/ sábado 21 de diciembre de 2019

#Especial | ¿Dónde quedaron las tarjetas de navidad?

Con el avance de la tecnología esta bella tradición con mensajes alusivos a esta temporada casi ha desaparecido

Escuchar al cartero los días previos a la Navidad era de gran felicidad, porque se esperaba con mucha alegría que familiares y amigos enviaran las tradicionales, coloridas, brillantes y hasta musicales tarjetas navideñas con lindos mensajes alusivos a esta festividad.

Con la llegada de la tecnología las tarjetas de Navidad han desaparecido casi totalmente y ahora las felicitaciones por las fiestas son enviadas por mensajes, e-mails o postales virtuales, lo que hacen que se pierda esa calidez que solo daban las tarjetas impresas y que no se pueden comparar en ningún momento con la “frialdad” de las redes sociales.

Previo a la Navidad y al año nuevo plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y demás se inundan de miles de mensajes deseando paz, felicidad, bienestar, salud y los más lindos deseos a todo mundo.

Basta un “click” para que una misma tarjeta virtual llegue en pocos minutos a cientos y miles de personas.

“En un día de Navidad recibí más de 200 mensajes de felicitación de amigos, familiares y conocidos, sin embargo, hubiera cambiado todos esos mensajes por una o dos tarjetas navideñas que llegaran a mi casa” dice Mary Bustos, quien radica en la ciudad de Monterrey.

Ella tiene amigas en diversas partes de la República Mexicana y en el extranjero, pero ninguna de ellas, le manda ninguna tarjeta navideña impresa “hace tiempo me llegaban muchas de estas tarjetas con luces y sonido y eran muy bonitas, yo las coleccionaba, porque cada una tenía un significado especial”.

Así es, las tarjetas de antaño eran seleccionadas minuciosamente por quien las iba a enviar y debían tener un mensaje especial “era bonito porque eso significaba que la persona te estimaba o te tenía cariño, amistad o amor y se tomaba el tiempo de buscarla y enviarla por correo”, comenta Mary.

En algunos casos por mutuo propio o a solicitud escolar se realizaban tarjetas navideñas de manera artesanal o con manualidades, lo que está prácticamente desaparecido.

ASÍ NACE LA TARJETA NAVIDEÑA

Las primeras tarjetas de Navidad comerciales fueron patrocinadas por Sir Henry Cole en Londres, en 1843, y ofrecían una ilustración del pintor Juan Callcott Horsley, que consistió en una imagen navideña y donde se escribió la leyenda “Feliz Navidad y Año Nuevo para usted”.

Las tarjetas de Navidad comenzaron a tener mayor éxito cuando la reina Victoria de Reino Unido ordenó imprimir mil tarjetas y las mandó a todas las casas reales, aristocracia y personas afines a la monarquía británica.

Para el año 1860 el creador de la imagen de Santa Claus, Tomás Nast organizó la primera venta masiva de tarjetas de Navidad, donde puso la frase “Feliz Navidad”, sin embargo, el auge de estas comenzó en 1862.

EL DECLIVE DE LAS POSTALES

De acuerdo al servicio postal local en las décadas de los 80 y 90 el auge de las tarjetas navideñas continuaba y los carteros repartían muchas de estas en las colonias del puerto, las cuales eran recibidas con alegría porque todas eran bellos mensajes con motivo de la Navidad y la llegada del año nuevo.

A partir del nuevo milenio ya eran pocas las tarjetas navideñas que se enviaban, incluso los llamados “milenium” nunca han recibido una de ellas.

“Mi hija cuando estaba más pequeña ansiaba que le llegara una tarjeta navideña, porque nunca había recibido una y tuve que ir a comprarle una y mandársela por correo y se puso de lo más contenta y aún la conserva”, dijo una mujer que prefirió el anonimato.

LA NOSTALGIA

Para Paquita Galdeano de Saade, integrante del H. Grupo Pro Arte, recordar esta tradición de navidad le provoca mucha nostalgia “porque era una costumbre tan bella y aún conservo muchas de las tarjetas que me enviaban familiares y amigos”, dice.

Recuerda que: “Cuando las recibía me llenaba de mucha alegría porque cada una de ellas traía un deseo de verdadero cariño y amor, pero sobre todo el calor humano de quien me las enviaba, porque sabía que esa persona me estimaba o me quería”.

