/ jueves 19 de septiembre de 2019

La lección que olvidó Tampico

Todo comenzó mientras las familias dormían, una incesante precipitación empezó inundar el puerto, era una llovizna que golpeaba con insistencia las paredes de las casas

Todo comenzó mientras las familias dormían, una incesante precipitación empezó inundar el puerto, era una llovizna que golpeaba con insistencia las paredes de las casas, pocos advirtieron que ese fenómeno, esa lluvia horizontal, era el inicio de la más grande destrucción que ha vivido la región.

Muchos habitantes del puerto se fueron a dormir la noche de aquel domingo 18 de septiembre de 1955, esperanzados en que todo iría bien, pero en la primera hora del 19 sonó la alerta en el observatorio meteorológico, “Hilda” había tomado rumbo en el último minuto, este giro le cambió la suerte a la ciudad.

Para las 2 de la mañana, de ese día, los vientos del ciclón alcanzaban ya los 230 kilómetros por hora, antes del alba populosas colonias como la Tamaulipas, Guadalupe Victoria, Cascajal, Del Pueblo y Árbol Grande entre otras estaban siendo arrasadas por la fuerza del huracán.

A las 4:00 horas el huracán había alcanzado ya los 270 kilómetros por hora en sus vientos y nadie imaginaba aún el panorama que se esperaba con el nuevo día, pues al amparo de la noche el Huracán había terminado ya con decenas de vidas y un sinnúmero de viviendas a lo largo de su trayectoria.

La mañana del lunes 19 de septiembre ha sido una de las más difíciles de Tampico, pero apenas empezaba la tragedia, las cifras oficiales reportaron sólo 26 personas fallecidas, en su mayoría niños y mujeres, además de 400 heridos, así como centenares de casas arrasadas y miles dañadas.

Once mil tampiqueños más solicitaron refugio, tuvieron que ser agrupados en la plaza principal y entre los árboles derribados se comenzaron a improvisar cobertizos para los damnificados, un enorme ejército de personas empezó a invadir la ciudad, bajo la pertinaz lluvia que dejó el fenómeno, familiares se buscaban entre sí; avanzaba el día y el desastre empezaba asomar su magnitud.

Antes del “Hilda”, el huracán “Gladys” había impactado la zona y unos días después “Janet”, se acercó hasta el límite de Veracruz y fue a impactarse en Tuxpan; “Sólo una tempestad y vientos moderados a fuertes, trajo esta vez el nuevo meteoro”, sin embargo la gran cantidad de lluvia hizo ceder las presas y el caos dio comienzo.

El 2 de octubre de 1955, otro domingo negro en la historia del puerto, en menos de 4 horas el agua alcanzó los 2 metros de altura y seguía creciendo, familias que salieron a realizar actividades por la mañana, ya no pudieron regresar a sus hogares en la tarde, un nuevo terror cubría ya gran parte de la ciudad convirtiéndola poco a poco en una tumba líquida, una inundación que causa todavía escalofríos a quien la recuerda.

Apenas inició la catástrofe y las autoridades fueron rebasadas en todos los aspectos, el agua crecería hasta abarcar 6 kilómetros cuadrados, con un pico máximo de 5.88 metros altura y corrientes que llegaron en algunos puntos a las 16 millas y los damnificados se dispararían hasta alcanzar la escalofriante cifra de 52 mil, la mitad de los habitantes del puerto, en aquel entonces.

Ante la magnitud de esta hecatombe natural precisar datos como el anterior se torna arriesgado, sin embargo las cifras oficiales existen y entre ellas el aproximado de muertes: entre 10 mil y 12 mil personas; 52 mil damnificados, 15 mil en albergues públicos y 37 mil en casas de particulares; 20 mil cabezas de ganado y decenas de miles de hectáreas de cultivo perdidas.

Para quienes vivieron aquellas dantescas escenas, ya nada fue igual, el sólo anuncio de un ciclón creaba una histeria colectiva, la generación del “Hilda” se acaba y con ella la lección que la ciudad no ha sabido aprender ni valorar, pues ahora los riesgos son mayores al estar construcciones en el paso natural del agua y no contar con un conciencia sobre como actuar en caso de una catástrofe.

En este momento se está viendo como el agua recobra su cauce, en las diversas inundaciones que se presentan en varias zonas, hay que recordar que después de la inundación de 1955, la ciudad tuvo un orden y los cauces naturales estaban abiertos, para que el desaforo pluvial fuera más rápido, en este momento se están obstruyendo esos cauces.

Hoy día el impacto de un fenómeno igual al del ese año sería de mayor magnitud, incluso la sola llegada de un huracán de mediana categoría ya implica un alto riesgo, ya que actualmente existen factores que empeoran las cosas, como la disminución alarmante del cordón litoral, los cientos de anuncios espectaculares, las líneas de gas, especies como cocodrilos, la falta de espacios hospitalarios, además que hoy habitan en la zona metropolitana más de un millón de personas.

En la imaginaria colectiva ahora toma forma la idea de una protección “Alternativa”, por llamarlo de alguna forma, que impide la llegada de los meteoros, sin embargo las autoridades han dicho que el impacto de un huracán es real y que la memoria del agua ya se ha demostrado en muchas ocasiones la última en el 2017, con severas inundaciones.

El Hilda dejó varias preguntas que a 64 años todavía no se responden, dejó también una lección que Tampico prefiere olvidar y una herida abierta en muchas familias que sufrieron la hecatombe. Hoy el puerto es una de las pocas ciudades que no se inmutan ante la presencia de huracanes, pero el agua tiene más memoria que las personas y los marcianos no tienen palabra de honor.

