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No hay forma de que entrenador y jugadores se entiendan sino a través de la dialéctica

  • Raúl J. Nava Gutiérrez

En aquella ocasión visitó Tamaulipas una selección Sub-17 de Holanda. Era una verdadera aplanadora que llegaba a Tampico después de haber goleado a Matamoros, Reynosa, Victoria y Altamira; eran los tiempos en que el Monterrey atendió como nunca a la cantera huasteca, con sede en Tampico. El más bajito de aquellos jovencitos holandeses era más alto que yo. Los había visto jugar en el que era nuestro campo, ahí en donde se encuentra Plaza Covadonga, y nada más de entrada quedé sorprendido pues anotaron en saque inicial.

Después los vi nuevmente en Altamira, donde repitieron lo hecho en Tampico, así que cuando los enfrentamos en el estadio “Tamaulipas” supe que para nada serviría hacer cambios ni en sistema ni en alineación, lo que hicieramos lo haríamos con lo ya experimentado.

Por aquel tiempo experimentaba con algunos procedimientos vistos a Marcelo Bielsa que nos habían redituado buenos resultados a nivel del futbol local, pero ahora el rival, de otra categoría y con la constitución física de los europeos del norte, nos resultaba igual que comparar a un jaguar con un león. Años antes, Croacia y Checoslovaquia habían impresionado al mundo con su juego de achiques y de pressing permanente en todo terreno, encontrando a tanto observar que Marcelo Bielsa jugaba a lo mismo con sus equipos.

El resultado de mis observaciones me llevó a un parado que en principio me pareció absurdo, hasta que sobre la base de continua observación concluí que efectivamente, aquellos equipos formaban con un 3-3-3-1.

No pude convencer a ninguno de mis amigos, pero igual me puse a practicar aquello con mis alumnos, quienes muy fácilmente se adaptaron al grado de disfrutarlo, convencidos de que aquello era lo que mejor les iba. Hacerlo con los equipos de aquí no tuvo dificultad alguna, pero ahora venía la prueba más importante. Los inventores del futbol total, herederos del estilo que elevara a Holanda desde la profundidad de la ignominia hasta el reconocimiento que es privilegio de las grandes potencias, ahora a nivel juvenil, ponía a prueba nuestros argumentos, los míos como técnico y los de mis jugadores, con 20 centímetros menos de estatura y lo que ello conlleva.

Y resultó. En cualquier parte del terreno de juego nuestro equipo aplicaba el 2-1 y el control del juego era tal a nuestro favor que a los diez minutos de la segunda parte un entrenador holandés lanzó un balón al campo como lo hace un manager de box, para salvar a su pupilo de un castigo exagerado. Ahí finalizó el juego, cuando el marcador nos favorecía 4 goles a cero… Minutos antes, una entrada con fuerza exesiva de un joven tulipán lesionó a un delantero nuestro que hubo de ser retirado del estadio por una ambulancia que lo trasladó a un hospital, en donde se le atendió sin que hubiera necesidad de quedarse. Tal vez fue esto lo que orilló al entrenador holandés a pedir la finalización de un juego que para ellos estaba sentenciado.

Estuve muy conforme con aquella generación de buenos jugadores, desgraciadamente aquel campo desapareció, decidiendo Monterrey no continuar con ese proyecto. Confieso que aquel sistema de juego no lo pude instalar en ninguno de los equipos que desde entonces he dirigido. Coincidencialmente, aquel grupo de muchachos contaba con el perfil ideal para desarrollar aquel juego, que en apariencia exige un aporte calórico al que nuestros jugadores no están acostumbrados, pero siempre he creído que el acondicionamiento físico es un problema menor que el técnico táctico, pero definitivamente, el aspecto sicológico es fundamental.

Convencer a un jugador de que un proyecto es realizable reclama una buena dialéctica por parte del entrenador, y hay dos formas de ponerla en práctica, siendo ambas, hasta donde he podido observar, igual de útiles. La línea del “General” Michels: dura, enérgica, tiránica, y la suave, que maquilla de gentileza una velada enérgica autoridad, como la del caballeroso Stefan Kovacs. ¿Quién duda de la capacidad de los berrinchudos Ferretti y La Volpe? ¿Y a quién le disgusta el trabajo de los caballerosos Enrique Meza y Luis Fernando Tena?.

Aquellos proyectos del Monterrey sí que les rindieron frutos, eran los mismos principios del rumano Kovacs: primero la cantera, para después crecer con la cantera y él, que no tenía problemas de comunicación, ponía como segundo punto importante la preparación física, algo común en la Europa del Este, pero no del resto del continente. El tercer concepto a trabajar era el pressing ofensivo, la polivalencia de los futbolistas y la práctica del fuera de juego. Kovacs montaba la cantera asistiendo a Michels, que no tenía problemas para asimilar el concepto táctico y enamorarse del “futbol total”. Baloncesto, presión y circulación.
Hasta pronto amigo.

Raúl J. Nava Gutiérrez.