/ lunes 8 de julio de 2019

“Al que nace para tamal...

Del cielo le caen las hojas…” reza el popular adagio de la cultura mexicana que usaban las abuelitas para hacer referencia a que el destino ya estaba marcado

Y -las circunstancias y casualidades no eran otra cosa que manifestaciones del propio estigma que cada uno lleva impuesto en la caótica construcción del universo en el cual coexistimos todos y cada uno de nosotros, gentil amigo lector.

De igual manera trataban de reforzar este paradigma con otro singular versículo extraído de los más profundos anales del refranero mexicano que, más que un proverbio, era una sentencia que encerraba toda una filosofía que detallaba los elementos fundamentales de la personalidad del individuo: “Zapatero, a tus zapatos”.

¿Qué habrá desayunado el columnista esta mañana que parece escribir sin ton, ni son?, ¿A qué se referirá tanta palabreja empleada en esta ocasión?, ¿Hacia quién estarán dirigidos los apotegmas en los que se ampara para iniciar la segunda semana de junio?

La respuesta es sencilla, mi respetado amigo, y la pongo a su dispensa, aunque eso me cueste su amistad o me gane la de otros más, según sea la percepción que se tenga de la situación política actual que prevalece en nuestro México lindo y qué herido.

En repetidas ocasiones los medios de comunicación han observado la conducta y forma de desenvolverse del actual jefe del Estado mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Dependiendo la línea editorial de cada fuente noticiosa, unos le han aplaudido su cercanía con el pueblo y el uso de una demagogia “de los de abajo” o que “la raza” entendemos a la perfección.

Otros medios, por el contrario, han criticado duramente con palabras frías y conceptos teñidos de rojo, un populismo que raya en la soberbia y desestimación a las instituciones establecidas sobre las que reposa el aparato gubernamental de nuestra nación y las dependencias que de este emanan.

¡Parece que sigue en campaña! Le han señalado unos; muchos, quizá. Hay ocasiones en que este servidor ha indicado lo mismo, pues estamos al pendiente de su accionar desde el puesto para el que solicitó contratarse como empleado de todos los mexicanos.

Empero, ¿No deberíamos pensar que, tal vez, la campaña política sea el entorno en el cual Andrés Manuel se ha aprendido a desenvolver y por ello se siente cómodo y eficiente en él? Quizá sea un verdadero “pez en el agua” y es esa la razón por la que sus discursos están encauzados a polarizar las opiniones de los diferentes sectores de la población mexicana.

Y de antemano le suplico que no me malentienda, pues no estoy diciendo que el señor sepa o no hacer otra cosa, o que es incapaz de llevar a buen puerto un proyecto de nación llamado México. Eso es algo que solamente el tiempo nos dirá y nos permitirá ser testigos.

Lo que estoy señalando es que durante muchos años –casi dos décadas para ser exactos– el originario de Macuspana vivió la política desde “el otro lado del cristal”, entendió a la perfección cómo agitar a las masas, desde qué punto indicar los errores de quien estuvo en la presidencia, ensalzar los fracasos de aquellos que le antecedieron y se negó a reconocer los aciertos y atinos de administraciones pasadas.

A pesar de que dos veces probó el amargo sabor de la hiel del fracaso, la primera ocasión con Felipe Calderón Hinojosa y la segunda con Enrique Peña Nieto, AMLO se mantuvo en pie de lucha y debo reconocer que a 12 años de derrota y 18 de campaña, aprendió de sus errores y en la tercera oportunidad tuvo que reconvertir la estampa retadora y calificativa, en otra más simpática y hasta un tanto burlona de las figuras enemigas, sin dejar de lado sus conocidos discursos que el pópulo entiende y ama. Pues aquella postura que llamaba al conflicto “no era suficiente” para alcanzar el triunfo arrasador en las urnas.

Hoy es momento de ponerse a pensar que la figura mediática experta en tesinas proselitistas y retórica simplona, pero efectiva, debe migrar a un nuevo estado, pues ante los ojos de un sector creciente de mexicanos, el AMLO dicharachero está quedando “insuficiente” para la labor que representa estar al frente del Poder Ejecutivo.

Y aunque se sienta “a las mil maravillas” estando en campaña y eso nadie se lo discute porque “Al que nace para tamal, del cielo le caen las hojas”, también deberá aplicarse en su nueva actividad de Presidente de la República, no vaya a ser que después el pueblo le aplique una sanción en la tan sonada revocación del mandato por aquello de que “Zapatero, a tus zapatos”.

