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Internet: El lado oscuro de la fuerza

El acceso al conocimiento y a las prácticamente infinitas conexiones que ofrece la red es uno de los fenómenos más transformadores de nuestro tiempo, pero implica también grandes peligros, especialmente para los niños y jóvenes.

Muchos abuelos y abuelos que aún se sienten y se conservan jóvenes, pero que vivieron su niñez en la era de la prehistoria electrónica, cuando recién estaba empezando el desarrollo tecnológico digital, se asombran al ver a su nieto de seis años manipulando el mouse o el teclado con la naturalidad de alguien que parece haber nacido para hacerlo. Inevitablemente también experimentan un sentimiento de orgullo por el que, ante su vista, es un pequeño genio.

Basta muy poco tiempo, a veces sólo algunos minutos, para que el pequeño domine el vocabulario básico de la red, luego de que un hermano, pariente o amigo más grande  le ha enseñado los rudimentos del mundo digital. Muy pronto ya es capaz de descargar música y videos, descubrir sitios que le interesan, participar en juegos online e intercambiar mensajes con sus compañeros.

El acceso al conocimiento y a las prácticamente infinitas conexiones que ofrece la red puede describirse como  el fenómeno social y tecnológico más transformador de nuestro tiempo. Pero esa maravillosa ventana hacia el mundo virtual implica también la posibilidad de dejar entrar sus peligros. Junto con gratificarse de los beneficios para la diversión y conocimiento de sus hijos, los padres y educadores deben preocuparse de ejercer control sobre los contenidos y efectos que pueden llegar a ser altamente nocivos.

Los abuelos y padres de esos niños que se desplazan a su anchas por la red crecieron escuchando que no había que abrirle la puerta a gente extraña, ni aceptar que un desconocido lo llevara en vehículo a alguna parte y ni siquiera hablar con personas que no pertenecieran a su ámbito cercano. En una situación exactamente a la inversa, esos adultos piensan que su hijo, tan inseguro e influenciable como ellos lo fueron a esa misma edad,  está mucho más protegido encerrado en su habitación, sin más compañía que su computador.

Sin embargo, ningún adulto responsable puede ignorar que hay un lado oscuro de la fuerza. Por definición, internet es un espacio de intercambio abierto y sin límites, en el que circulan toda clase de temas, propuestas e intereses, y con toda clase de intenciones. Prácticamente cualquier ser humano, desde niños pequeños hasta ancianos y en cualquier parte del mundo, puede encontrar lo que quiera y, más aún, lo que ni siquiera sabe si quiere o no quiere encontrar.

Prevenir riesgos no es tarea fácil, ni siquiera para los padres que se esfuerzan por establecer  límites y poner filtros contra la pornografía, los sitios de pedofilia y las invitaciones al odio,  el racismo, el bullying y la agresividad. Las luces rojas ante los peligros de la web se encendieron en  varios hogares, cuando una búsqueda de inocentes imágenes de Blancanieves para un trabajo escolar produjo como resultado una serie de fotos pornográficas con escenas de sexo explícito. Más grave aún fue el caso de la Ballena Azul, un amenazante juego que se viralizó rápidamente por internet en muchas partes del mundo, como un perverso desafío que impulsa a niños y adolescentes a automutilaciones, causar daño a otras personas e, incluso, a terminar con su propia vida.

En los colegios, la red social del Google se usa cada vez más para hablar mal de profesores y compañeros, con un alto contenido de discriminación, mensajes agresivos y fotomontajes ofensivos.  Otro dolor de cabeza para los docentes es la utilización de internet para hacer copias textuales de trabajos y presentarlos como propios, además del uso indiscriminado de falsedades y datos absurdos, que llevan a cometer errores graves en el material de investigación escolar. En el ámbito familiar, los problemas más frecuentes incluyen dar informaciones personales a extraños, como teléfono, dirección de su casa o de su colegio, difundir nombres de sus parientes y divulgar fotos suyas y de la familia por e-mail o instagram, sin tomar precauciones.