Todo comenzó mientras las familias dormían, una incesante precipitación empezó inundar el puerto, era una llovizna que golpeaba con insistencia las paredes de las casas, pocos advirtieron que ese fenómeno, esa lluvia horizontal, era el inicio de la más grande destrucción que ha vivido la región.

Muchos habitantes del puerto se fueron a dormir la noche de aquel domingo 18 de septiembre de 1955, esperanzados en que todo iría bien, pero en la primera hora del 19 sonó la alerta en el observatorio meteorológico, “Hilda” había tomado rumbo en el último minuto, este giro le cambió la suerte a la ciudad.

Para las 2 de la mañana, de ese día, los vientos del ciclón alcanzaban ya los 230 kilómetros por hora, antes del alba populosas colonias como la Tamaulipas, Guadalupe Victoria, Cascajal, Del Pueblo y Árbol Grande entre otras estaban siendo arrasadas por la fuerza del huracán.

A las 4:00 horas el huracán había alcanzado ya los 270 kilómetros por hora en sus vientos y nadie imaginaba aún el panorama que se esperaba con el nuevo día, pues al amparo de la noche el Huracán había terminado ya con decenas de vidas y un sinnúmero de viviendas a lo largo de su trayectoria.

La mañana del lunes 19 de septiembre ha sido una de las más difíciles de Tampico, pero apenas empezaba la tragedia, las cifras oficiales reportaron sólo 26 personas fallecidas, en su mayoría niños y mujeres, además de 400 heridos, así como centenares de casas arrasadas y miles dañadas.

Once mil tampiqueños más solicitaron refugio, tuvieron que ser agrupados en la plaza principal y entre los árboles derribados se comenzaron a improvisar cobertizos para los damnificados, un enorme ejército de personas empezó a invadir la ciudad, bajo la pertinaz lluvia que dejó el fenómeno, familiares se buscaban entre sí; avanzaba el día y el desastre empezaba asomar su magnitud.

Antes del “Hilda”, el huracán “Gladys” había impactado la zona y unos días después “Janet”, se acercó hasta el límite de Veracruz y fue a impactarse en Tuxpan; “Sólo una tempestad y vientos moderados a fuertes, trajo esta vez el nuevo meteoro”, sin embargo la gran cantidad de lluvia hizo ceder las presas y el caos dio comienzo.

El 2 de octubre de 1955, otro domingo negro en la historia del puerto, en menos de 4 horas el agua alcanzó los 2 metros de altura y seguía creciendo, familias que salieron a realizar actividades por la mañana, ya no pudieron regresar a sus hogares en la tarde, un nuevo terror cubría ya gran parte de la ciudad convirtiéndola poco a poco en una tumba líquida, una inundación que causa todavía escalofríos a quien la recuerda.

Apenas inició la catástrofe y las autoridades fueron rebasadas en todos los aspectos, el agua crecería hasta abarcar 6 kilómetros cuadrados, con un pico máximo de 5.88 metros altura y corrientes que llegaron en algunos puntos a las 16 millas y los damnificados se dispararían hasta alcanzar la escalofriante cifra de 52 mil, la mitad de los habitantes del puerto, en aquel entonces.

Ante la magnitud de esta hecatombe natural precisar datos como el anterior se torna arriesgado, sin embargo las cifras oficiales existen y entre ellas el aproximado de muertes: entre 10 mil y 12 mil personas; 52 mil damnificados, 15 mil en albergues públicos y 37 mil en casas de particulares; 20 mil cabezas de ganado y decenas de miles de hectáreas de cultivo perdidas.

Para quienes vivieron aquellas dantescas escenas, ya nada fue igual, el sólo anuncio de un ciclón creaba una histeria colectiva, la generación del “Hilda” se acaba y con ella la lección que la ciudad no ha sabido aprender ni valorar, pues ahora los riesgos son mayores al estar construcciones en el paso natural del agua y no contar con un conciencia sobre como actuar en caso de una catástrofe.

En este momento se está viendo como el agua recobra su cauce, en las diversas inundaciones que se presentan en varias zonas, hay que recordar que después de la inundación de 1955, la ciudad tuvo un orden y los cauces naturales estaban abiertos, para que el desaforo pluvial fuera más rápido, en este momento se están obstruyendo esos cauces.

Hoy día el impacto de un fenómeno igual al del ese año sería de mayor magnitud, incluso la sola llegada de un huracán de mediana categoría ya implica un alto riesgo, ya que actualmente existen factores que empeoran las cosas, como la disminución alarmante del cordón litoral, los cientos de anuncios espectaculares, las líneas de gas, especies como cocodrilos, la falta de espacios hospitalarios, además que hoy habitan en la zona metropolitana más de un millón de personas.

En la imaginaria colectiva ahora toma forma la idea de una protección “Alternativa”, por llamarlo de alguna forma, que impide la llegada de los meteoros, sin embargo las autoridades han dicho que el impacto de un huracán es real y que la memoria del agua ya se ha demostrado en muchas ocasiones la última en el 2017, con severas inundaciones.

El Hilda dejó varias preguntas que a 64 años todavía no se responden, dejó también una lección que Tampico prefiere olvidar y una herida abierta en muchas familias que sufrieron la hecatombe. Hoy el puerto es una de las pocas ciudades que no se inmutan ante la presencia de huracanes, pero el agua tiene más memoria que las personas y los marcianos no tienen palabra de honor.

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