“Aún conservo varias de ellas, las vuelvo a leer y las beso con infinita nostalgia y no sé en que momento fueron desapareciendo por el avance de la tecnología” dice Paquita, quien asegura que aunque las tarjetas digitales las recibe con gusto “no me provocan la misma emoción que las impresas, porque de las digitales en muchas ocasiones recibo la misma y así como me las envían las reenvío de manera automática”.

Paquita Galdeano, “Me provoca tanta nostalgia el ver mis tarjetas navideñas de antes” /Cortesia Paquita Galdeano

LAS DIGITALES NO TIENEN CALIDEZ

En la actualidad la comunicación es muy fría y en este caso de las tarjetas navideñas digitales, llegan más rápido y a un mayor número de personas.

“Pero aunque para las nuevas generaciones el uso de las redes sociales es fácil, existen muchos adultos mayores a quienes se les complica su uso y son ellos los que precisamente más añoran esas tarjetas navideñas que les eran enviadas hasta por familiares que vivían en la misma ciudad y no se diga de familiares que radicaban en otras ciudades”, consideró el profesor Raúl Ríos.

Las tarjetas o postales navideñas eran una manera de decir en letras “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo” rompiendo la distancia y estrechando los lazos de amor.

Hace unas dos décadas desde el mes de noviembre se acudía a las imprentas numerosas personas a ordenar los paquetes de tarjetas de navidad que serían enviadas a sus familiares y amigos.

El dueño de la imprenta las exhibía en un catálogo con más de 50 diseños que incluían imágenes desde el Niño Dios, La Sagrada Familia, El pesebre, Un Nacimiento, la Estrella de Belén, entre otros que son clásicos de estas postales decembrinas y frases que el cliente elegía e incluso había algunos que escribían a mano para personalizarlas.

ADORNOS EN EL PINO

Estas eran colocadas en los árbolitos de Navidad, que en ese entonces lucían esferas de todos colores y todo aquello que fuera ornamento navideño.

Las tarjetas eran colocadas en el centro del pinito abiertas e incluso algunas de ellas tenían música y lucecitas. Qué recuerdos, tan inolvidables.

Escuchar al cartero los días previos a la Navidad era de gran felicidad, porque se esperaba con mucha alegría que familiares y amigos enviaran las tradicionales, coloridas, brillantes y hasta musicales tarjetas navideñas con lindos mensajes alusivos a esta festividad.

Con la llegada de la tecnología las tarjetas de Navidad han desaparecido casi totalmente y ahora las felicitaciones por las fiestas son enviadas por mensajes, e-mails o postales virtuales, lo que hacen que se pierda esa calidez que solo daban las tarjetas impresas y que no se pueden comparar en ningún momento con la “frialdad” de las redes sociales.

Previo a la Navidad y al año nuevo plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y demás se inundan de miles de mensajes deseando paz, felicidad, bienestar, salud y los más lindos deseos a todo mundo.

Basta un “click” para que una misma tarjeta virtual llegue en pocos minutos a cientos y miles de personas.

“En un día de Navidad recibí más de 200 mensajes de felicitación de amigos, familiares y conocidos, sin embargo, hubiera cambiado todos esos mensajes por una o dos tarjetas navideñas que llegaran a mi casa” dice Mary Bustos, quien radica en la ciudad de Monterrey.

Ella tiene amigas en diversas partes de la República Mexicana y en el extranjero, pero ninguna de ellas, le manda ninguna tarjeta navideña impresa “hace tiempo me llegaban muchas de estas tarjetas con luces y sonido y eran muy bonitas, yo las coleccionaba, porque cada una tenía un significado especial”.

Así es, las tarjetas de antaño eran seleccionadas minuciosamente por quien las iba a enviar y debían tener un mensaje especial “era bonito porque eso significaba que la persona te estimaba o te tenía cariño, amistad o amor y se tomaba el tiempo de buscarla y enviarla por correo”, comenta Mary.

En algunos casos por mutuo propio o a solicitud escolar se realizaban tarjetas navideñas de manera artesanal o con manualidades, lo que está prácticamente desaparecido.

