/ sábado 26 de enero de 2019

Vivir con el diablo en las aguas

En 2016 inició la crisis pesquera en la región causada por este pez, que llegó de Brasil a estas aguas

Hace 8 años trajeron hasta el Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIP), ubicado en la zona de la Isleta en Tampico, un espécimen jamás visto en las aguas de la región, su cuerpo estaba cubierto de verrugas y espinas, con modificaciones en sus branquias y aletas. “Lo encontramos caminando afuera del río”, dijo el pescador al investigador Leobardo García.

Sin saberlo estaban ante el principio de una catástrofe, pues con la reproducción de este pez inició un apocalipsis en los ríos de la zona, exterminando a otras especies hasta bajar la producción pesquera en un 70%, pues devoraba todo a su paso, atacando por las noches y con la habilidad de escapar “caminando” por la orilla si se veía amenazado.

Muy rápido se le consideró como una de las plagas más lesivas en las aguas de los ríos Pánuco y Tamesí, afectando a por lo menos 1,500 pescadores de diversas cooperativas ubicadas en Pánuco y Pueblo Viejo en el estado de Veracruz, además de Altamira y González en Tamaulipas, generando la migración de los trabajadores del mar a otros oficios por las pérdidas que causa al romper los avíos de pesca.

El presidente de los comerciantes de pescados y mariscos del río Tamesí, Alberto Marín Flores señala: “Especies como el catán, guabina, robalo, tilapia y carpa casi fueron extinguidas por el llamado pez Diablo, al ser uno de los depredadores más voraces que se han visto en muchos años en la zona, provocando escasez de productos y pérdidas a los pescadores, así como a los comerciantes a lo largo de los últimos años”.

Ante la problemática que se presentaba en las aguas, con la falta de control de esta especie, que hacía honor a su nombre, se creó la “Asociación Capturera del Pez Diablo de Tampico”, donde participó la iniciativa privada, solicitando la intervención de instituciones de investigación, educativas enfocadas en el mar y autoridades de los órdenes de gobierno para contener la depradación.

Felipe Bracho Ugarte, presidente de esta asociación, comentó que el Diablo fue sacado del Amazonas y llegó desde Brasil hasta estas aguas y otras latitudes de México, “parece como si hubieran hecho una modificación genética por las características que presenta, pues tiene muchas resistencias y es capaz de salir del agua y aguantar varias horas fuera”.

Indica que ante la problemática que se presentaba se reunieron con investigadores del Tecnológico de Monterrey, el Centro Estudios Tecnológicos del Mar, Conagua y la Secretaría de Pesca para iniciar una investigación conjunta, sin embargo en un primer momento esto no prosperó y los estudios los tuvieron que realizar solos.

Al Hypostomus plecostomus, nombre científico de la especie, también se le conoce como “El limpiador de peceras”, afirma Bracho Ugarte, por la fuerte capacidad que tiene para succionar, la cual utiliza para comer los huevecillos de otras especies eliminándolas desde su gestación y luego atacando a otros peces para comerlos también.

“En un tiro de red a las 9 de la mañana, pude sacar hasta 90 piezas en la Laguna del Chairel, que es el vaso lacuste de donde las poblaciones de Tampico y Madero toman su agua potable, y a las 13:00 horas en el mismo lugar la cantidad subió a 120, pero a la una de la madrugada se sacó casi media tonelada de pez Diablo, lo que indica el tamaño de la infestación en el sistema lagunario del Tamesí”, añade.

Expone que el pez Diablo pone sus huevos a unos 20 centímetros de profundidad y los entierra como las tortugas, depositando la hembra entre 4 y 5 mil crías, que en su mayoría se gestan y se reproducen cada cuatro meses, lo que hace que la especie crezca de manera exorbitante en las aguas, invadiendo todos los afluentes.

Retomando los estudios del organismo civil, la Secretaría de Pesca y Acuacultura de Tamaulipas inició un estudio de la especie para determinar la “Distribución y Abundancia”, que lleva -según afirma el titular de la dependencia- Raúl Ruiz Villegas, un avance del 70% y esperan que durante el primer semestre de este 2019 se concluya.

El proceso de investigación se realiza en conjunto con la Universidad Tecnológica del Mar de Tamaulipas (UTMART) y según los primeros resultados con respecto a los niveles de metales pesados como mercurio, cadmio y plomo están por debajo del 0.5 del máximo permitido por la NOM-242-SSA1-2009, aunque falta la exploración en zonas de alta contaminación.

