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EN EL DÍA DEL PADRE

Caminar pesado de aquel que va cargando piedras
que en su espalda lleva sin dolor ni queja,
sin sospechar siquiera cuanto es lo que pesan

Palabras sabias en noches de temor y de copas
que reprendían mi conducta,
que me causaban risa
que no comprendía porque enfermo me encontraba de juventud y de vida.

Hombre de ideas rancias que me enseñaron la obediencia y disciplina
y que con su ejemplo prodigaba la enseñanza de la vida.

Epítome de voluntad y deber,
de rectitud y trabajo
de esfuerzo y sencillez.

Hoy que viejo me encuentro, te recuerdo padre mío
Hoy que la vida me ha enseñado que no vale más el que más avanza
Sino aquél que ha podido cosechar en otros la madurez y la esperanza.

Gigante de abrazos largos y sueños cortados
de olor a trabajo y esfuerzo…
a maderas e incienso.

Caminante agotado de andar entre milpas y estrellas
Viejo de rodillas gastadas por hincarte a mi lado para jugar conmigo…
no importando la hora, no importando tu pena

De palabras duras que no entendía, pero que me enseñaron como el junco a doblarme sin quebrar, a crecer y no llorar…
a abrir puertas cerradas y volar aún sin alas.

Hoy te recuerdo padre con un dolor inmenso en mi alma
como el héroe que me enseñó a hacerme hombre
a saber que las piedras no pesan cuando en ellas se encuentra la rectitud y fortaleza.

Seguiré tus pasos mi viejo amado
y cuando el camino se acabe…
cuando mis pies cansados de andar un descanso reclamen,
tomando tu mano te diré al oído cuánto te he extrañado querido padre, mi amigo…

JULIA MERAZ MIGUELENA