/ sábado 14 de diciembre de 2019

Alfredo “La Chula” Bernal, pundonor en la cancha

Jugador jaibo, conocía muy bien el Coloso de Santa Úrsula pues en 1975 perteneció a las reservas del Club América donde una de las estrellas de ese conjunto...

Se aproximaba la primera media hora de juego y el marcador del majestuoso Estadio Azteca anunciaba paridad en los cartones, entre los celestes de Cruz Azul y los jaibos del Tampico F.C., que en esa temporada 1978-79 dirigía el “Mister” del futbol mexicano, José Antonio Roca.

El tanto de la igualada jaiba apenas se había logrado en el minuto 25 con “coraje y pulmón”, aprovechando que el defensa Miguel Ángel Cornejo, al intentar retroceder el balón a su portería lo había dejado demasiado corto, situación que aprovechó Sergio Lira para robar el esférico y entregárselo al “Tano” Bertocchi, que con potente disparo dejó sin oportunidad al guardameta cruzazulino Miguel Marín.

Alfredo Bernal, jugador jaibo, conocía muy bien el Coloso de Santa Úrsula pues en 1975 perteneció a las reservas del Club América donde una de las estrellas de ese conjunto, Raymundo Correa “Lola”, se significaba por habilidoso y a quien Bernal había detenido en diversos entrenamientos utilizando una de sus mejores cualidades: la barrida limpia, por lo que el brasileño le puso en portugués el mote de “Chulé” -pies apestosos- que con el tiempo se fue modificando hasta quedar en “Chula”.

Después del América, Bernal jugó en Segunda División para los equipos Tigres y Monterrey, sin embargo en la temporada 1978-79 el Tampico F.C. contrató a José Antonio Roca y Bernal vendría a probar suerte con la Jaiba Brava, equipo con el debutaría profesionalmente.

Sobre Roca, Bernal comenta: “Era un hombre preparado, campeón como entrenador, seleccionador nacional, conocía bien su oficio, realizaba una verdadera radiografía del jugador contrario. Posiblemente Roca sea el técnico que a más futbolistas ha debutado, ya que profesaba una alta dosis de confianza en los jóvenes y sobre todo en el futbolista mexicano”.

Un balón filtrado por el “Wendy” Mendizábal a profundidad fue controlado por el extremo del Cruz Azul José Luis “El Chaplin” Ceballos quien con picardía eludió a un rival y se adentró con peligrosidad al área del Tampico.

Ceballos levantó la cabeza intentando soltar el riflazo sobre la humanidad del portero Ricardo Anhielo cuando la pierna salvadora de Alfredo “La Chula” Bernal se cruzó en su camino, enviando la de gajos a tiro de esquina.

Las alarmas se prendieron en el área de los jaibos, pues en aquella década de los 70´s la maquina celeste, como la bautizara el legendario cronista Ángel Fernández, se consolidaba como una verdadera locomotora que avasallaba todo.

Los recuerdos de esa época son atesorados en fotografías I Manuel Chirinos

Ello obligó a José Antonio Roca, que gustaba de la marcación “hombre a hombre”, solicitarle a Bernal que siguiera al “Chaplin”, pues se trataba de un delantero desequilibrante.

“Persíguelo en todo momento; no tienes que distraerte, tanto a la ofensiva como a la defensiva” le aconsejaba el “Míster” desde los entrenamientos de la semana.

Recién firmó Bernal con el Tampico, decidió invitar a una amiga a comer en el restaurante “Diligencias” cuando apareció en el lugar José Antonio Roca el cual simplemente lo saludó para después llamarlo aparte y preguntarle sobre qué estaba festejando para terminarle diciendo: “Hoy como es domingo, día de descanso se lo paso. Usted debe cuidar su imagen porque la persona que lo observe con una copa encima y lo vea cometer un error en el estadio va a asociar ese hecho con la cerveza. El jugador no es de dos horas en la mañana y dos horas en la tarde, no, el jugador es de 24 horas. Tenemos que ser profesionales todo el tiempo”.

La plaza de Tampico se hacía pesar. Los partidos se jugaban los domingos a las 3:30, con un calor que terminaba fundiendo al rival.

Francisco Bertocchi fue de los mejores extranjeros que vino a jugar a estos lares, apunta Bernal, además de capitán de la Jaiba Brava. También identifica como su maestro al “Bacho” Salazar pues fue un atleta con mucha experiencia y sobre todo una magnifica persona.

