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Está Bien que sí…

  • Agustín Jiménez

En entregas anteriores he señalado ciertos aspectos acerca del servicio público de transporte que se tiene en el sur de Tamaulipas.

Hemos observado juntos cuestiones inherentes a las condiciones en que las unidades se encuentran, en la capacitación de los trabajadores del volante y de la imperante necesidad de evitar la corrupción en este rubro.

Factores que, a todas luces, terminan por perjudicar en mayor o menor medida a aquellas personas que deben hacer uso de esta indispensable actividad.

En su momento criticamos duramente que algunos camiones estaban en condiciones tan deplorables que en otros lugares se considerarían en desuso.

Los frenos, el motor y la carrocería en general presentan uno o más detalles; en ocasiones por el descuido de los choferes y, en otras, por la falta de atención e interés por parte de los dueños de la concesión que les ha otorgado el Gobierno del Estado de Tamaulipas.

En el caso de los llamados “carros de ruta”, debemos recordar que este sistema es “exclusivo” de esta región sureña de nuestra entidad y se ha compartido con el norte de Veracruz.

En este tenor me limitaré a recordar una anécdota que me ocurrió cuando era conductor del noticiario matutino del desaparecido cablecanal.

En esa mañana una persona sumamente molesta había llamado para relatar que al estar sentada en el asiento de “en medio” de la parte trasera de la unidad, se percató que la persona de su izquierda padecía de un severo resfriado y todo el viaje estuvo tosiendo y estornudando en ese espacio tan cerrado.

Sin embargo, eso no fue lo peor.

El televidente aseguró que lo más desagradable de su travesía fue el observar que la dama del otro costado, así como la criatura que llevaba en sus piernas, padecían de sendos problemas de pediculosis.

Recuerdo perfectamente que hizo mención que “no era necesario esforzarse para ver cómo caminaban los parásitos por entre los cabellos”.

El comentario terminaba con una reflexión sobre la poca o nula higiene que hay en estas unidades que, a diferencia de años anteriores, en su mayoría son modelos compactos de cinco plazas.

Por otra parte, hemos sido enfáticos al momento de observar la falta de educación y respeto que tienen ciertos conductores. La poca consideración que tienen por los usuarios al momento de elevar el volumen de la música que se reproduce en el radio de la unidad. Asimismo, en ocasiones rebasan los límites de la cordura y rayan en la irresponsabilidad al estar escribiendo mensajes en su celular poniendo en riesgo la vida propia y la del pasaje.

O juegan “carreras” en las avenidas más transitadas de nuestra zona conurbada.

El colmo es cuando llevan sentada por un costado a una chica que por la paralingüística que tiene para con el “guerrero del camino”, se sobreentiende una relación sentimental.

No obstante, de todos esos detalles, querido amigo, en esta ocasión he de señalar la falta de criterio, abuso, irresponsabilidad y despotismo que tienen algunos pasajeros y que pretenden ver en el chofer a una máquina para dar feria.

El pasado viernes a las seis y media de la mañana abordé un carro de la ruta Tampico-Altamira en el centro del puerto jaibo. Cuadras más adelante, en el “Parque Méndez” para ser exacto, se subió un jovencito universitario quien, por su ropaje, evidentemente estudiaba la carrera de médico cirujano en una de las más prestigiadas escuelas de la zona norte.

Me refiero a la casa de estudios que está asentada en la “divisoria”.

Durante todo el trayecto el mozalbete estuvo enajenado por su celular. Los audífonos de alta calidad terminaban de cumplir la función de sacarlo de la realidad física y sumirlo en el entorno digital.

Metros antes de llegar a la esquina en la que descendería se apuró a buscar entre sus bolsas una cartera y de ella extrajo un billete de quinientos pesos, sin dejar de observar la pantalla de cristal líquido le dijo en tono tajante e imperativo al conductor: “¡En la esquina!” y le extendió la mano con el dinero entre sus dedos.

El conductor cogió el billete y al ver la cantidad miró por el retrovisor al jovencito que seguía más interesado en la información proveniente de su Facebook. “¿No traes feria?”, preguntó el conductor y el chamaco, sin alzar la vista y con un tono que mezclaba la soberbia y el traspaso de la responsabilidad de la situación, contestó: “¡No!”

El chofer insistió con amabilidad: “Es que es muy temprano, no tengo feria de un billete tan grande”, al tiempo que le hacía un ademán al joven para atraer su mirada hacia el papel moneda.

El imberbe por fin levantó sus ojos y extendió la mano. Tomó el dinero y dijo: “Bueno pues ahí te lo repongo a la vuelta”. Se bajó del automóvil, cerró la puerta y cruzó la avenida con rumbo a su universidad.

En mi interior se construyeron folclóricas frases de mexicanísimos adjetivos referentes a la devaluada presencia de maternal figura en la educación manifestada por el muchacho y no pude el evitar concluir que es un dato que se comporta de manera inversamente proporcional a la clase social de la que es emergido el sujeto de estudio.

Le ofrezco una disculpa por los improperios que escribí en el párrafo anterior. Pero es la opinión que me generó el jovenzuelo.

Creo que debemos ser conscientes y, si bien es cierto, los responsables del negocio son los conductores, tampoco debemos abusar.

¡Hasta la próxima!

Escríbame a licajimenezmcc@hotmail.com y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!