/ domingo 14 de julio de 2019

Tras llegar a la Luna, sus protagonistas sobrevivieron a las tragedias

La misión Apolo 11 fue un hito sin precedentes y, sus protagonistas, Armstrong, Aldrin y Collins, se convirtieron en héroes

Cabo Cañaveral-. Fl. La misión Apolo 11 fue un hito sin precedentes y, sus protagonistas, Armstrong, Aldrin y Collins, se convirtieron en héroes dignos de epopeya griega. Sin embargo, no fue sencillo sobrellevar esa condición impuesta de superhombres.

Armstrong nunca supo lidiar con su popularidad e importancia histórica. Buzz Aldrin, quien le dio nombre al astronauta más famoso del cine, Buzz Lightyear, se sumergió en el alcoholismo que a punto estuvo de arruinar su vida por completo. Y Collins, el único que podía haber digerido la experiencia del Apolo 11 como algo frustrante, por paradójico que resulte, fue también el único que supo asimilar y valorar haber formado parte de un hito memorable.

Así se vivió el lanzamiento desde la NASA:


ALDRIN, LA DESOLACIÓN

"¿Y ahora qué? ¿Qué hace una persona cuando ha logrado el sueño de su carrera? ¿Qué hace un hombre a los 39 años tras haber caminado sobre la Luna?". Estas cuestiones abrumaban la mente del segundo hombre que pisó nuestro satélite, Edwin Buzz Aldrin, tras regresar de su histórica odisea.

La angustia existencial poslunar que encierran estas preguntas se compilan en la autobiografía Magnífica Desolación, título que corresponde a los términos en que definió el paisaje lunar.

Foto: Reuters

Para Aldrin, ente competitivo por deformación profesional militar, siempre fue una losa ser recordado como "el segundo" hombre que pisó la Luna.

Su falta de capacidad para asimilar el regreso a la Tierra, la desatención psicológica del gobierno y unos antecedentes familiares truculentos, le provocaron el hundimiento en un alcoholismo depresivo que destrozó su matrimonio, su economía y su salud. Él había dejado su huella en la Luna y la Luna había dejado huella en él.

Su madre y su abuelo se habían suicidado años atrás y Aldrin siempre asumió su depresión como una herencia genética inevitable.

En la década de los 70, tras volver a la Fuerza Aérea y formar parte de varios proyectos de investigación aeroespacial, trató de mantener su economía vendiendo automóviles Cadillacs en Beverly Hills. Se divorció de su primera esposa después de casi 20 años de matrimonio y recurrió al alcohol siempre que las cosas no iban como esperaba.

Durante esa década se materializaron las consecuencias de sus excesos: las organizaciones para las que trabajaba como consultor dejaron de confiar en él, rompió con su segunda esposa, tuvo un accidente de coche y fue arrestado por conducir ebrio.

Foto: Reuters

Finalmente, decidió enfrentarse a su depresión, su alcoholismo y sus traumas recurriendo a un equipo de psiquiatras que le ayudaron a poner los pies en la Tierra de forma definitiva.

Dejó de beber definitivamente en 1978 y su vida se estabilizó. Se volvió casar y comenzó a desarrollar varios proyectos aeroespaciales con el fin de alentar a los gobiernos y a la NASA a no abandonar la investigación espacial y seguir viajando a la Luna y a Marte.

El comando era pilotado por Michael Collins. / Foto: Reuters

Con este propósito ideó el proyecto Aldrin Cycler, una nave con capacidad para 50 astronautas que funcionaría como transporte periódico entre la Tierra y Marte, pero la NASA nunca llegó a concretar la idea de Aldrin.

Su último episodio escabroso tuvo que ver con la extendida creencia de que la misión Apolo 11 fue todo un montaje. En 2002, el cineasta Bart Sibrel, conocido defensor y promulgador de esta hipótesis, se acercó inquisitivamente a Aldrin en un hotel para instarle a reconocer la teoría del montaje.

Tras aguantar estoico ante las insistentes preguntas de Sibrel, el astronauta se terminó hartando y le propinó un puñetazo en la mandíbula, zanjando así el encontronazo.

COLLINS, EL PARADIGMA

La vida de Michael Collins, piloto de la misión Apolo 11, podría definirse como la antítesis de Aldrin. Recordado como el hombre que se quedó pululando por la órbita lunar mientras sus compañeros completaban uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad.

Sin embargo, Collins siempre se sintió afortunado por su proeza, siempre valoró su función en la misión y lo que hizo y nunca le atormentó lo que dejó de hacer.

Michael Collins. Foto Especial

En una entrevista concedida al diario argentino La Nación comentó algunos años después: "Siempre me consideré afortunado. Había treinta astronautas esperando para ocupar mi asiento, pero me eligieron a mí ¿Crees que además necesito caminar sobre la Luna para sentirme feliz?".

La vida de Collins tras la misión fue todo lo normal que puede ser una vida después de haber estado a más de 300 mil kilómetros de la Tierra.

