un sindicato exigiendo mayores prestaciones a la Sociedad de Tranviarios, y no pudiendo cumplir las demandas entregaron al sindicato las unidades, y este las remató cerrando uno de los medios de transporte más importantes y queridos por habitantes de esta región y visitantes.

La línea Playa Miramar fue abandonada el viernes 13 de diciembre de 1974, meses después se convirtió  el derecho de paso del tranvía en camino urbano para autos de pasaje y coches particulares, la actual Avenida Álvaro Obregón. Era camino desbrozado y la inversión fue el pavimento y los camellones que sobre el paso de las viejas vías adaptaron… Pero detrás de toda crónica de luces coloridas hay una crónica negra, fue secreto a voces que el gobernador, la cabeza porteña de la CTM, y el líder moral de los petroleros tenían planes para desaparecer los tranvías e implantar un servicio de transporte público de trolebuses, ellos serían los propietarios [con prestanombres] y hay rumores  del tristemente célebre abogado de Gloria Trevi, que vendió el movimiento al mejor postor. Fue largo y tortuoso litigio hasta ampararse los tranvías, y la consigna judicial se consumó a pesar de todo.

Más que perderse la fuente de trabajo y el patrimonio cooperativista en salario y sus acciones. Habría que sumar tranvías, rieles, postes, crucetas, tendido del trole y cable alimentador de corriente para tranvías, la subestación de energía frente al canal recibiendo agua tratada por la planta termoeléctrica Andonegui, hoy la tienda de consumo (Chedraui), que dicen se adjudicó la CFE el terreno de la parada de tranvía a la playa con su bodega, y se perdió todo el patrimonio, y el sindicato remató el todo como “fierro viejo”. Entre el líder del sindicato (Antonio Maldonado) y el de choferes (alias Kalimán), en contubernio con los tres alegres compadres (líder moral del sindicato petrolero, el de la CTM y el gobernador), se dio muerte y sepultura  a la lucha de los tranviarios de Tampico con todo y su dote…

Sin duda alguna los tranvías forman aún parte de los recuerdos más gratos de los tampiqueños y de sus visitantes. Todavía evocamos nostalgiosos ese medio de transporte que daba al puerto un encantador toque especial. Los tranvías fueron excelente medio de comunicación para llegar a sus casas y trabajos, y además un atractivo paseo familiar. Era todo un placer tomar el tranvía en la Plaza de La Libertad para dar un viaje redondo a la Playa Miramar disfrutando en el trayecto de calles, de gente y de barrios de la ciudad sintiendo el aire fresco que entraba por sus ventanas al vaivén de aquel movimiento peculiar… La historia de los tranvías en Tampico inicia en el siglo XIX (1879), parte con el español Benito Zorrilla y se estrella contra los intereses del poder económico y político del siglo XX (1974).

Hoy no hay tranvía ni de mulas ni eléctrico, y los añoro en dos filmes (“La ilusión viaja en un tranvía”, de 1954, y “Un tranvía llamado Deseo”, de1951), de Buñuel y de Elia Kazan, porque aún tenemos la ilusión y el deseo del tranvía.

Escríbame: sojepse_sa@hotmail.com