/ viernes 5 de julio de 2019

“Mal y de malas”


La “joya de la corona” de la administración “lopezobradorista” en materia de seguridad pública es la Guardia Nacional de reciente creación.

Organización que nació empañada por el movimiento de inconformidad que están protagonizando los miembros de la Policía Federal que se encuentran denunciando a la luz de los medios de comunicación una serie de irregularidades administrativas en su papel de funcionarios públicos.

Esta situación tiene varias lecturas y todas llevan al mismo lugar: un futuro conflicto al interior del nuevo cuerpo que se comprometió a garantizar la tranquilidad del mexicano y salvaguardar su integridad tanto física como patrimonial.

¿Grave? ¡Gravísimo!

No solo para la figura “juarense” que ha buscado mantener el tabasqueño desde que se anunció su triunfo en las urnas electorales, sino también para el aparato administrativo del Estado mexicano durante este sexenio y para la población en su totalidad pues estamos ante un debilitamiento del orden natural del mando civil que, se supone, tienen las fuerzas de protección de un país.

Y es que la situación va más allá de un paro de labores de un grupo de servidores con plaza federal; habla además de una visión cultural de rebeldía que difícilmente se verá manifestada en las instituciones militares por el propio entrenamiento que tiene, sin embargo, esta “pequeña” desarmonización, como alguien la ha llamado, es síntoma de un mal mayor.

No sé si exista “mano negra” o no, como lo indicó el ejecutivo en una de las acostumbradas entrevistas que tuvo con los representantes mediáticos, aunque uno muy avezado en un diario de circulación nacional ya dio nombre y apellido de un “sospechoso” de muy alto nivel y que perteneció a la administración anterior encabezada por Enrique Pena Nieto.

La cuestión es que, según versiones de una de las partes en conflicto, con la creación de la Guardia Nacional se puso en entredicho los derechos de los policías como la antigüedad, las prestaciones, la homologación de salarios y más, pues “el patrón” los desconocía al momento de asumirlos como parte del nuevo organismo y en el proceso de recontratación las condiciones no les eran del todo favorables. Según los uniformados esta es la razón de su movimiento.

Otro sector, el oficial, asegura que se trata de una agitación de trasfondo político protagonizada por rivales de otros escaparates, que busca desestabilizar la imagen del presidencialismo contemporáneo mexicano arraigado en la figura del tabasqueño que se ha considerado –y en parte así es– como el parteaguas de la cultura democrática de nuestra nación.

Incluso hubo quien señaló, lo cual considero un verdadero acto de irresponsabilidad y de daño a las instituciones del país, que esta inconformidad ocurría porque los miembros de la policía ya no tendrían las “manos sueltas” para coludirse con miembros de otras agrupaciones de carácter ilegal y delictivo y esa era la verdadera razón de su molestia. Al buen entendedor, pocas palabras.

Ese último argumento golpea severamente las bases de constitucionalidad y certeza que deben emanar de las instituciones sobre las que se soporta el aparato administrativo del Estado mexicano y, ya lo hemos visto en otras ocasiones que, a la larga, repercute más el efecto que esto ocasiona en el sentir de la población.

Cabe hacer mención que el titular de la SSPC, Alfonso Durazo, trató de calmar los ánimos entre los inconformes con el argumento de que la homologación salarial sí se llevará a cabo, pero gradualmente, esto más que tranquilidad, enardeció el sentir de los policías que no están de acuerdo en decir en sus respectivos hogares que deberán esperar para verse beneficiados con las condiciones salariales.

Por otra parte, y a manera de acotación, en algún momento, en uno de sus discursos Andrés Manuel López Obrador señaló un alto índice de corrupción en los cuerpos policiacos y al constituir la Guardia Nacional consideró el integrar a los elementos de las organizaciones que señalaba con la etiqueta de corruptas y eso da pie a una serie de preguntas que llaman a la lógica de la toma de decisiones.

Si la situación continúa como hasta ahora, no debería extrañarnos que en los próximos días seamos testigos de una deserción masiva de los miembros de la Guardia Nacional que provienen de la Policía Federal, lo que representaría un severo debilitamiento del recurso humano en este cuerpo y, por tanto, deberá reajustarse la estrategia de seguridad a través de una redistribución del personal para que haga frente como es debido a los problemas que el país enfrenta.

¿Se descuidará la frontera sur de nuestro país?, ¿Veremos un nuevo fenómeno de “porosidad” en la zona limítrofe en el sur?, ¿Cómo garantizar con menos hombres la disminución de los índices del fenómeno delincuencial en todas sus manifestaciones?, ¿Qué ocasionará esto en la percepción de la población?

La situación es más grave de lo que se ve. Esto, a mi juicio, va más allá de una simple huelga, manifestación, plantón o mitin de los policías federales y el ejecutivo deberá, nuevamente, aplicar un plan remedial emergente que, quizá, no tenía contemplado; lo cierto es que deberá poner su total empeño en solucionar esta situación.

Sin duda la situación está “mal y de malas”.

¡Hasta la próxima!

