/ lunes 1 de julio de 2019

Hellmut; artista sin límites

Por igual gatos mirando la luna que libélulas revoloteando al sol, corazones y un sinfín de olas llenan las decenas de piezas artísticas que ha desarrollado en el último año que se ha dedicado al arte de la pintura

Alegre, extrovertido, amable, pero sobre todo talentoso, es Hellmut Villanueva Beicker, quien además de cantar a toda voz temas de banda y reguetón, pinta con dedicación bellos paisajes salpicados de luz, sombras y color.

Por igual gatos mirando la luna que libélulas revoloteando al sol, corazones y un sinfín de olas llenan las decenas de piezas artísticas que ha desarrollado en el último año que se ha dedicado al arte de la pintura.

El diagnóstico de síndrome de Down en nada ha impedido su desarrollo, ya que con veinte años de edad el joven tampiqueño mantiene una interacción plena y cordial con las personas a su alrededor de quien se gana de inmediato el cariño y la confianza.

Pese a la dificultad que presenta en el lenguaje claramente se da a entender y concede una entrevista a El Sol de Tampico, donde deja en claro su pasión por la pintura, así como su incondicional amor a su madre, la señora Hortensia Beicker.

Entre todos sus cuadros destaca uno, se trata de dos siluetas agarradas de la mano, una en color amarillo y otra en rojo, parados frente al mar: “es mi mamá y yo, siempre juntos”, dice el artista.

Tiene 20 años y apenas uno dedicado a esta actividad, pero ya aprendió a barnizar sus propios cuadros y a mezclar colores, dando tonalidades variadas y ricas en cada una de sus obras, asegurando que su pintor favorito es él mismo.

“Yo soy diferente”, dice Hellmut, “porque a veces pinto y ellos -la gente que se dice normal- no pueden, por eso es que soy diferente”.

Cada una de sus piezas tiene un costo de mil pesos, “y si compras dos son dos mil pesos”, asegura el artista que ya ha montado dos muestras en la Casa de la Cultura y tiene una más permanente en el restaurante “El Lindero” de avenida Universidad.

Mediante Facebook le han hecho pedidos para Los Cabos, León y Chiapas, mientras que un hospital en California, Estados Unidos, quiere poner sus cuadros como decoración.

Su rutina es como la de muchos jóvenes que se duermen tarde y se levantan ya cerca del mediodía, para después desayunar gorditas de “La Corona” o tacos de barbacoa, que es su comida favorita; dedica dos horas o más a la clase de pintura, después al gimnasio, así como a clases de apoyo al lenguaje y próximamente de música.

Se preparó en una escuela regular, en el Colegio Franco-Italiano, donde cursó hasta la preparatoria, “ya no quise estudiar la universidad”, asegura el joven quien no estaba dispuesto a levantarse temprano.

“De vez en cuando me porto mal”, dice el vivaz joven quien reconoce la entrega de su mamá: “ella me dedicó toda la vida, me educó, es una mamá guapa”.

ENTRE BANDA Y COLORES

Hellmut tiene otra debilidad que es la música, tomando cada una de sus clases de pintura con temas a todo volumen de sus artistas favoritos que por lo general se trata de bandas norteñas, y cuando le varía un poco, artistas de reguetón.

Mientras pinta, canta, y mientras canta, pinta, ya que su objetivo primordial es tener una banda, como la MS, por lo que su plan está ya bien diseñado y será por medio de la venta de cuadros que logrará comprar instrumentos y contratar músicos.

Y no es un improvisado, ya que en los conciertos que ha asistido en Tamaulipas y Sinaloa ha logrado alternar en el escenario con artistas como Julión Álvarez, Chuy Lizárraga, la Banda Limón, Banda MS, Joan Sebastian, Calibre 50 y del género reguetón con Wisin y Yandel, que le regalaron las baquetas de su batería.

Sus “rolas” favoritas son “A lo mejor”, “No me pidas perdón”, “Solo con verte” y “Piénsalo”, cuya letra se sabe de inicio a fin.

SE ENOJA CON DIOS

Las 24 horas a su lado está su madre, la señora Hortensia Beicker, quien asegura que el menor de sus tres hijos siempre ha sido muy listo, mas reconoce que cuando llegó “fue un golpe terrible para mí porque no estábamos preparados para tener a un niño diferente”.