ASÍ NACE LA TARJETA NAVIDEÑA

Las primeras tarjetas de Navidad comerciales fueron patrocinadas por Sir Henry Cole en Londres, en 1843, y ofrecían una ilustración del pintor Juan Callcott Horsley, que consistió en una imagen navideña y donde se escribió la leyenda “Feliz Navidad y Año Nuevo para usted”.

Las tarjetas de Navidad comenzaron a tener mayor éxito cuando la reina Victoria de Reino Unido ordenó imprimir mil tarjetas y las mandó a todas las casas reales, aristocracia y personas afines a la monarquía británica.

Para el año 1860 el creador de la imagen de Santa Claus, Tomás Nast organizó la primera venta masiva de tarjetas de Navidad, donde puso la frase “Feliz Navidad”, sin embargo, el auge de estas comenzó en 1862.

EL DECLIVE DE LAS POSTALES

De acuerdo al servicio postal local en las décadas de los 80 y 90 el auge de las tarjetas navideñas continuaba y los carteros repartían muchas de estas en las colonias del puerto, las cuales eran recibidas con alegría porque todas eran bellos mensajes con motivo de la Navidad y la llegada del año nuevo.

A partir del nuevo milenio ya eran pocas las tarjetas navideñas que se enviaban, incluso los llamados “milenium” nunca han recibido una de ellas.

“Mi hija cuando estaba más pequeña ansiaba que le llegara una tarjeta navideña, porque nunca había recibido una y tuve que ir a comprarle una y mandársela por correo y se puso de lo más contenta y aún la conserva”, dijo una mujer que prefirió el anonimato.

LA NOSTALGIA

Para Paquita Galdeano de Saade, integrante del H. Grupo Pro Arte, recordar esta tradición de navidad le provoca mucha nostalgia “porque era una costumbre tan bella y aún conservo muchas de las tarjetas que me enviaban familiares y amigos”, dice.

Recuerda que: “Cuando las recibía me llenaba de mucha alegría porque cada una de ellas traía un deseo de verdadero cariño y amor, pero sobre todo el calor humano de quien me las enviaba, porque sabía que esa persona me estimaba o me quería”.

“Aún conservo varias de ellas, las vuelvo a leer y las beso con infinita nostalgia y no sé en que momento fueron desapareciendo por el avance de la tecnología” dice Paquita, quien asegura que aunque las tarjetas digitales las recibe con gusto “no me provocan la misma emoción que las impresas, porque de las digitales en muchas ocasiones recibo la misma y así como me las envían las reenvío de manera automática”.

Paquita Galdeano, “Me provoca tanta nostalgia el ver mis tarjetas navideñas de antes” /Cortesia Paquita Galdeano

LAS DIGITALES NO TIENEN CALIDEZ

En la actualidad la comunicación es muy fría y en este caso de las tarjetas navideñas digitales, llegan más rápido y a un mayor número de personas.

“Pero aunque para las nuevas generaciones el uso de las redes sociales es fácil, existen muchos adultos mayores a quienes se les complica su uso y son ellos los que precisamente más añoran esas tarjetas navideñas que les eran enviadas hasta por familiares que vivían en la misma ciudad y no se diga de familiares que radicaban en otras ciudades”, consideró el profesor Raúl Ríos.

Las tarjetas o postales navideñas eran una manera de decir en letras “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo” rompiendo la distancia y estrechando los lazos de amor.

Hace unas dos décadas desde el mes de noviembre se acudía a las imprentas numerosas personas a ordenar los paquetes de tarjetas de navidad que serían enviadas a sus familiares y amigos.

El dueño de la imprenta las exhibía en un catálogo con más de 50 diseños que incluían imágenes desde el Niño Dios, La Sagrada Familia, El pesebre, Un Nacimiento, la Estrella de Belén, entre otros que son clásicos de estas postales decembrinas y frases que el cliente elegía e incluso había algunos que escribían a mano para personalizarlas.

ADORNOS EN EL PINO

Estas eran colocadas en los árbolitos de Navidad, que en ese entonces lucían esferas de todos colores y todo aquello que fuera ornamento navideño.

Las tarjetas eran colocadas en el centro del pinito abiertas e incluso algunas de ellas tenían música y lucecitas. Qué recuerdos, tan inolvidables.

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