Andrés Manuel López Obrador señaló un alto índice de corrupción en los cuerpos policiacos"


La “joya de la corona” de la administración “lopezobradorista” en materia de seguridad pública es la Guardia Nacional de reciente creación.

Organización que nació empañada por el movimiento de inconformidad que están protagonizando los miembros de la Policía Federal que se encuentran denunciando a la luz de los medios de comunicación una serie de irregularidades administrativas en su papel de funcionarios públicos.

Esta situación tiene varias lecturas y todas llevan al mismo lugar: un futuro conflicto al interior del nuevo cuerpo que se comprometió a garantizar la tranquilidad del mexicano y salvaguardar su integridad tanto física como patrimonial.

¿Grave? ¡Gravísimo!

No solo para la figura “juarense” que ha buscado mantener el tabasqueño desde que se anunció su triunfo en las urnas electorales, sino también para el aparato administrativo del Estado mexicano durante este sexenio y para la población en su totalidad pues estamos ante un debilitamiento del orden natural del mando civil que, se supone, tienen las fuerzas de protección de un país.

Y es que la situación va más allá de un paro de labores de un grupo de servidores con plaza federal; habla además de una visión cultural de rebeldía que difícilmente se verá manifestada en las instituciones militares por el propio entrenamiento que tiene, sin embargo, esta “pequeña” desarmonización, como alguien la ha llamado, es síntoma de un mal mayor.

No sé si exista “mano negra” o no, como lo indicó el ejecutivo en una de las acostumbradas entrevistas que tuvo con los representantes mediáticos, aunque uno muy avezado en un diario de circulación nacional ya dio nombre y apellido de un “sospechoso” de muy alto nivel y que perteneció a la administración anterior encabezada por Enrique Pena Nieto.

La cuestión es que, según versiones de una de las partes en conflicto, con la creación de la Guardia Nacional se puso en entredicho los derechos de los policías como la antigüedad, las prestaciones, la homologación de salarios y más, pues “el patrón” los desconocía al momento de asumirlos como parte del nuevo organismo y en el proceso de recontratación las condiciones no les eran del todo favorables. Según los uniformados esta es la razón de su movimiento.

Otro sector, el oficial, asegura que se trata de una agitación de trasfondo político protagonizada por rivales de otros escaparates, que busca desestabilizar la imagen del presidencialismo contemporáneo mexicano arraigado en la figura del tabasqueño que se ha considerado –y en parte así es– como el parteaguas de la cultura democrática de nuestra nación.

Incluso hubo quien señaló, lo cual considero un verdadero acto de irresponsabilidad y de daño a las instituciones del país, que esta inconformidad ocurría porque los miembros de la policía ya no tendrían las “manos sueltas” para coludirse con miembros de otras agrupaciones de carácter ilegal y delictivo y esa era la verdadera razón de su molestia. Al buen entendedor, pocas palabras.

Ese último argumento golpea severamente las bases de constitucionalidad y certeza que deben emanar de las instituciones sobre las que se soporta el aparato administrativo del Estado mexicano y, ya lo hemos visto en otras ocasiones que, a la larga, repercute más el efecto que esto ocasiona en el sentir de la población.

Cabe hacer mención que el titular de la SSPC, Alfonso Durazo, trató de calmar los ánimos entre los inconformes con el argumento de que la homologación salarial sí se llevará a cabo, pero gradualmente, esto más que tranquilidad, enardeció el sentir de los policías que no están de acuerdo en decir en sus respectivos hogares que deberán esperar para verse beneficiados con las condiciones salariales.

Por otra parte, y a manera de acotación, en algún momento, en uno de sus discursos Andrés Manuel López Obrador señaló un alto índice de corrupción en los cuerpos policiacos y al constituir la Guardia Nacional consideró el integrar a los elementos de las organizaciones que señalaba con la etiqueta de corruptas y eso da pie a una serie de preguntas que llaman a la lógica de la toma de decisiones.

Si la situación continúa como hasta ahora, no debería extrañarnos que en los próximos días seamos testigos de una deserción masiva de los miembros de la Guardia Nacional que provienen de la Policía Federal, lo que representaría un severo debilitamiento del recurso humano en este cuerpo y, por tanto, deberá reajustarse la estrategia de seguridad a través de una redistribución del personal para que haga frente como es debido a los problemas que el país enfrenta.

¿Se descuidará la frontera sur de nuestro país?, ¿Veremos un nuevo fenómeno de “porosidad” en la zona limítrofe en el sur?, ¿Cómo garantizar con menos hombres la disminución de los índices del fenómeno delincuencial en todas sus manifestaciones?, ¿Qué ocasionará esto en la percepción de la población?

La situación es más grave de lo que se ve. Esto, a mi juicio, va más allá de una simple huelga, manifestación, plantón o mitin de los policías federales y el ejecutivo deberá, nuevamente, aplicar un plan remedial emergente que, quizá, no tenía contemplado; lo cierto es que deberá poner su total empeño en solucionar esta situación.

Sin duda la situación está “mal y de malas”.

¡Hasta la próxima!

Andrés Manuel López Obrador señaló un alto índice de corrupción en los cuerpos policiacos"

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