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Con un superávit comercial récord, Alemania se expone a críticas

  • AP
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BERLÍN, Alemania. (AFP) – Alemania registró en 2016 un superávit comercial récord gracias a unas exportaciones sin precedentes, lo que podría avivar las críticas a la política económica de Ángela Merkel, empezando por las de Donald Trump.

La primera economía europea exportó 252 mil 900 millones de euros más de lo que importó, anunció la Oficina Federal de Estadísticas. Es más que en 2014, cuando el excedente fue de 244 mil 300 millones de euros, y desde la crisis financiera de 2008-2009 esta cifra no ha dejado de aumentar.

Alemania también importa cada vez más (+0.6 por ciento hasta los 954 mil 600 millones de euros), especialmente productos agrícolas, gas natural, ropa o aparatos informáticos, pero el éxito fuera de sus fronteras del “Made in Germany”, maquinaria, productos químicos y en particular coches, es todavía mayor, puesto que las exportaciones aumentaron un 1.2 por ciento hasta los mil 207 billones de euros, una suma sin precedentes.

“El superávit comercial récord atizará el conflicto con Estados Unidos y la Unión Europea” que acusan regularmente a Alemania de aprovecharse de los otros países vendiéndoles sus productos, sin hacer nada a cambio para impulsar el consumo interno que podría beneficiar a estos últimos, señala el economista Marcel Fratzscher, del instituto DIW.

Considera que en este récord no hay “ninguna razón de estar orgulloso”. Los superávits de Alemania a menudo constituyen los déficits de sus principales
socios.

Alemania se mantiene muy por delante de países como Brasil, que cerró el año con un superávit comercial récord, aunque de 47 mil 692 millones de dólares, o de Japón, que logró el primero desde 2010, de 35 mil 800 millones de dólares.

El de China, aunque retrocedió, es todavía de 510 mil millones de dólares.

Aficionado a los coches alemanes, Estados Unidos (EU), el primer socio comercial de Alemania, agravó su déficit comercial hasta los 502 mil 200 millones de dólares.

Es la espina en el zapato del nuevo presidente Donald Trump, que se ha lanzado en una campaña para hacer que empleos y producción vuelvan a suelo estadunidense.

Falta de inversión

Su administración tiene a Alemania en el punto de mira. A fines de enero, un consejero del presidente estadunidense Donald Trump, Peter Navarro, acusó a Berlín de “explotar” a otros países de la Unión Europea (UE) y a EU con un euro “manifiestamente devaluado” para hacer que sus productos sean más competitivos.

La Canciller alemana Ángela Merkel rechazó la crítica recordando que no tenía influencia en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), elaborada para el conjunto de la zona euro.

El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, llegó a decir incluso que “no era un gran fan” de la política actual del BCE que reduce los ahorros de los alemanes con sus bajas tasas de interés.

Si la acusación de Donald Trump es más brutal, las críticas a los superávits alemanes no son nuevas.

Antes de él, Barack Obama, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y otros países como Francia criticaron el superávit de la balanza comercial alemana, exigiéndole que invirtiera ese dinero.

Más que las exportaciones, Marcel Fratzscher señala que la fuente del problema está en “la débil progresión de las importaciones como resultado de una gran falta de inversión”, que tiene “un costo económico elevado para Alemania”, sobre todo reduciendo su productividad, cuando inversiones más importantes “beneficiarían a sus vecinos
europeos”.

La cuestión de la falta de inversiones en un país que envejece es también fuente de polémica dentro de la propia Alemania.

Los conservadores de Ángela Merkel insisten en la importancia de no crear nuevas deudas, mientras los socialdemócratas exigen utilizar los superávits presupuestarios para fortalecer las infraestructuras. Será un tema importante con miras a las elecciones legislativas de septiembre.

El Estado alemán, fortalecido por una recaudación fiscal en alza y un alivio del peso de la deuda gracias a las bajas tasas de interés, aumentó sin embargo el gasto en los últimos años, para financiar, entre otros rubros, la acogida de los refugiados.