¡Hasta la próxima!

y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

Escríbame a

licajimenezmcc@hotmail.com

Del cielo le caen las hojas…” reza el popular adagio de la cultura mexicana que usaban las abuelitas para hacer referencia a que el destino ya estaba marcado

Y -las circunstancias y casualidades no eran otra cosa que manifestaciones del propio estigma que cada uno lleva impuesto en la caótica construcción del universo en el cual coexistimos todos y cada uno de nosotros, gentil amigo lector.

De igual manera trataban de reforzar este paradigma con otro singular versículo extraído de los más profundos anales del refranero mexicano que, más que un proverbio, era una sentencia que encerraba toda una filosofía que detallaba los elementos fundamentales de la personalidad del individuo: “Zapatero, a tus zapatos”.

¿Qué habrá desayunado el columnista esta mañana que parece escribir sin ton, ni son?, ¿A qué se referirá tanta palabreja empleada en esta ocasión?, ¿Hacia quién estarán dirigidos los apotegmas en los que se ampara para iniciar la segunda semana de junio?

La respuesta es sencilla, mi respetado amigo, y la pongo a su dispensa, aunque eso me cueste su amistad o me gane la de otros más, según sea la percepción que se tenga de la situación política actual que prevalece en nuestro México lindo y qué herido.

En repetidas ocasiones los medios de comunicación han observado la conducta y forma de desenvolverse del actual jefe del Estado mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Dependiendo la línea editorial de cada fuente noticiosa, unos le han aplaudido su cercanía con el pueblo y el uso de una demagogia “de los de abajo” o que “la raza” entendemos a la perfección.

Otros medios, por el contrario, han criticado duramente con palabras frías y conceptos teñidos de rojo, un populismo que raya en la soberbia y desestimación a las instituciones establecidas sobre las que reposa el aparato gubernamental de nuestra nación y las dependencias que de este emanan.

¡Parece que sigue en campaña! Le han señalado unos; muchos, quizá. Hay ocasiones en que este servidor ha indicado lo mismo, pues estamos al pendiente de su accionar desde el puesto para el que solicitó contratarse como empleado de todos los mexicanos.

Empero, ¿No deberíamos pensar que, tal vez, la campaña política sea el entorno en el cual Andrés Manuel se ha aprendido a desenvolver y por ello se siente cómodo y eficiente en él? Quizá sea un verdadero “pez en el agua” y es esa la razón por la que sus discursos están encauzados a polarizar las opiniones de los diferentes sectores de la población mexicana.

Y de antemano le suplico que no me malentienda, pues no estoy diciendo que el señor sepa o no hacer otra cosa, o que es incapaz de llevar a buen puerto un proyecto de nación llamado México. Eso es algo que solamente el tiempo nos dirá y nos permitirá ser testigos.

Lo que estoy señalando es que durante muchos años –casi dos décadas para ser exactos– el originario de Macuspana vivió la política desde “el otro lado del cristal”, entendió a la perfección cómo agitar a las masas, desde qué punto indicar los errores de quien estuvo en la presidencia, ensalzar los fracasos de aquellos que le antecedieron y se negó a reconocer los aciertos y atinos de administraciones pasadas.

A pesar de que dos veces probó el amargo sabor de la hiel del fracaso, la primera ocasión con Felipe Calderón Hinojosa y la segunda con Enrique Peña Nieto, AMLO se mantuvo en pie de lucha y debo reconocer que a 12 años de derrota y 18 de campaña, aprendió de sus errores y en la tercera oportunidad tuvo que reconvertir la estampa retadora y calificativa, en otra más simpática y hasta un tanto burlona de las figuras enemigas, sin dejar de lado sus conocidos discursos que el pópulo entiende y ama. Pues aquella postura que llamaba al conflicto “no era suficiente” para alcanzar el triunfo arrasador en las urnas.

Hoy es momento de ponerse a pensar que la figura mediática experta en tesinas proselitistas y retórica simplona, pero efectiva, debe migrar a un nuevo estado, pues ante los ojos de un sector creciente de mexicanos, el AMLO dicharachero está quedando “insuficiente” para la labor que representa estar al frente del Poder Ejecutivo.

Y aunque se sienta “a las mil maravillas” estando en campaña y eso nadie se lo discute porque “Al que nace para tamal, del cielo le caen las hojas”, también deberá aplicarse en su nueva actividad de Presidente de la República, no vaya a ser que después el pueblo le aplique una sanción en la tan sonada revocación del mandato por aquello de que “Zapatero, a tus zapatos”.

¡Hasta la próxima!

y recuerde, para mañana ¡Despierte, no se duerma que será un gran día!

Escríbame a

licajimenezmcc@hotmail.com

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