/ sábado 6 de julio de 2019

Neorrurales dejan las ciudades en busca de trabajo en el campo

La escasez de trabajo, incluso en las grandes urbes, hace que muchos jóvenes se reinventen y emprendan una nueva vida en pequeñas aldeas

La crisis mundial disparó el interés por la vida en los pueblos. El trabajo escasea en todos los lugares y, cada vez más jóvenes con estudios universitarios se ven obligados a trabajar en lo que nunca pensaron

Las ventajas: hay menos estrés y materialismo; las desventajas: son la reducción del círculo social, la necesidad del coche y que necesita mucho esfuerzo y trabajo

MADRID. Cuando Max y Susana decidieron irse a vivir al campo no imaginaron lo mucho que cambiaría sus vidas… a mejor. Con la crisis europea de 2008 llegó el momento de reinventarse y así fue como Max dejó el mundo de la publicidad para crear Familias en Ruta, un proyecto personal que combina las pasiones de su vida: los viajes, la comunicación y sus hijos.

Desde entonces han vivido en la ciudad española de Barcelona, pero también se pasaron ocho meses viajando por toda América, Asia y diversos países de Europa, también en una granja ecológica en Tarragona e, incluso, en Irlanda.

Ahora residen en un pequeño pueblo de La Garrotxa, una de las comarcas más bellas de Cataluña (noreste de España) de cuatrocientos habitantes. “Barcelona nos fascina pero cuando la niña tenía tres años, decidimos que era el momento de buscar un entorno físico y social más amable y hacer realidad el sueño de vivir en el campo”, comentó.

Apostar por los pequeños municipios es una necesidad pero la falta de dotación presupuestaria de instituciones públicas hace que muchas personas renuncien a vivir en ellos.

La creación de hogares jóvenes en el ámbito rural es un método eficaz cuando se mejoran las condiciones económicas, se ofrecen ayudas por la adquisición de vivienda y se mejoran las infraestructuras.

Para Max una de las razones por las que se renuncia a la vida en el campo es “por la dependencia del coche, la falta de variedad de servicios cercanos y la dificultad de encontrar fuentes de trabajo cercanas, además de enfrentarte a un círculo social más reducido. La vida en el campo no es un paraíso, como tampoco lo es en la ciudad”.

Pero, con todo ello, cada vez más personas parecen reconocer las ventajas de lo rural y deciden cambiar su ciudad natal por un entorno campestre en el que establecerse, son los llamados neorrurales.

“Al principio puede haber desconfianza de algunos aldeanos, pero con el paso del tiempo el neorrural demuestra que está allí como uno más. Los locales se dan cuenta de que los foráneos vienen a aportar, evitando que, en algunos casos, cierren escuelas y comercios, emprendiendo y trabajando”, puntualiza Max.

RURALIZATÉ.

La Asociación Contra la Despoblación en el Mundo Rural es una agrupación que surge de unos jóvenes en la ciudad española de Zaragoza que, en palabras de su presidente, Javier Pérez Portero “sentíamos que teníamos que hacer algo contra la despoblación rural. Somos hijos de padres que emigraron en los años sesenta del pasado siglo a la ciudad y fueron veraneantes de los pueblos de Aragón (Comunidad en la que se encuentra Zaragoza)”.

Cuentan con colaboradores en otras provincias de España y su cometido principal es asesorar y acompañar a los potenciales pobladores a la visita del pueblo en el que desean vivir.

Javier Pérez lo tiene claro “las ventajas de una vida rural son: que hay menos estrés y materialismo; y las desventajas son la reducción del círculo social, la necesidad del coche y que necesita mucho esfuerzo y trabajo”.

La crisis mundial disparó el interés por la vida en los pueblos. El trabajo escasea en todos los lugares y, cada vez más jóvenes con estudios universitarios se ven obligados a trabajar en lo que nunca pensaron; puestos laborales no cualificados que les hace sentir la frustración de no lograr sus sueños.

Ante la falta de oportunidades deciden entonces apostar por otras labores que, al menos, tengan relación con sus aficiones y en las que ser sus propios jefes.

Así es como biólogos acaban dedicándose a la agricultura ecológica; periodistas a la artesanía tradicional: o abogados metidos a la elaboración de cosmética natural. Estos son solo algunos ejemplos de personas que deciden crear su propio negocio en pequeñas aldeas.

Emprendedores que crean su propia marcar y venden sus productos a través de internet, pero trabajan desde casa en un hábitat rural con pocos habitantes.

Según los expertos en salud cambiar a un entorno rural mejora la salud favoreciendo el sueño, reduciendo estrés y evitando los problemas que acarrea la contaminación; pero además favorece desde una perspectiva psicosocial ya que el contacto directo con la naturaleza y el sosiego que ofrece, potencia el desarrollo cognitivo incluso de niños, según confirman.