“Hasta ahora los resultados obtenidos abren un abanico de posibilidades en beneficio de los tamaulipecos; si la tendencia de investigación favorable de la especie se mantiene hasta el mes de abril, cuando concluimos el análisis, el pez Diablo podrá ser considerado como un ingrediente más en el cuadro de alimentación familiar, al poder ser un producto de consumo humano”, afirmó el funcionario estatal.

Para los pescadores que vivieron el apocalipsis que estalló en 2016 en las aguas de los sistemas lagunarios, los avances en los estudios son noticias muy favorables, pues se ha empezado a gestar una industria alrededor de la especie que se empezó a utilizar en el sector de la comida rápida con harinas y en el cosmético por su alto contenido en colágeno.

“Ahora nos compran el kilo de filete de Diablito en 20 pesos, aunque por la poca carne que tiene se deben de sacar unos 150 kilos para poder tener 30 ya fileteado, pues se saca al 5 por 1 la carne, es decir que por cada cinco pescados se obtiene un kilo de carne, mientras que para otras especies la carne se obtiene al 3 por 1”.

Explica Jesús Orta Torres, con más de 25 años en la pesca en la zona del Tamesí y que después de abandonar el trabajo con las redes, ahora volvió para capturar a este animal que los hizo ver su suerte. “Nos dedicamos a la caza del Diablo, porque ahora es al revés, lo estamos buscando porque tiene un buen mercado”.

El pescador navega hasta una hora y media, desde la zona ejidal del Tamesí en Altamira, hasta La Puntilla en la colonia Cascajal, al oriente de Tampico, para vender su producto, “me lo compra una compañía que lo lleva a la capital de San Luis y a la Ciudad de México para hacer las harinas que se utilizan para preparar nuggets y hamburguesas, pero también lo comen en sopa de mariscos”.

“Está sabroso, yo ya lo probé -afirma- te preparas un cebiche (coctel con diversas salsas) o un filetito y es bueno. Aún así no creo que acabemos con él, pero por lo menos nos va a servir y habrá que convivir con él por muchos años, porque la invasión es muy grande”.

En la zona del Tamesí más de mil pescadores realizan sus actividades, muchos de ellos van ahora sobre el pez Diablo, que es en algunos territorios lo único que queda, al desplazar a muchas de las especies nativas del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz.

“Yo creo que es una de las 7 plagas del Apocalipsis -afirma Jesús Orta-, pues ahí nos dice que el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. En eso se están volviendo, pues las manchas del pez Diablo están ya en todas partes”.

Hace 8 años trajeron hasta el Centro Regional de Investigación Pesquera (CRIP), ubicado en la zona de la Isleta en Tampico, un espécimen jamás visto en las aguas de la región, su cuerpo estaba cubierto de verrugas y espinas, con modificaciones en sus branquias y aletas. “Lo encontramos caminando afuera del río”, dijo el pescador al investigador Leobardo García.

Sin saberlo estaban ante el principio de una catástrofe, pues con la reproducción de este pez inició un apocalipsis en los ríos de la zona, exterminando a otras especies hasta bajar la producción pesquera en un 70%, pues devoraba todo a su paso, atacando por las noches y con la habilidad de escapar “caminando” por la orilla si se veía amenazado.

Muy rápido se le consideró como una de las plagas más lesivas en las aguas de los ríos Pánuco y Tamesí, afectando a por lo menos 1,500 pescadores de diversas cooperativas ubicadas en Pánuco y Pueblo Viejo en el estado de Veracruz, además de Altamira y González en Tamaulipas, generando la migración de los trabajadores del mar a otros oficios por las pérdidas que causa al romper los avíos de pesca.

El presidente de los comerciantes de pescados y mariscos del río Tamesí, Alberto Marín Flores señala: “Especies como el catán, guabina, robalo, tilapia y carpa casi fueron extinguidas por el llamado pez Diablo, al ser uno de los depredadores más voraces que se han visto en muchos años en la zona, provocando escasez de productos y pérdidas a los pescadores, así como a los comerciantes a lo largo de los últimos años”.

Ante la problemática que se presentaba en las aguas, con la falta de control de esta especie, que hacía honor a su nombre, se creó la “Asociación Capturera del Pez Diablo de Tampico”, donde participó la iniciativa privada, solicitando la intervención de instituciones de investigación, educativas enfocadas en el mar y autoridades de los órdenes de gobierno para contener la depradación.

Felipe Bracho Ugarte, presidente de esta asociación, comentó que el Diablo fue sacado del Amazonas y llegó desde Brasil hasta estas aguas y otras latitudes de México, “parece como si hubieran hecho una modificación genética por las características que presenta, pues tiene muchas resistencias y es capaz de salir del agua y aguantar varias horas fuera”.