Los años han ido pasando y ambos se complementan, son amigos y confidentes, “cuando platicamos se enoja con Dios porque lo mandó diferente, él quiere manejar, salir solo, irse en la noche, tener novia e hijos y entonces reclama mucho”.

Le explica que Dios lo eligió a él para ser distinto al resto y ser consentido en todos lados.

Hortensia, directora de una empresa de cosméticos, decidió renunciar a su trabajo como maestra de la Universidad para dedicarse por completo a Hellmut, quien está rodeado del amor de los suyos al ser el más pequeño de sus dos hermanos.

SU MENTORA

Al dejar de estudiar fue necesario desarrollar otra actividad y basándose en su talento de dibujar en las cartas que enviaba a su madre, repletas de corazones y colores, decidieron que sería preparado en pintura.

Llegó entonces a su vida Nelly Arreola, a quien identifica como “La Guapa Nelly”, quienes han logrado tener mucho más que una relación de mentora y discípulo.

Arquitecta de profesión y destacada en varias disciplinas, la formadora describe a Hellmut como “un muchacho muy inteligente, capaz, cariñoso y carismático, que permite que le enseñes y que ha desarrollado cosas interesantes”.

Sus cuadros plasman lo que está sintiendo en ese momento, “yo lo voy orientando, pero él establece qué está pasando en cada cuadro”.

El gusto por la música de Hellmut se ha contagiado a Nelly quien sin saberlo ya conoce temas de banda que termina bailándolos.

Empezaron haciendo gatos y lunas, ahora está metido en el agua, el mar, las sirenas, los pescados y los atardeceres, “cuando no quiere hacer algo simplemente no lo hace”.

Escoge los colores, hace las mezclas, sabe los tiempos que requiere en el secado y en ocasiones tiene más de una obra iniciada, “cuando surge en mi vida Hellmut ha llenado muchos de mis espacios, prefiero estar aquí haciendo arte con él que otras cosas”.

En los cuadros de Hellmut abundan los colores firmes, los degradados y texturas en ocasiones melancólicas, aunque sin duda la vida que pone el sol, el mar en su oleaje y una libélula en pleno vuelo representa el reto que para este artista ha representado aceptarse el reto de todos los días renacer.


SUS OBRAS

  • 60 piezas En California, Estados Unidos, un hospital quiere poner sus cuadros como decorativos



Alegre, extrovertido, amable, pero sobre todo talentoso, es Hellmut Villanueva Beicker, quien además de cantar a toda voz temas de banda y reguetón, pinta con dedicación bellos paisajes salpicados de luz, sombras y color.

Por igual gatos mirando la luna que libélulas revoloteando al sol, corazones y un sinfín de olas llenan las decenas de piezas artísticas que ha desarrollado en el último año que se ha dedicado al arte de la pintura.

El diagnóstico de síndrome de Down en nada ha impedido su desarrollo, ya que con veinte años de edad el joven tampiqueño mantiene una interacción plena y cordial con las personas a su alrededor de quien se gana de inmediato el cariño y la confianza.

Pese a la dificultad que presenta en el lenguaje claramente se da a entender y concede una entrevista a El Sol de Tampico, donde deja en claro su pasión por la pintura, así como su incondicional amor a su madre, la señora Hortensia Beicker.

Entre todos sus cuadros destaca uno, se trata de dos siluetas agarradas de la mano, una en color amarillo y otra en rojo, parados frente al mar: “es mi mamá y yo, siempre juntos”, dice el artista.

Tiene 20 años y apenas uno dedicado a esta actividad, pero ya aprendió a barnizar sus propios cuadros y a mezclar colores, dando tonalidades variadas y ricas en cada una de sus obras, asegurando que su pintor favorito es él mismo.

“Yo soy diferente”, dice Hellmut, “porque a veces pinto y ellos -la gente que se dice normal- no pueden, por eso es que soy diferente”.

Cada una de sus piezas tiene un costo de mil pesos, “y si compras dos son dos mil pesos”, asegura el artista que ya ha montado dos muestras en la Casa de la Cultura y tiene una más permanente en el restaurante “El Lindero” de avenida Universidad.

Mediante Facebook le han hecho pedidos para Los Cabos, León y Chiapas, mientras que un hospital en California, Estados Unidos, quiere poner sus cuadros como decoración.