Max asegura que “los niños están encantados. Somos unos auténticos privilegiados y ellos más todavía. Su autonomía es muy grande, ya que pueden ir y volver solos del colegio. Tienen pocos amigos, pero muy cercanos… El aire es puro y cerca hay ríos para bañarse”.

Aún así, no es de extrañar que en ocasiones se echen de menos las ciudades. “A veces apetece pasear por un entorno con diversidad de gente, tiendas y bares, pero es que el exceso de ofertas y tentaciones de consumo y el constante anonimato de las grandes ciudades también cansa. Se hace una escapada a la ciudad y de vuelta al pueblo”, comenta Max.

Algo que comparte Javier Pérez, quien opina que “normalmente ya no se quiere volver a las urbes. Solo se desea una vez al mes, para ir al cine o al hipermercado”.

APUESTA POR LA SIMPLICIDAD.

“Existe la necesidad de huir de los atascos y del mal humor, de buscar entornos más respetuosos y amables con la naturaleza donde poder contemplar la luna cada noche”. Así justifica Max la decisión de aquellas personas que cambian las ruidosas ciudades por el campo.

En un entorno rural las oportunidades para establecer nuevas amistades son diferentes pero no menores. La gente se conoce más, se necesita y se ayuda, y ello supone tener a tus amistades más cerca.

Según Max las opciones de entretenimiento pueden ser muy variadas y destaca la jardinería, el cuidado de un huerto, el senderismo, la pintura, la fotografía… “Sin duda, los niños y los animales disfrutan más que nadie”, indica.

Asimismo, por lo que cuesta un estudio en una gran capital, se adquiere una gran casa en pequeñas aldeas.

Aún así, no hay que obedecer únicamente a tópicos o falsas expectativas, ya que cada persona es un mundo y hay a quienes la posibilidad de quedarse aislados, la falta de televisión, teléfono o de acceso a internet o la necesidad de valerse de uno mismo, le puede provocar ciertas inseguridades.

“Necesitamos pueblos activos que den vida a las comarcas llenas de posibilidades, cuidando de los bosques, conservando un valor patrimonial e histórico, luchando contra la desertización… Faltan incentivos y apostar por el teletrabajo, el turismo y la agricultura sostenible. Al final las comarcas despobladas dan pocos votos a los políticos”, sentencia Max.

La crisis mundial disparó el interés por la vida en los pueblos. El trabajo escasea en todos los lugares y, cada vez más jóvenes con estudios universitarios se ven obligados a trabajar en lo que nunca pensaron

Las ventajas: hay menos estrés y materialismo; las desventajas: son la reducción del círculo social, la necesidad del coche y que necesita mucho esfuerzo y trabajo

MADRID. Cuando Max y Susana decidieron irse a vivir al campo no imaginaron lo mucho que cambiaría sus vidas… a mejor. Con la crisis europea de 2008 llegó el momento de reinventarse y así fue como Max dejó el mundo de la publicidad para crear Familias en Ruta, un proyecto personal que combina las pasiones de su vida: los viajes, la comunicación y sus hijos.

Desde entonces han vivido en la ciudad española de Barcelona, pero también se pasaron ocho meses viajando por toda América, Asia y diversos países de Europa, también en una granja ecológica en Tarragona e, incluso, en Irlanda.

Ahora residen en un pequeño pueblo de La Garrotxa, una de las comarcas más bellas de Cataluña (noreste de España) de cuatrocientos habitantes. “Barcelona nos fascina pero cuando la niña tenía tres años, decidimos que era el momento de buscar un entorno físico y social más amable y hacer realidad el sueño de vivir en el campo”, comentó.

Apostar por los pequeños municipios es una necesidad pero la falta de dotación presupuestaria de instituciones públicas hace que muchas personas renuncien a vivir en ellos.

La creación de hogares jóvenes en el ámbito rural es un método eficaz cuando se mejoran las condiciones económicas, se ofrecen ayudas por la adquisición de vivienda y se mejoran las infraestructuras.

Para Max una de las razones por las que se renuncia a la vida en el campo es “por la dependencia del coche, la falta de variedad de servicios cercanos y la dificultad de encontrar fuentes de trabajo cercanas, además de enfrentarte a un círculo social más reducido. La vida en el campo no es un paraíso, como tampoco lo es en la ciudad”.

Pero, con todo ello, cada vez más personas parecen reconocer las ventajas de lo rural y deciden cambiar su ciudad natal por un entorno campestre en el que establecerse, son los llamados neorrurales.

