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La muerte es una vida vivida… la vida es una muerte que viene

  • Raúl J. Nava Gutiérrez

Y en el patio terregoso que más parece un corral, una turba de pilluelos no se cansa de bregar

Allá por el 60, vistiendo yo la camiseta de los Leones de El Higo, debíamos presentarnos a jugar contra los Tigres de Tempoal, en Tempoal… Nada parecido al Guadalajara-América. No. Tampoco al Pumas-Cruz Azul ni al Barcelona-Real Madrid, ni siquiera el Monterrey Vs. UANL (Tigres) igualaban al Leones de El Higo Vs. Tigres de Tempoal. Pregunten por ahí a sus bisabuelos. Los dos gatos más grandes de la naturaleza, un tigre contra un león y, para mala suerte de los leones, ese día jugarían sin sus dos defensas laterales.

El lado derecho se resolvió con la entrada de Grimaldo González, nuestro director técnico (de lujo), que a su vez era el todoterreno que resolvía eventualidades como la que ese día se presentó. A ver, díganme donde está Javier… El “Chale” Ruiz, “La China” Domínguez y yo, invitados por don Grimaldo. Íbamos de Tampico para reforzar a aquel extraordinario equipo. Preguntamos a nuestros compañeros que quién era Javier… “El Puyín”, fue la respuesta, y Grima, con voz fuerte, ordenó: tráiganlo que lo necesitamos… Poco después la comitiva encargada de cumplir la orden llegó con un chamaquillo flaco de buena estatura para central, que fue rescatado de la selva en donde se divertía con su resortera, tirándole a todo lo que se moviera.

Catorce o quince años tendría aquel grandote flacuchento que no sabíamos si podría encarar a los Tigres de la misma forma en que lo hacía con los pájaros. Con el “Puyín” en el lado derecho y Grimaldo en el izquierdo se logró conformar la defensa. Al fragor del combate y sabiendo que aquello se pondría caliente. Tan pronto inició el juego, los Tigres se dieron cuenta de que la parte débil de nuestra defensa podría estar allí, en donde se encontraba el mocoso desconocido. Pero pronto se dieron cuenta de que el cachorro se defendía, esperaron el momento para que al cobrarse un tiro de esquina, Jesús “Tallarín” Cabriales asestara una cachetada que hizo llorar al muchacho. Sin ninguna consideración, Grimaldo reprobó la actitud del chamaco… No se deje caaabrito… ¡No llore! Y, el Puyín despertó transformado en un verdadero león que ayudó a conseguir para El Higo un sufrido pero muy celebrado triunfo de un gol a cero.

Hay solo dos formas de reaccionar ante una adversidad como la que le ha sucedido al, en El Higo “Puyín”, y en todo México “Kalimán”… Aparecería en una revista especializada, refiriéndose a Javier Guzmán, ya retirado, que conquistara seis títulos de Liga vistiendo la gloriosa camisa del Cruz Azul, que comentaba a los reporteros: “Sentarme en el jardín de la casa para descubrir que no tengo mi pierna derecha, con la que despejaba el balón hasta tres cuartos de cancha y, pensar y pensar hasta que me gane el llanto” y, a la otra que le provoca dibujar una sonrisa, “es contar lo que me pasó, entender que si bien han cortado una parte de mi cuerpo, fue para tener mayores posibilidades de vida.

A varios años de su partida quiero ahora dedicar un espacio, movido por el triste deceso de otro gran defensa central con quien tuvo muy estrecha amistad: el ilustre mantense Raúl Pomares, con quien formara pareja en sus años mozos cubriendo la defensa central de la Selección de Tamaulipas en aquel Campeonato Nacional de Primera Fuerza, teniendo por compañeros entre otros, a los que presento en la foto que acompaña a esta columna.

De pie y de izquierda a derecha tenemos a Edmundo Bracamontes, el citado Raúl Pomares, Florencio Avalos (el mejor portero junto a Raúl Díaz de Tamaulipas) Florentino “Tino” Villegas, Fernando “Papy” Navarro, Javier “Puyín” o “Kalimán” Guzmán. Abajo, agradeceré a quien me informe quiénes son los dos primeros. Les sigue Andrés “Negro” Martínez, Rafael “Máquina” Hernández y el inolvidable Dr. Marcos Calderón… Mundo, Tino, Papy, Javier y Marcos, llegaron a jugar en la Primera División Profesional. Tino Villegas y Marcos Calderón se coronaron invictos con aquel histórico Refinería Madero y, Javier “Kalimán” Guzmán fue seleccionado nacional en el Mundial México 70.

Pareja dispareja la que formaban aquellos dos centrales: Raúl Pomares, chaparrito, y Javier Guzmán, gigantón. De Raúl, para quienes no lo conocieron, era una copia fiel del Jonny Magallón, defensa central de las Chivas.

Claro que en todas las selecciones encontramos a un jugador que inexplicablemente no aparece… En esta no se encuentra el compadre inolvidable de Raúl, Román Flores, defensa derecho de enorme calidad que se nos adelantara ya hace tiempo. Pero bien lo dice don Macedonio Alcalá en su hermosa canción que el pueblo oaxaqueño ha tomado por su himno… “Pero qué puede importar que vuelva a tener el mismo final, porque me queda el consuelo que Dios nunca morirá”… ¿Cómo olvidarte Raúl? Fuiste todo un ejemplo para la juventud mantense y, es seguro que Dios te premiará juntándote alla, en su reino, con tus compadres Javier “Kalimán” Guzmán y Román Flores… Vaya mi más respetuoso pésame para todos los familiares de este gran deportista mantense.

Hasta pronto amigo.

Raúl J. Nava Gutiérrez