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Mercadotecnia y consumo

  • Agustín Jiménez

Un buen amigo mío me narró la sorpresa que le había ocasionado ver que, a finales del mes de agosto, los grandes almacenes de renombre internacional estuvieran mostrando en los anaqueles un espacio destinado a los productos navideños que cualquiera pensaría que su periodo de compra está muy distante al momento de exhibición. En parte esta postura no es del todo errónea, pues estará de acuerdo, amigo lector, que ver trineos remontándose sobre paisajes de ártico frío en plena época de huracanes es algo simple y llanamente fuera de lugar.

Este tipo de acciones realizadas por los centros comerciales obedece a las fechas en las que se debe incitar al consumidor a pensar o planear tales o cuales compras y “ayudarle a decidir cómo invertir el aguinaldo que le llegará una vez que se acerque la fastuosa navidad”. En otras palabras, una parte de cada uno de nosotros se emociona al ver las imágenes alusivas a esta festividad que tanta alegría nos trajo en los años de infancia e inconscientemente tratamos de volver a ella ante estos estímulos visuales.

Por otra parte, los pequeñitos que observan que ya se coloca por aquí y allá la robusta silueta de Santa Claus los remite invariablemente a observar con mayor detenimiento los comerciales de juguetes, a pensar en la cartita a este simpático personaje y a pedirle a los padres que los acerquen a la estantería propia de esta línea de producción; obviamente los progenitores aprovechan el viaje para ir haciendo cuentas de lo que ameritará surtir la lista que se le enviará al polo norte a este individuo de risa escandalosa.

Curioso resulta que recién sortearon con habilidad las diferentes vicisitudes para poder comprar todo lo solicitado en la “otra” temible lista, me refiero a la de útiles escolares que, como lo mencioné en entregas anteriores, con cada año que pasa se vuelven aún más caros, y ya tienen frente a sí otro listado que causa más terror que el anterior.

Sin embargo este golpe, a pesar de que se ve venir, no se antoja tan devastador, porque está envuelto en brillante papel para regalo y adornado con luces multicolores que titilan al ritmo de dulces villancicos que hablan acerca de la felicidad, el amor, la alegría y todos los sentimientos nobles que puede albergar el corazón humano, y es así, como en una especie de estado hipnótico, que los señores empiezan a pensar qué van a regalar, en tanto que las señoras idean sobre los ingredientes de los platillos que constituirán la cena navideña y de fin de año.

Si bien es cierto que el penúltimo momento anual para generar una gran venta acaba de pasar, es decir, el regreso a clases, y que el siguiente es el fin de año, no debe usted olvidar que existen momentos de compra que pudiéramos considerar menores, pero igualmente cautivantes.

En primer término está lo relacionado a la fiesta de independencia, que involucra desde antojitos mexicanos hasta ropa para bailables, sin olvidar los adornos tricolores y las imágenes de los héroes que, como dictan los cánones, nos dieron “patria y libertad”. Procure usted tener a la mano el teléfono de su costurera de confianza, por aquello del disfraz de su chamaco que tal vez le corresponda ir a la escuela representando a Miguel Hidalgo o a José María Morelos y Pavón.

Posteriormente, noviembre iniciará con el homenaje a los fieles difuntos, por lo que habrá que montar un aromático altar en la sala de su casa para recordar a aquel familiar o amigo que ya ha cumplido su cita con el destino y que, según la creencia, el día dos volverá de manera espiritual para dejar su cariño. Esta simbólica construcción deberá contener las viandas que el extinto más disfrutaba, lo que obligará a la señora del hogar a meterse a la cocina y preparar mole, carnitas, cecina, enchiladas, etc.

Diez y ocho días después se hará mención a otro momento de suma importancia en la historia de nuestro país: La Revolución Mexicana. El chamaco, que participó poniendo cara de santo redimido con una peluca blanca y vestido con sotana negra mientras cargaba el estandarte de María de Guadalupe, ahora usará dos cananas terciadas sobre los hombros y pedirá que le pongan un bigote atufado, mientras que ensaya un gesto de militar arrogancia, pues le dijeron que así miraba Venustiano Carranza o Pancho Villa o Pedro Armendáriz, el caso es poner cara de malo.

Los padres adquirirán el traje adecuado, un sombrero que lucirá gigantesco para el cráneo del chiquillo y otras cosas, solamente para que, en la asamblea, lo vean gritar “Tierra y Libertad”.

Y será así como, con los bolsillos mermados, llegue usted a diciembre, listo para endeudarse y satisfacer la lista que originó en su mente en aquel lejano y caluroso agosto, tan cálido como el invierno del trópico que tampoco hace juego con renos y “santacloses”.

¡De miedo!, ¿No cree?

¡Hasta la próxima!

Escríbame a licajimenezmcc@hotmail.com y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!