La tribuna donde más gente se concentraba era la parte baja del palco de Salvador Barragán Camacho ya que cada ocasión que metían gol, Barragán aventaba dinero. Bernal reconoce a la afición de Tampico no solo como una de las mejores, sino que es conocedora, fiel por delante, siempre que se le brinde honestidad futbolística y no se le quiera vender “espejitos”.

En aquel tiempo no se alcanzaba para grandes salarios, inclusive existían penurias económicas, aunque eso no importaba a la hora de jugar al futbol, ya que se entregaban en la cancha, y los adeptos sabían reconocerlos pues donde se paraban los jugadores los simpatizantes del equipo les convidaban jugos, licuados, almuerzos, invitaciones a comer. La gente en la playa se acercaba a saludarlos, a pedirles un autógrafo.

Manuel Chirinos I El Sol de Tampico

“Siempre he pensado que cuando te prodigas a una playera el aficionado se compromete y se entrega”, afirma Alfredo Bernal. El jugador del Cruz Azul colocó el esférico en el tiro de esquina, comenzando una danza épica de estrategias ofensivas y defensivas. El portero Anhielo exigía atención, requiriéndole a “La Chula” Bernal que ocupara el primer poste.

La pelota voló veleidosa creando expectación, mientras que en la meta se suscitaban rebotes, lucha física, empujones, hasta que la de gajos cae en los pies de Ceballos que no tiene marca y tira e incrusta la bola en la portería del Tampico. El silbatazo final se escucha y la pizarra indica 2 a 1 a favor Cruz Azul.

Eduardo Galeano menciona: “Los buenos jugadores de fútbol no necesitan ser titanes esculpidos por Miguel Ángel. En el fútbol, la capacidad es mucho más importante que la forma, y en muchos casos, la habilidad es el arte de convertir las limitaciones en virtudes”.

Y este aguerrido defensa lateral derecho “La Chula” Bernal lo sabía, que “el juego del hombre” es de lecciones y aprendizajes. Por eso mismo siguió dos temporadas más en el Tampico F. C., mostrando pundonor y entrega.

Con los años se retiró y tomó un curso de entrenador de futbol, dirigiendo a varios equipos de tercera y segunda división donde ha señalado que existe bastante joven con talento, solo hay que voltear para abajo y brindarles confianza y sobre todo una oportunidad de jugar.

Sobre su pasión el deporte, reconoce que éste brinda disciplina, te obsequia una carrera que vas formando con las temporadas que juegas; pero sobre todo, el balompié te brinda innumerables satisfacciones.

Se aproximaba la primera media hora de juego y el marcador del majestuoso Estadio Azteca anunciaba paridad en los cartones, entre los celestes de Cruz Azul y los jaibos del Tampico F.C., que en esa temporada 1978-79 dirigía el “Mister” del futbol mexicano, José Antonio Roca.

El tanto de la igualada jaiba apenas se había logrado en el minuto 25 con “coraje y pulmón”, aprovechando que el defensa Miguel Ángel Cornejo, al intentar retroceder el balón a su portería lo había dejado demasiado corto, situación que aprovechó Sergio Lira para robar el esférico y entregárselo al “Tano” Bertocchi, que con potente disparo dejó sin oportunidad al guardameta cruzazulino Miguel Marín.

Alfredo Bernal, jugador jaibo, conocía muy bien el Coloso de Santa Úrsula pues en 1975 perteneció a las reservas del Club América donde una de las estrellas de ese conjunto, Raymundo Correa “Lola”, se significaba por habilidoso y a quien Bernal había detenido en diversos entrenamientos utilizando una de sus mejores cualidades: la barrida limpia, por lo que el brasileño le puso en portugués el mote de “Chulé” -pies apestosos- que con el tiempo se fue modificando hasta quedar en “Chula”.

Después del América, Bernal jugó en Segunda División para los equipos Tigres y Monterrey, sin embargo en la temporada 1978-79 el Tampico F.C. contrató a José Antonio Roca y Bernal vendría a probar suerte con la Jaiba Brava, equipo con el debutaría profesionalmente.

Sobre Roca, Bernal comenta: “Era un hombre preparado, campeón como entrenador, seleccionador nacional, conocía bien su oficio, realizaba una verdadera radiografía del jugador contrario. Posiblemente Roca sea el técnico que a más futbolistas ha debutado, ya que profesaba una alta dosis de confianza en los jóvenes y sobre todo en el futbolista mexicano”.

Un balón filtrado por el “Wendy” Mendizábal a profundidad fue controlado por el extremo del Cruz Azul José Luis “El Chaplin” Ceballos quien con picardía eludió a un rival y se adentró con peligrosidad al área del Tampico.

