imagotipo

Tim Carrillo, un Hombre Dedicado al Teatro

En las clases de actuación de un verano de 1992 en el teatro “El Farol” principié a relacionarme con el maestro Cuauhtémoc Carrillo (también conocido afectuosamente como “Tim”), y a descubrir su capacidad artística y su sapiencia para desmenuzar hasta la esencia más pura el “Método de actuación” de Konstantín Stanislavski (1836-1938). El maestro “Tim” es un apasionado de la situación humana de los personajes de la obra teatral y del análisis profundo del personaje en su esencia más íntima, ya que como él menciona: “Me gusta enseñar, tengo una cualidad que me permite detectar y comprender los obstáculos que cada actor tiene, tratando de eliminarlos para que no se estereotipen  sus actuaciones y que tenga más posibilidades para sobrevivir como actores”.

 Cuauhtémoc Carrillo lleva un largo camino en el mundo de los escenarios, lo mismo actuando, dirigiendo e impartiendo cursos de actuación. Comenzó sus estudios actorales con el legendario director teatral Dimitrios Sarrás (1927-1983), quien en su escuela contaba con un especie de pizarrón donde tenía seccionado el sistema Stanislavski y donde un joven Cuauhtémoc Carrillo tomaba apuntes para poder comprender más profundamente las enseñanzas de su maestro. “Tim” ha participado como actor universitario en 17 puestas en escena, además de su examen con Sarrás en “Sólo cuando me río”.  

Aquí en el puerto ha impartido seis talleres actorales, donde prepara y asesora a sus alumnos quienes al final de cada curso presentan examen interpretando en público algún monólogo que ellos mismos dirigen con las observaciones respectivas de su maestro.

Fue director invitado por el Pequeño Grupo de Gran Teatro para que ayudara a dirigir a Linda Leyva en la obra “Nilo, mi hijo”. Años más tarde, a este mismo grupo teatral lo dirigía en “Arsénico y Encaje”, aunque su obra más emblemática sería “Buenas noches Mamá”, de Marsha Norman, llevando de actrices a la doctora Cecilia Ridaura y a Elvia Medina. 

Define su concepto personal de actuación como el poder captar los momentos idóneos en las interpretaciones teatrales, que el histrión de verdad muestre la esencia de los personajes, que tengan esa libertad de expresión.
Y para lograr actuaciones memorables el histrión debe ayudarse de la disciplina: “El actor debe ser un hombre entregado a la disciplina todo el tiempo, desde llegar puntual al ensayo, aprender el texto, no cambiarlo, ni  tampoco las indicaciones, como actor debe comprender a profundidad el personaje y la realidad que está viviendo en ese momento”.  

Señala  que aquel que quiera aprender actuación debe contar con herramientas que le permitan desenvolverse con destreza en los escenarios: “Un actor alumno me hizo una pregunta en el primer día de taller, ¿Qué obra vamos a poner? Ninguna le contesté, cómo vamos a poner una si no sabes, es como si  quisiéramos erigir un edificio sin saber nada de construcción. En la actuación es igual, primero se necesitan conocer las bases, prepararse, tomar clases con devoción porque el actor debe conocer su cuerpo, saber cómo piensa, cómo siente y cómo expresa, porque ésa es la base para interpretar personajes”. El maestro “Tim” se ha vuelto un especialista en los talleres del ruso Stanislavski, quien confeccionó un curso para todos los diletantes que quieren adentrarse en estas aguas enaltecidas e indómitas de la actuación. 

Le interesa ayudar a los jóvenes actores a fortalecer y acrecentar la conciencia teatral, para que cuando el histrión se encuentre frente a un director escénico que sólo sea buen coreógrafo, pero que no pueda encontrar el alma de personaje y transmitir la situación humana en la que se encuentra el personaje en el momento de su vida, dictadas por las palabras del escritor, como indica el maestro “Tim”:  “El actor tiene que analizar lo que va a suceder en escena, porque se puede encontrar con directores que sólo digan para donde moverse, entonces el histrión debe cuestionarse ¿Moverse para qué y por qué? Esa es una razón que Stanislavski planteó. No puedes hacer ningún movimiento que no tenga un sentido o un  porqué del personaje.

Entretenimiento, enseñanza, “removedor” de conciencia, estimulador de objetivos, posibilidades sin límites de la imaginación humana para plasmarlas en un escenario, todo esto es el teatro para el maestro Carrillo.