Su rutina es como la de muchos jóvenes que se duermen tarde y se levantan ya cerca del mediodía, para después desayunar gorditas de “La Corona” o tacos de barbacoa, que es su comida favorita; dedica dos horas o más a la clase de pintura, después al gimnasio, así como a clases de apoyo al lenguaje y próximamente de música.

Se preparó en una escuela regular, en el Colegio Franco-Italiano, donde cursó hasta la preparatoria, “ya no quise estudiar la universidad”, asegura el joven quien no estaba dispuesto a levantarse temprano.

“De vez en cuando me porto mal”, dice el vivaz joven quien reconoce la entrega de su mamá: “ella me dedicó toda la vida, me educó, es una mamá guapa”.

ENTRE BANDA Y COLORES

Hellmut tiene otra debilidad que es la música, tomando cada una de sus clases de pintura con temas a todo volumen de sus artistas favoritos que por lo general se trata de bandas norteñas, y cuando le varía un poco, artistas de reguetón.

Mientras pinta, canta, y mientras canta, pinta, ya que su objetivo primordial es tener una banda, como la MS, por lo que su plan está ya bien diseñado y será por medio de la venta de cuadros que logrará comprar instrumentos y contratar músicos.

Y no es un improvisado, ya que en los conciertos que ha asistido en Tamaulipas y Sinaloa ha logrado alternar en el escenario con artistas como Julión Álvarez, Chuy Lizárraga, la Banda Limón, Banda MS, Joan Sebastian, Calibre 50 y del género reguetón con Wisin y Yandel, que le regalaron las baquetas de su batería.

Sus “rolas” favoritas son “A lo mejor”, “No me pidas perdón”, “Solo con verte” y “Piénsalo”, cuya letra se sabe de inicio a fin.

SE ENOJA CON DIOS

Las 24 horas a su lado está su madre, la señora Hortensia Beicker, quien asegura que el menor de sus tres hijos siempre ha sido muy listo, mas reconoce que cuando llegó “fue un golpe terrible para mí porque no estábamos preparados para tener a un niño diferente”.

Los años han ido pasando y ambos se complementan, son amigos y confidentes, “cuando platicamos se enoja con Dios porque lo mandó diferente, él quiere manejar, salir solo, irse en la noche, tener novia e hijos y entonces reclama mucho”.

Le explica que Dios lo eligió a él para ser distinto al resto y ser consentido en todos lados.

Hortensia, directora de una empresa de cosméticos, decidió renunciar a su trabajo como maestra de la Universidad para dedicarse por completo a Hellmut, quien está rodeado del amor de los suyos al ser el más pequeño de sus dos hermanos.

SU MENTORA

Al dejar de estudiar fue necesario desarrollar otra actividad y basándose en su talento de dibujar en las cartas que enviaba a su madre, repletas de corazones y colores, decidieron que sería preparado en pintura.

Llegó entonces a su vida Nelly Arreola, a quien identifica como “La Guapa Nelly”, quienes han logrado tener mucho más que una relación de mentora y discípulo.

Arquitecta de profesión y destacada en varias disciplinas, la formadora describe a Hellmut como “un muchacho muy inteligente, capaz, cariñoso y carismático, que permite que le enseñes y que ha desarrollado cosas interesantes”.

Sus cuadros plasman lo que está sintiendo en ese momento, “yo lo voy orientando, pero él establece qué está pasando en cada cuadro”.

El gusto por la música de Hellmut se ha contagiado a Nelly quien sin saberlo ya conoce temas de banda que termina bailándolos.

Empezaron haciendo gatos y lunas, ahora está metido en el agua, el mar, las sirenas, los pescados y los atardeceres, “cuando no quiere hacer algo simplemente no lo hace”.

Escoge los colores, hace las mezclas, sabe los tiempos que requiere en el secado y en ocasiones tiene más de una obra iniciada, “cuando surge en mi vida Hellmut ha llenado muchos de mis espacios, prefiero estar aquí haciendo arte con él que otras cosas”.

En los cuadros de Hellmut abundan los colores firmes, los degradados y texturas en ocasiones melancólicas, aunque sin duda la vida que pone el sol, el mar en su oleaje y una libélula en pleno vuelo representa el reto que para este artista ha representado aceptarse el reto de todos los días renacer.


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