“Al principio puede haber desconfianza de algunos aldeanos, pero con el paso del tiempo el neorrural demuestra que está allí como uno más. Los locales se dan cuenta de que los foráneos vienen a aportar, evitando que, en algunos casos, cierren escuelas y comercios, emprendiendo y trabajando”, puntualiza Max.

RURALIZATÉ.

La Asociación Contra la Despoblación en el Mundo Rural es una agrupación que surge de unos jóvenes en la ciudad española de Zaragoza que, en palabras de su presidente, Javier Pérez Portero “sentíamos que teníamos que hacer algo contra la despoblación rural. Somos hijos de padres que emigraron en los años sesenta del pasado siglo a la ciudad y fueron veraneantes de los pueblos de Aragón (Comunidad en la que se encuentra Zaragoza)”.

Cuentan con colaboradores en otras provincias de España y su cometido principal es asesorar y acompañar a los potenciales pobladores a la visita del pueblo en el que desean vivir.

Javier Pérez lo tiene claro “las ventajas de una vida rural son: que hay menos estrés y materialismo; y las desventajas son la reducción del círculo social, la necesidad del coche y que necesita mucho esfuerzo y trabajo”.

La crisis mundial disparó el interés por la vida en los pueblos. El trabajo escasea en todos los lugares y, cada vez más jóvenes con estudios universitarios se ven obligados a trabajar en lo que nunca pensaron; puestos laborales no cualificados que les hace sentir la frustración de no lograr sus sueños.

Ante la falta de oportunidades deciden entonces apostar por otras labores que, al menos, tengan relación con sus aficiones y en las que ser sus propios jefes.

Así es como biólogos acaban dedicándose a la agricultura ecológica; periodistas a la artesanía tradicional: o abogados metidos a la elaboración de cosmética natural. Estos son solo algunos ejemplos de personas que deciden crear su propio negocio en pequeñas aldeas.

Emprendedores que crean su propia marcar y venden sus productos a través de internet, pero trabajan desde casa en un hábitat rural con pocos habitantes.

Según los expertos en salud cambiar a un entorno rural mejora la salud favoreciendo el sueño, reduciendo estrés y evitando los problemas que acarrea la contaminación; pero además favorece desde una perspectiva psicosocial ya que el contacto directo con la naturaleza y el sosiego que ofrece, potencia el desarrollo cognitivo incluso de niños, según confirman.

Max asegura que “los niños están encantados. Somos unos auténticos privilegiados y ellos más todavía. Su autonomía es muy grande, ya que pueden ir y volver solos del colegio. Tienen pocos amigos, pero muy cercanos… El aire es puro y cerca hay ríos para bañarse”.

Aún así, no es de extrañar que en ocasiones se echen de menos las ciudades. “A veces apetece pasear por un entorno con diversidad de gente, tiendas y bares, pero es que el exceso de ofertas y tentaciones de consumo y el constante anonimato de las grandes ciudades también cansa. Se hace una escapada a la ciudad y de vuelta al pueblo”, comenta Max.

Algo que comparte Javier Pérez, quien opina que “normalmente ya no se quiere volver a las urbes. Solo se desea una vez al mes, para ir al cine o al hipermercado”.

APUESTA POR LA SIMPLICIDAD.

“Existe la necesidad de huir de los atascos y del mal humor, de buscar entornos más respetuosos y amables con la naturaleza donde poder contemplar la luna cada noche”. Así justifica Max la decisión de aquellas personas que cambian las ruidosas ciudades por el campo.

En un entorno rural las oportunidades para establecer nuevas amistades son diferentes pero no menores. La gente se conoce más, se necesita y se ayuda, y ello supone tener a tus amistades más cerca.

Según Max las opciones de entretenimiento pueden ser muy variadas y destaca la jardinería, el cuidado de un huerto, el senderismo, la pintura, la fotografía… “Sin duda, los niños y los animales disfrutan más que nadie”, indica.

Asimismo, por lo que cuesta un estudio en una gran capital, se adquiere una gran casa en pequeñas aldeas.

Aún así, no hay que obedecer únicamente a tópicos o falsas expectativas, ya que cada persona es un mundo y hay a quienes la posibilidad de quedarse aislados, la falta de televisión, teléfono o de acceso a internet o la necesidad de valerse de uno mismo, le puede provocar ciertas inseguridades.

“Necesitamos pueblos activos que den vida a las comarcas llenas de posibilidades, cuidando de los bosques, conservando un valor patrimonial e histórico, luchando contra la desertización… Faltan incentivos y apostar por el teletrabajo, el turismo y la agricultura sostenible. Al final las comarcas despobladas dan pocos votos a los políticos”, sentencia Max.

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