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Italia revive el debate sobre la eutanasia

  • Jorge Sandoval | Corresponsal
  • en Mundo

ROMA, Italia (OEM-Informex).- En Italia se reabre el debate sobre un tema sumamente delicado: la eutanasia. La falta de una ley que reglamente la voluntad de poner fin a la propia existencia abre escenarios dramáticos para quien desea recurrir a este acto extremo. Es el caso de Fabio Antoniani, de 40 años, de profesión disc-jockey, desde hace casi tres años tetrapléjico y ciego a causa de un grave accidente con su motocicleta y quien se sometió el lunes voluntariamente al llamado “suicidio asistido” en una clínica suiza.

La ley helvética autoriza desde hace años este método, es decir, un acto con el cual un enfermo terminal decide conscientemente morir sin la intervención directa de un médico, cuya función es en práctica la de ayudar al enfermo a realizar su deseo, suministrándole los medios para lograr su objetivo. Es decir, la sustancia mortal, que el paciente bebe voluntariamente: El ex disc-jockey se concretó a morder un botón para activar la introducción del fármaco en su organismo.

Diversamente, la eutanasia prevé la intervención directa de un médico, que por ejemplo desconecta los aparatos clínicos que mantienen en vida artificialmente al enfermo o bien suministra, también directamente, los fármacos mortales.

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La semana pasada, Antoniani se había dirigido (inútilmente) al parlamento y al mismo presidente de la Republica, Sergio Matarella, para que finalmente se discutiera y se aprobara un decreto de ley que reglamente, en base a la “libertad individual de cada persona”, el recurso a la eutanasia o al “suicidio asistido”. De frente al silencio recibido como respuesta, el joven paciente decidió ir a Suiza para poner fin a su drama.

“Finalmente llegué a Suiza y lo hice, lamentablemente, con mis propias fuerzas y no con la ayuda del Estado (italiano)…”, afirmo Antoniani antes de ingerir la sustancia mortal y de agradecer al activista Marco Cappato, miembro de una asociación que se pronuncia en favor de la eutanasia. “Gracias – le dijo Fabio- por haberme sacado de un infierno hecho de dolor”.

Cappato, quien se encargó de transportar a Suiza al enfermo, corre el riesgo de sufrir una pena de hasta 12 años de prisión por “inducción al suicidio”.

El debate sobre este espinoso y dramático tema ya es objeto de análisis y entrevistas en los medios de comunicación italianos. Ahora se espera que en breve el parlamento lo afronte y apruebe finalmente una ley, como la relativa al llamado “biotestamento”, con el cual una persona establece su voluntad futura en caso de encontrarse en situaciones, por ejemplo, como la de Fabio Antoniani. Una ley siempre evocada pero nunca hecha.

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Comprensiblemente, el argumento es muy delicado también porque atañe aspectos profundamente religiosos. La Iglesia es netamente contraria a la eutanasia o al “suicidio asistido” y subraya que la vida debe ser respetada y tutelada “desde su concepción hasta su fin natural”.

El Vaticano está de acuerdo en cambio con la suspensión del llamado “ensañamiento terapéutico”, o sea, cuando el enfermo ha sido desahuciado y por lo tanto es inútil seguirle suministrando ulteriores fármacos. Sin embargo, al mismo tiempo la Iglesia puntualiza que el mismo paciente debe ser alimentado e hidratado artificialmente hasta su muerte natural. Toca ahora al Estado italiano legislar al respecto.