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Lo previsible es la preparación, lo imprevisible es la chispa creadora

  • Raúl J. Nava Gutiérrez

Holanda era lo primero; Brasil, con Gerson, Rivelino, Pelé, Jairzinho y Tostao, era lo segundo.

Mi buen amigo, el licenciado Héctor Álvaro Domínguez, cada vez que nos vemos me suplica: “Nava, por favor, escribe acerca del Mundial México ‘70, el mejor de todos los tiempos”. Hoy, cuando al analizar los esquemas de juego de los mejores equipos del mundo encontramos que la única revolución verdadera del futbol fue la inventada por el holandés Rinus Michels y perfeccionada por el rumano Stefan Kovacs, me encuentro con que antes, Inglaterra propuso una forma que le permitió coronarse en su propio Mundial, Inglaterra ‘66.

La idea inglesa del 4-4-2 ya la había utilizado Hungría en el ‘54, pero solamente ellos y Brasil la adoptaron, utilizando para ello a 11 jugadores especializados en su posición, sistema que requería de cierto hermetismo. Fue hasta 1970 cuando Brasil, incondicionales adoradores del juego bonito, implementaron lo que hasta la actualidad es negado por los más conocedores. Y vuelvo a apoyarme en Pelé para que con sus propias palabras nos describa lo que fue aquello.

En la selección brasileña que conquistó la Copa Mundial del ‘70, Brasil se plantaba de una manera muy similar a la de Inglaterra cuatro años antes. La mayoría nos ubicabamos en posiciones de retaguardia, dejando arriba a Jairzinho y a Tostao como solitarios punta de lanza. La principal diferencia radicaba en la forma en que nos desdoblabamos en ataque en cuanto recobrabamos el balón. Ahí resultabamos incontenibles. Realmente era muy difícil pararnos.

El esquema, dibujado sobre el pizarrón, podía tener una apariencia cautelosa, defensiva. Pero la realidad es que en aquel equipo sobraban intérpretes de eximia categoría, algunos de ellos geniales. No han faltado los analistas sorprendidos de que ese equipo integraba a cinco números 10. Lobo Zagalo fue el responsable de la más espectacular de las revoluciones: reunir en una misma formación a cinco jugadores geniales, cada uno de los cuales eramos considerados los conductores de nuestros propios clubes. A mi lado estaban nada menos que Tostao, Gerson, Rivelino y Jairzinho. La vuelta de tuerca de Brasil en 1970 fue que aplicabampos un sistema que, sin dejar de ser sistema, volvía a dar protagonismo al talento individual.

Holanda 1974. Pese a haber perdido la final frente a otro gran equipo, el de Alemania Federal, los holandeses fueron la sensación de ese campeonato y hasta el día de hoy se continúan suscitando comentarios. Luego de 36 años de ausencia en la Copa del Mundo, ya que su última participación fue en Francia ‘38, Holanda incorporó una revolucionaria concepción de juego que reconoce como antecesor el futbol dinámico y colectivo que practicaron los ingleses en 1966, pero con otros matices realmente novedosos.

Los marcadores de punta ingleses subían y bajaban por los laterales en un movimiento totalmente mecanizado, de sentido exclusivamente longitudinal. Los mediocampistas comandados por Bobby Charlton hacían lo mismo, salvo algunos cruces en diagonal que intentaba Alan Ball desde su posición inicial de puntero derecho retrasado. Las rotaciones estaban a cargo de los puntas de lanza Roger Hunt y Geofrey Hurst, que se cruzaban entre sí y revolcaban a los laterales para dar lugar a la subida de Charlton como centro delantero.

Los holandeses a ese desplazamiento de hombres sin posesión de la pelota le agregaban la rotación circular. De ese modo, todos relevaban a todos y todos cubrían a todos, en un movimiento sin posiciones fijas que lograba dos objetivos, desconcertar al contrario y tener el campo permanentemente cubierto, con hombres bien abiertos sobre las bandas.

Ese estilo de juego, que un periodista brasileño llamó acertadamente “la organizada desorganización”, solo puede ser concretado si en todos los integrantes del conjunto existe la convicción de que el futbol es unjuego de once aunque haya una sola pelota. El secreto holandés, además de contar con un conductor de la clase de Johan Cruyff y socios del nivel de Neeskens, Van Hanegem y Rensenbrink, residía en el desplazamiento simultáneo de varios jugadores en distintas direcciones, aunque solo uno tuviera el balón.

Todo este punto de vista de Pelé llamó la atención de los alumnos que cursábamos el curso de entrenamiento de futbol en el Tec de Monterrey campus Monterrey, aunque decidimos analizarlo en ese mismo momento, encontrando bastante ingenioso la doble circulación (Pelé nos habla solo de una), encontramos que independientemente, los cuatro jugadores que cubrían el lado derecho: Suurbier, Haan, Neeskens y Rep, mientras que por el lado izquierdo lo hacían Krol, Van Hanegem, Jansen y Rensenbrinck, circulando hacia adentro independientemente sin mezclarse un grupo con el otro, quedando Cruyff en el centro como orquestador, algo muy ingenioso que nadie más lo ha hecho, pues Brasil, con cinco números 10 en el campo, ni siquiera necesitaba de estrategia alguna.

Hasta pronto amigo.
Raúl J. Nava Gutiérrez.