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Creatividad y empeño mantiene vigente a fábrica tampiqueña de bicicletas

  • Mirna Hernández
  • en Local

La pequeña fábrica de bicicletas sobre la esquina de Tamaulipas y Canseco, no pasa inadvertida para nadie, pues una fracción de la calle sirve para exhibir los coloridos modelos de cuatriciclos, columpios y balancines que desde hace mas de 40 años son manufacturados en el taller artesanal, tal vez el único de su tipo en Tamaulipas.

La creatividad y empeño de su dueño, mantienen viva a la micro empresa “Cicilismo Tamaulipas” , situada en el centro de este puerto, desde hace cuatro décadas y ahora con más ganas y oportunidades de crecer, pues el Internet le abrió las puertas a un inmenso mercado deseoso de consumo y ansioso de comprar bicicletas para todos los gustos y tamaños.

El tampiqueño Javier Quinto Ollervides dice que de su abuelo y su padre Ramón heredo el amor por el oficio de reparar y después armar bicicletas. En su infancia aprendió esa tarea y supo que era lo suyo, porque tenía la habilidad de esmaltar y crear.


CREATIVIDAD Y DURABILIDAD


El tiempo le dio la razón y un día decidió instalar su propio taller, dominando el arte de ensamblar y diseñar no sólo bicicletas comunes, sino también las deportivas, infantiles, familiares, llamadas cuatriciclos, tricicletas, triciclos y otra más especiales para discapacitados.

Se trata de la única fábrica artesanal de bicis en Tamaulipas, aunque si hay otras en la Ciudad de México, donde al igual que en la suya todo se hace a mano, de mayor resistencia y con capacidad de soportar el uso rudo de hasta treinta años.

En el país ese mercado es principalmente atendido por importaciones provenientes de China, India, Taiwan y hasta Camboya, pero el material es plástico, de poca resistencia y durabilidad que no compiten con las manufacturas hechas en México.

En los tres cuartos de tamaño mediano que conforman el taller, situado a una cuadra del Parque Méndez, lo llenan equipos como cortadoras, pulidoras, taladros, máquinas de soldar y dobladores de tubo utilizados para fabricar también distintos modelos de columpios, mecedoras y balancines.

Don Javier es padre de cuatro hijas y a todas les enseñó esa tarea y una de ellas se ha quedado con el taller y ahora junto a su esposo, Joel Olivares Castillo, son el brazo fuerte del pequeño empresario, quienes desean inyectarlo su sangre nueva, ganar mercado y reposicionarlo aprovechando su gran futuro.

Joel y otro trabajador más, son los únicos empleados y junto con don Javier se encargan de diseñar crear y fabricar.


SANGRE NUEVA


El joven tiene ahora la encomienda de sacar adelante y hacer crecer el negocio y desde hace ocho años participa en esa tarea. Estudió hasta preparatoria y obtuvo la certificación de soldador especializado, pero ahora tiene interés en capacitarse en la administración empresarial e ir en busca de financiamiento para catapultar la pequeña empresa.

Se desenvuelve con rapidez y en la entrevista habla del futuro del establecimiento y asegura que el internet es una gran ayuda, porque los compradores acuden con los modelos y con ellos se guían para fabricar lo que el cliente quiere.

Los precios más bajos que la competencia, que son los grandes fabricantes, pero con una gran diferencia, porque esta empresa ofrece armados a mano y si bien algunas piezas son similares, tienen la garantía de muchos años de vida.

El propósito es atender una parte de los requerimientos de velocípedos, hoy de moda nuevamente, gracias a los amantes del ejercicio, ofreciendo artículos novedosos no sólo para un conductor, sino para las familias que gustan de pasear en las bicis.

En México, las importaciones de esos productos se ha incrementado en más de cuatro veces, en los últimos años, las industrias nacionales desaparecieron, sin embargo esta familia tampiqueña apuesta a la sobrevivencia y aprovecha el gran potencial que le ofrece el mercado.