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Nadie puede ser sensato con el estómago vacío

  • Raúl J. Nava Gutiérrez

La hora perfecta para comer es: para el rico, cuando tiene ganas, y para el pobre cuando tiene qué.

Eran los años cincuenta y yo era un quinceañero que ya tenía tiempo jugando con el equipo de Primera Fuerza: Así se conocía en el futbol de aficionados a la categoría libre (jugadores de cualquier edad). En esa ocasión nos visitaba el equipo maderense Sección Uno, dirigido por el inolvidable Ricardo Guzmán “Casarín”. Aquel equipo me pareció formidable y lo vencimos dos goles a uno, pues la base de nuestro grupo la conformaban jugadores destacados de Tampico que trabajaban en el Ingenio de mi Xico inolvidable.

Pero lo extraordinario de este juego fue la actuación del portero del equipo de la Sección Uno, que por cierto era sobrino del señor Islas, jefe de Personal del Ingenio. Este hombre (el portero), no reunía característica alguna de guardameta, no era alto y su cintura sobrepasaba las medidas que diferencian al sobrepeso de la obesidad. Aquel hombre cubría su puerta con una técnica que se adelantó a la época. Pero la mayor sorpresa me la llevé cuando en la segunda parte apareció jugando como medio volante, representando la imagen misma de Luis Luna, jugador gordito del León y del peruano Del Valle. Su actuación fue para mí una lección de cómo jugar al futbol. Ese hombre se llamó Hugo Barba Islas.

El futbol se vuelve más exigente cada día. Es una pena ver cómo a muchos jovencitos se les niega participar en las visorias realizadas por equipos profesionales únicamente por su abultada figura. En mi largo recorrido por el futbol, he visto regordetes dotados de un talento que los hizo destacar entre los mejores jugadores de la historia. Joaquín “Chavo” Urquiaga, extraordinario portero del Betis español, es récord en España al haber admitido un solo gol a lo largo de la primera vuelta de un campeonato. Ya en una de mis columnas publiqué la fotografía impresionante del gordo en pleno vuelo. Fue campeón en México como jugador y, como entrenador se coronó con el Veracruz y con el Tampico.

En una revista antigua he encontrado una recopilación de nombres famosos de gordos con clase, entre los que se hallan genialidades enfundadas en camisetas de tallas grandes, ajustadas a prominentes vientres. El gordo más reconocido del futbol moderno escapó a la figura atlética de Cristiano Ronaldo sin envidiarle nada en el campo (que nunca compartieron). Fue Diego Armando Maradona, al que casi todos ustedes conocieron. Atiborrado de kilos, al final de su carrera, alcanzó los tres dígitos en su registro de obesidad. Estuvo a punto de estallarle el corazón y tuvo que ser sometido a una delicada cirugía de estómago.

Ronaldo fue por largo tiempo el mejor delantero del mundo y a quienes disfrutábamos de su futbol nos parecía imposible tanta velocidad y habilidad aplicada entre un mar de oponentes, a los que libraba sin siquiera tocarlos. Fabio Capello dijo cuando lo dirigió en el Real Madrid: “Poco a poco, ya parece un jugador”… Paul Gascoigne, el inglés que parecía brasileño, bebió cerveza como pirata en las tabernas de la gran isla, sus borracheras fueron materia prima de la prensa inglesa que nunca le estorbaron para realizar su regate corto… El portero de la selección paraguaya, José Luis Chilavert, que pateaba como mula los tiros libres, se dio el lujo de ser multicampeón con el Peñarol pesando más de cien kilos.

“El Gordo” René Iván Valenciano militó con el Atalanta de Italia, fue seis veces máximo anotador del Atlético Junior de Barranquilla, siendo contratado por el Veracruz y más tarde al Morelia, en donde mostró conocida fobia a los cocineros dietéticos. Cómo estaría que la prensa colombiana insinuó su posible retorno a las canchas, aseguró que tenía miedo jugar como flaco. Eso lo dijo después de una liposucción que le hizo pasar de 105 kilos a 78… Pero el gordo al que yo he tenido más reconocimiento lo fue Ferenc Puskas, el niño recoge-pelotas del futbol húngaro. Tenía un estado físico tan deplorable cuando llegó al Real Madrid, que muchos pensaron que su retiro estaba próximo. Con su vientre prominente y su zurda privilegiada, ganó tres Copas de Europa, cinco títulos de Liga en España y anotó 324 goles con los merengues. Logros nada despreciables para un gordito que por fortuna pensaba tan rápido que le hizo conseguir la altura de los inolvidables. En Budapest es un héroe nacional y el estadio del Honved y una estación de ferrocarriles llevan su nombre.

Antonio Mohamed ha sido uno de los gordos más inteligentes e imaginativos que han pasado por el futbol mexicano. De su oronda y proteínica presencia basta comentar que mientras vistió la camiseta de Toros Neza, fue de los jugadores que más multas tuvo que pagar al club por sobrepeso. “No sé qué pasa con mi cuerpo, apenas como un churrasco y subo tres kilos”. Miró hacia abajo, dio unas palmadas a su estómago y preguntó: “Dime de algo que no engorde”… Seguro que igual que yo, querido lector, conoces al gordito que la rompe de veras, pero que no cambia los tacos, los tamales, las gorditas ni los bocoles por el juego más importante.

Hasta pronto amigo.

Raúl J. Nava Gutiérrez