Indica que ante la problemática que se presentaba se reunieron con investigadores del Tecnológico de Monterrey, el Centro Estudios Tecnológicos del Mar, Conagua y la Secretaría de Pesca para iniciar una investigación conjunta, sin embargo en un primer momento esto no prosperó y los estudios los tuvieron que realizar solos.

Al Hypostomus plecostomus, nombre científico de la especie, también se le conoce como “El limpiador de peceras”, afirma Bracho Ugarte, por la fuerte capacidad que tiene para succionar, la cual utiliza para comer los huevecillos de otras especies eliminándolas desde su gestación y luego atacando a otros peces para comerlos también.

“En un tiro de red a las 9 de la mañana, pude sacar hasta 90 piezas en la Laguna del Chairel, que es el vaso lacuste de donde las poblaciones de Tampico y Madero toman su agua potable, y a las 13:00 horas en el mismo lugar la cantidad subió a 120, pero a la una de la madrugada se sacó casi media tonelada de pez Diablo, lo que indica el tamaño de la infestación en el sistema lagunario del Tamesí”, añade.

Expone que el pez Diablo pone sus huevos a unos 20 centímetros de profundidad y los entierra como las tortugas, depositando la hembra entre 4 y 5 mil crías, que en su mayoría se gestan y se reproducen cada cuatro meses, lo que hace que la especie crezca de manera exorbitante en las aguas, invadiendo todos los afluentes.

Retomando los estudios del organismo civil, la Secretaría de Pesca y Acuacultura de Tamaulipas inició un estudio de la especie para determinar la “Distribución y Abundancia”, que lleva -según afirma el titular de la dependencia- Raúl Ruiz Villegas, un avance del 70% y esperan que durante el primer semestre de este 2019 se concluya.

El proceso de investigación se realiza en conjunto con la Universidad Tecnológica del Mar de Tamaulipas (UTMART) y según los primeros resultados con respecto a los niveles de metales pesados como mercurio, cadmio y plomo están por debajo del 0.5 del máximo permitido por la NOM-242-SSA1-2009, aunque falta la exploración en zonas de alta contaminación.

“Hasta ahora los resultados obtenidos abren un abanico de posibilidades en beneficio de los tamaulipecos; si la tendencia de investigación favorable de la especie se mantiene hasta el mes de abril, cuando concluimos el análisis, el pez Diablo podrá ser considerado como un ingrediente más en el cuadro de alimentación familiar, al poder ser un producto de consumo humano”, afirmó el funcionario estatal.

Para los pescadores que vivieron el apocalipsis que estalló en 2016 en las aguas de los sistemas lagunarios, los avances en los estudios son noticias muy favorables, pues se ha empezado a gestar una industria alrededor de la especie que se empezó a utilizar en el sector de la comida rápida con harinas y en el cosmético por su alto contenido en colágeno.

“Ahora nos compran el kilo de filete de Diablito en 20 pesos, aunque por la poca carne que tiene se deben de sacar unos 150 kilos para poder tener 30 ya fileteado, pues se saca al 5 por 1 la carne, es decir que por cada cinco pescados se obtiene un kilo de carne, mientras que para otras especies la carne se obtiene al 3 por 1”.

Explica Jesús Orta Torres, con más de 25 años en la pesca en la zona del Tamesí y que después de abandonar el trabajo con las redes, ahora volvió para capturar a este animal que los hizo ver su suerte. “Nos dedicamos a la caza del Diablo, porque ahora es al revés, lo estamos buscando porque tiene un buen mercado”.

El pescador navega hasta una hora y media, desde la zona ejidal del Tamesí en Altamira, hasta La Puntilla en la colonia Cascajal, al oriente de Tampico, para vender su producto, “me lo compra una compañía que lo lleva a la capital de San Luis y a la Ciudad de México para hacer las harinas que se utilizan para preparar nuggets y hamburguesas, pero también lo comen en sopa de mariscos”.

“Está sabroso, yo ya lo probé -afirma- te preparas un cebiche (coctel con diversas salsas) o un filetito y es bueno. Aún así no creo que acabemos con él, pero por lo menos nos va a servir y habrá que convivir con él por muchos años, porque la invasión es muy grande”.

En la zona del Tamesí más de mil pescadores realizan sus actividades, muchos de ellos van ahora sobre el pez Diablo, que es en algunos territorios lo único que queda, al desplazar a muchas de las especies nativas del sur de Tamaulipas y norte de Veracruz.

“Yo creo que es una de las 7 plagas del Apocalipsis -afirma Jesús Orta-, pues ahí nos dice que el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. En eso se están volviendo, pues las manchas del pez Diablo están ya en todas partes”.

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