Se mantuvo alejado de los focos y, a pesar de su relevancia histórica, siempre llevó una vida discreta. A diferencia de sus dos compañeros de expedición que terminaron divorciándose, Collins sigue casado con su mujer, Patricia, desde 1958, con la que tuvo tres hijos.

Su figura, y el hecho de haber estado solo en la nave Columbia mientras sus compañeros paseaban por la Luna durante 21 horas y 31 minutos, no ha pasado inadvertido en el mundo de la música.

El comando fue pilotado por Michael Collins. / Foto: Reuters

Varios grupos han recurrido a Collins durante las últimas décadas para personificar cierto sentimiento de impotencia y soledad.

En 1970 el grupo de rock inglés Jethro Tull lanzó en el disco “Benefit” que incluía la canción "For Michael Collins, Jeffrey and Me", en la que el cantante Ian Anderson comparaba sus sentimientos de inadaptación y los del bajista de la banda Jeffrey Hammond, con los que entendía que tuvo que sufrir Michael Collins durante el alunizaje de sus compañeros.

Anderson canta en ese tema: "No me quito de la cabeza que me he quedado atrás cuando debería estar ahí, caminando con vosotros".

La figura de Collins sigue siendo recurrente para la música en los últimos años. La banda The Boy Least Likely To lanzó, en 2013, la canción "Michael Collins", que equipara el sentimiento de soledad del astronauta, aislado de todo, con la soledad del individuo en la sociedad actual.

ARMSTRONG, EL PESO DE UN PASO

A su vez, la poca notoriedad de Michael Collins contrasta con la fama de Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. Sin embargo, esta conversión de humano a figura histórica nunca fue del agrado del astronauta.

Foto: @airandspace

El inevitable reconocimiento y consecuente ensalzamiento de su figura le convirtió en un símbolo de la nación estadounidense. Él optó por alejarse de todo aquello y retomar su condición humana, ejerciendo como profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Cincinnati.

Su carácter introvertido le hizo detestar ser una celebridad, más aún teniendo en cuenta las situaciones que esta le generaba. En 2005, demandó a su peluquero tras conocer que había vendido un mechón de su pelo por dos mil 600 dólares

Era el reclamo principal de las convenciones espaciales a las que asistía, y le abrumaba el simple hecho de que la gente le pidiera un autógrafo o una foto y siempre se mantuvo distante con los medios.

De los tres integrantes de la expedición, Armstrong es el único que no sigue con vida. En 2012, tras una cirugía en la que se le colocó un bypass vascular, su estado de salud fue empeorando progresivamente hasta fallecer solo tres semanas después de la intervención.

Cabo Cañaveral-. Fl. La misión Apolo 11 fue un hito sin precedentes y, sus protagonistas, Armstrong, Aldrin y Collins, se convirtieron en héroes dignos de epopeya griega. Sin embargo, no fue sencillo sobrellevar esa condición impuesta de superhombres.

Armstrong nunca supo lidiar con su popularidad e importancia histórica. Buzz Aldrin, quien le dio nombre al astronauta más famoso del cine, Buzz Lightyear, se sumergió en el alcoholismo que a punto estuvo de arruinar su vida por completo. Y Collins, el único que podía haber digerido la experiencia del Apolo 11 como algo frustrante, por paradójico que resulte, fue también el único que supo asimilar y valorar haber formado parte de un hito memorable.

Así se vivió el lanzamiento desde la NASA:


ALDRIN, LA DESOLACIÓN

"¿Y ahora qué? ¿Qué hace una persona cuando ha logrado el sueño de su carrera? ¿Qué hace un hombre a los 39 años tras haber caminado sobre la Luna?". Estas cuestiones abrumaban la mente del segundo hombre que pisó nuestro satélite, Edwin Buzz Aldrin, tras regresar de su histórica odisea.

La angustia existencial poslunar que encierran estas preguntas se compilan en la autobiografía Magnífica Desolación, título que corresponde a los términos en que definió el paisaje lunar.

Foto: Reuters

Para Aldrin, ente competitivo por deformación profesional militar, siempre fue una losa ser recordado como "el segundo" hombre que pisó la Luna.

Su falta de capacidad para asimilar el regreso a la Tierra, la desatención psicológica del gobierno y unos antecedentes familiares truculentos, le provocaron el hundimiento en un alcoholismo depresivo que destrozó su matrimonio, su economía y su salud. Él había dejado su huella en la Luna y la Luna había dejado huella en él.

Su madre y su abuelo se habían suicidado años atrás y Aldrin siempre asumió su depresión como una herencia genética inevitable.

En la década de los 70, tras volver a la Fuerza Aérea y formar parte de varios proyectos de investigación aeroespacial, trató de mantener su economía vendiendo automóviles Cadillacs en Beverly Hills. Se divorció de su primera esposa después de casi 20 años de matrimonio y recurrió al alcohol siempre que las cosas no iban como esperaba.