Ceballos levantó la cabeza intentando soltar el riflazo sobre la humanidad del portero Ricardo Anhielo cuando la pierna salvadora de Alfredo “La Chula” Bernal se cruzó en su camino, enviando la de gajos a tiro de esquina.

Las alarmas se prendieron en el área de los jaibos, pues en aquella década de los 70´s la maquina celeste, como la bautizara el legendario cronista Ángel Fernández, se consolidaba como una verdadera locomotora que avasallaba todo.

Los recuerdos de esa época son atesorados en fotografías I Manuel Chirinos

Ello obligó a José Antonio Roca, que gustaba de la marcación “hombre a hombre”, solicitarle a Bernal que siguiera al “Chaplin”, pues se trataba de un delantero desequilibrante.

“Persíguelo en todo momento; no tienes que distraerte, tanto a la ofensiva como a la defensiva” le aconsejaba el “Míster” desde los entrenamientos de la semana.

Recién firmó Bernal con el Tampico, decidió invitar a una amiga a comer en el restaurante “Diligencias” cuando apareció en el lugar José Antonio Roca el cual simplemente lo saludó para después llamarlo aparte y preguntarle sobre qué estaba festejando para terminarle diciendo: “Hoy como es domingo, día de descanso se lo paso. Usted debe cuidar su imagen porque la persona que lo observe con una copa encima y lo vea cometer un error en el estadio va a asociar ese hecho con la cerveza. El jugador no es de dos horas en la mañana y dos horas en la tarde, no, el jugador es de 24 horas. Tenemos que ser profesionales todo el tiempo”.

La plaza de Tampico se hacía pesar. Los partidos se jugaban los domingos a las 3:30, con un calor que terminaba fundiendo al rival.

Francisco Bertocchi fue de los mejores extranjeros que vino a jugar a estos lares, apunta Bernal, además de capitán de la Jaiba Brava. También identifica como su maestro al “Bacho” Salazar pues fue un atleta con mucha experiencia y sobre todo una magnifica persona.

La tribuna donde más gente se concentraba era la parte baja del palco de Salvador Barragán Camacho ya que cada ocasión que metían gol, Barragán aventaba dinero. Bernal reconoce a la afición de Tampico no solo como una de las mejores, sino que es conocedora, fiel por delante, siempre que se le brinde honestidad futbolística y no se le quiera vender “espejitos”.

En aquel tiempo no se alcanzaba para grandes salarios, inclusive existían penurias económicas, aunque eso no importaba a la hora de jugar al futbol, ya que se entregaban en la cancha, y los adeptos sabían reconocerlos pues donde se paraban los jugadores los simpatizantes del equipo les convidaban jugos, licuados, almuerzos, invitaciones a comer. La gente en la playa se acercaba a saludarlos, a pedirles un autógrafo.

Manuel Chirinos I El Sol de Tampico

“Siempre he pensado que cuando te prodigas a una playera el aficionado se compromete y se entrega”, afirma Alfredo Bernal. El jugador del Cruz Azul colocó el esférico en el tiro de esquina, comenzando una danza épica de estrategias ofensivas y defensivas. El portero Anhielo exigía atención, requiriéndole a “La Chula” Bernal que ocupara el primer poste.

La pelota voló veleidosa creando expectación, mientras que en la meta se suscitaban rebotes, lucha física, empujones, hasta que la de gajos cae en los pies de Ceballos que no tiene marca y tira e incrusta la bola en la portería del Tampico. El silbatazo final se escucha y la pizarra indica 2 a 1 a favor Cruz Azul.

Eduardo Galeano menciona: “Los buenos jugadores de fútbol no necesitan ser titanes esculpidos por Miguel Ángel. En el fútbol, la capacidad es mucho más importante que la forma, y en muchos casos, la habilidad es el arte de convertir las limitaciones en virtudes”.

Y este aguerrido defensa lateral derecho “La Chula” Bernal lo sabía, que “el juego del hombre” es de lecciones y aprendizajes. Por eso mismo siguió dos temporadas más en el Tampico F. C., mostrando pundonor y entrega.

Con los años se retiró y tomó un curso de entrenador de futbol, dirigiendo a varios equipos de tercera y segunda división donde ha señalado que existe bastante joven con talento, solo hay que voltear para abajo y brindarles confianza y sobre todo una oportunidad de jugar.

Sobre su pasión el deporte, reconoce que éste brinda disciplina, te obsequia una carrera que vas formando con las temporadas que juegas; pero sobre todo, el balompié te brinda innumerables satisfacciones.

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