imagotipo

Nuestros actores

  • Juan José González Mejía

Una de las características de cualquier cinematografía es la de contar con actores sólidos, solventes y famosos (no necesariamente en ese orden). Como ejemplos podemos anotar a la italiana con Marcelo Mastroianni, la estadounidense con Marlon Brando o Spencer Tracy, la inglesa con Lawrence Olivier, la española con Fernando Rey, la francesa con Gerard Depardieu y la mexicana.

Desde sus orígenes -la compra de los primeros cinematógrafos Lumiere por el gobierno de Porfirio Díaz- el cine mexicano puede considerarse afortunado. Fue pionero en América Latina en la difusión del cine y dio al mundo a quien sin enfado puede adjudicársele el mote de “primer actor” del cine mexicano: Porfirio Díaz.

No es hasta la década de los treinta que la industria del cine mexicano puede considerarse como tal. El éxito de la primera cinta sonora, Santa/1931, le dio a la producción de películas un auge que vino a cimentarse y a multiplicarse de manera decisiva con Allá en el rancho grande/1936.

Antes, en 1933 con El compadre Mendoza, y en 1935 con ¡Vámonos con Pancho Villa! (ambas dirigidas por Fernando de Fuentes), el cine mexicano apuntó hacia películas de interés nacional con propuestas artísticas. De esa época sobresalen dos actores: Alfredo del Diestro (chileno naturalizado mexicano) y Antonio R. Frausto, iniciadores del histrionismo fílmico en nuestro país. Aunque las apariciones de Fernando Soler y Joaquín Pardavé se habían dado antes, en filmes silentes, el despunte de éstos se dio a partir de los años treinta y cuarenta.

Actores importantes fueron los hermanos Soler: Fernando, Andrés, Domingo y Julián. Lo mismo cultivaron el drama, la comedia que la zarzuela, al igual que el incomparable Joaquín Pardavé quien, además, fue director, compositor y bailarín en sus inicios, allá en las carpas de los años veintes. 

No pueden soslayarse las presencias de Germán Valdés Tin Tan y Mario Moreno Cantinflas, los dos más grandes actores cómicos que ha tenido México. Lo mismo que Fernando Soto Mantequilla, Adalberto Martínez Resortes, Mario El Harapos García, Roberto El Panzón Soto y Manuel Medel, quienes le dieron a la comedia popular un nivel que no ha vuelto a alcanzar.

Los casos de Arturo de Córdova, Armando Calvo, Jorge Mistral,  Emilio Tuero (españoles los tres), Ramón Armengod y Antonio Badú fueron sintomáticos de una cinematografía que disponía de rostros para engalanar las historias incrustadas en sendos melodramas de éxito.

Punto y aparte se sitúan Pedro Infante, Pedro Armendáriz y Jorge Negrete, actores con honda presencia popular y, en el caso de Infante, de verdadera idolatría años después de su deceso. (Queda para la anécdota Humberto Rodríguez por ser el actor que apareció en más películas: arriba de 300, seguido de Mario Almada con más de 250, incluyendo los videohome.)

En los años recientes Ernesto Gómez Cruz, Enrique Lucero, el gran Alejandro Parodi, José Carlos Ruiz, Manuel Ojeda, Demián Bichir, Gael García Bernal, Dagoberto Gama, Mario Zaragoza, Tenoch Huerta y, sobre todo, Damián Alcázar, le han dado a la actuación en nuestro cine una solvencia y calidad siempre bienvenidas…