Durante esa década se materializaron las consecuencias de sus excesos: las organizaciones para las que trabajaba como consultor dejaron de confiar en él, rompió con su segunda esposa, tuvo un accidente de coche y fue arrestado por conducir ebrio.

Foto: Reuters

Finalmente, decidió enfrentarse a su depresión, su alcoholismo y sus traumas recurriendo a un equipo de psiquiatras que le ayudaron a poner los pies en la Tierra de forma definitiva.

Dejó de beber definitivamente en 1978 y su vida se estabilizó. Se volvió casar y comenzó a desarrollar varios proyectos aeroespaciales con el fin de alentar a los gobiernos y a la NASA a no abandonar la investigación espacial y seguir viajando a la Luna y a Marte.

El comando era pilotado por Michael Collins. / Foto: Reuters

Con este propósito ideó el proyecto Aldrin Cycler, una nave con capacidad para 50 astronautas que funcionaría como transporte periódico entre la Tierra y Marte, pero la NASA nunca llegó a concretar la idea de Aldrin.

Su último episodio escabroso tuvo que ver con la extendida creencia de que la misión Apolo 11 fue todo un montaje. En 2002, el cineasta Bart Sibrel, conocido defensor y promulgador de esta hipótesis, se acercó inquisitivamente a Aldrin en un hotel para instarle a reconocer la teoría del montaje.

Tras aguantar estoico ante las insistentes preguntas de Sibrel, el astronauta se terminó hartando y le propinó un puñetazo en la mandíbula, zanjando así el encontronazo.

COLLINS, EL PARADIGMA

La vida de Michael Collins, piloto de la misión Apolo 11, podría definirse como la antítesis de Aldrin. Recordado como el hombre que se quedó pululando por la órbita lunar mientras sus compañeros completaban uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad.

Sin embargo, Collins siempre se sintió afortunado por su proeza, siempre valoró su función en la misión y lo que hizo y nunca le atormentó lo que dejó de hacer.

Michael Collins. Foto Especial

En una entrevista concedida al diario argentino La Nación comentó algunos años después: "Siempre me consideré afortunado. Había treinta astronautas esperando para ocupar mi asiento, pero me eligieron a mí ¿Crees que además necesito caminar sobre la Luna para sentirme feliz?".

La vida de Collins tras la misión fue todo lo normal que puede ser una vida después de haber estado a más de 300 mil kilómetros de la Tierra.

Se mantuvo alejado de los focos y, a pesar de su relevancia histórica, siempre llevó una vida discreta. A diferencia de sus dos compañeros de expedición que terminaron divorciándose, Collins sigue casado con su mujer, Patricia, desde 1958, con la que tuvo tres hijos.

Su figura, y el hecho de haber estado solo en la nave Columbia mientras sus compañeros paseaban por la Luna durante 21 horas y 31 minutos, no ha pasado inadvertido en el mundo de la música.

El comando fue pilotado por Michael Collins. / Foto: Reuters

Varios grupos han recurrido a Collins durante las últimas décadas para personificar cierto sentimiento de impotencia y soledad.

En 1970 el grupo de rock inglés Jethro Tull lanzó en el disco “Benefit” que incluía la canción "For Michael Collins, Jeffrey and Me", en la que el cantante Ian Anderson comparaba sus sentimientos de inadaptación y los del bajista de la banda Jeffrey Hammond, con los que entendía que tuvo que sufrir Michael Collins durante el alunizaje de sus compañeros.

Anderson canta en ese tema: "No me quito de la cabeza que me he quedado atrás cuando debería estar ahí, caminando con vosotros".

La figura de Collins sigue siendo recurrente para la música en los últimos años. La banda The Boy Least Likely To lanzó, en 2013, la canción "Michael Collins", que equipara el sentimiento de soledad del astronauta, aislado de todo, con la soledad del individuo en la sociedad actual.

ARMSTRONG, EL PESO DE UN PASO

A su vez, la poca notoriedad de Michael Collins contrasta con la fama de Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. Sin embargo, esta conversión de humano a figura histórica nunca fue del agrado del astronauta.

Foto: @airandspace

El inevitable reconocimiento y consecuente ensalzamiento de su figura le convirtió en un símbolo de la nación estadounidense. Él optó por alejarse de todo aquello y retomar su condición humana, ejerciendo como profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Cincinnati.

Su carácter introvertido le hizo detestar ser una celebridad, más aún teniendo en cuenta las situaciones que esta le generaba. En 2005, demandó a su peluquero tras conocer que había vendido un mechón de su pelo por dos mil 600 dólares

Era el reclamo principal de las convenciones espaciales a las que asistía, y le abrumaba el simple hecho de que la gente le pidiera un autógrafo o una foto y siempre se mantuvo distante con los medios.

De los tres integrantes de la expedición, Armstrong es el único que no sigue con vida. En 2012, tras una cirugía en la que se le colocó un bypass vascular, su estado de salud fue empeorando progresivamente hasta fallecer solo tres semanas después de la intervención.

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