/ domingo 13 de octubre de 2019

Enrique Hugo Esquivel, gladiador de las canchas

No percibía el murmullo de los aficionados, ni las palabras del doctor que le cuestionaba sobre su estado; no escuchaba nada. Su mente se encontraba en su Uruguay natal

Aquella inolvidable victoria sobre las "Chivas".

Enrique Esquivel se encontraba conmocionado en el césped del Estadio Azteca. Momentos antes, el “capitán furia” Alfredo Tena, buscando el balón se había estrellado accidentalmente con el férreo defensa jaibo quien al encontrarse desalojando el peligro de su meta nunca divisó la llegada de Tena, golpeándolo brutalmente en el cráneo. Las asistencias entraron para atender a los guerreros desfallecidos. Mientras el guardameta tampiqueño Enrique Vázquez del Mercado, apresurado, hacía señas a la banca, informando que su compañero no podría continuar. El partido se celebraba un 17 de abril de 1980, durante la jornada 31 de la temporada 1979-80.

Esquivel no percibía el murmullo de los aficionados, ni las palabras del doctor que le cuestionaba sobre su estado; no escuchaba nada. Su mente se encontraba en su Uruguay natal, debutando a los 16 años a lado del mítico Garrincha, a quien los veteranos del equipo le externaban: “No te compliques, solo pasa la pelota a Garrincha”. Sus primeras enseñanzas: “Los de afuera (público) son de palo, en la cancha solo existen 22 jugadores y el árbitro. Los demás pueden gritar lo que quieran, pero no influir”. Mario Benedetti mencionaba: “Gracias al futbol, a los uruguayos nos conocieron en el mundo”, y esto se consumaba porque Enrique Hugo Esquivel fue llamado al Toluca que dirigía José Ricardo de León para convertirse en campeón en 1974-75.

Posteriormente saldría de los choriceros para recibir la convocatoria del promotor Gisleno Medina quien le solicitó que viniera apoyar al Tampico, en una situación complicada, pues la escuadra jaiba contaba con 8 partidos sin ganar en el principio del ciclo 1977-78. En sus primeros días en el puerto, Esquivel distinguió que la gente se hallaba adentrada en el futbol: “Había una mujer que tenía una frutería en el mercado y decía que les obsequiaría toda la fruta que quisieran con la condición que ganaran. La afición demandaba triunfos, por más problemas económicos que existieran”. Esquivel fue retirado en camilla, el técnico Jáuregui ordenó inmediatamente calentar a Mario Martínez. Estaba a punto de ingresar al campo cuando una voz se lo impidió. Esquivel todavía adormecido reclamaba tiempo para recuperarse y continuar jugando.

El uruguayo se estrenó con la playera azul celeste en la jornada 9, venciendo a la U de Nuevo León 0 a 1 en la Sultana del Norte. La “Jaiba Brava”, posicionada en el último lugar del grupo 3, fue escalando lugares hasta llegar al juego crucial contra el Guadalajara donde pelearía la clasificación en el Estadio Tamaulipas en la fecha 38 y última del torneo. “El Rebaño Sagrado” solo necesitaba un empate para calificar; para “La Jaiba Brava” los dos puntos lo significaban todo. El Tampico salió con la consigna de ganar, apoyado en el clamor de más de 25 mil personas, solo que como externó Jean Paul Sartre: “En un partido de futbol todo se complica por la presencia del equipo contrario”, y apenas transcurridos 4 minutos, el Guadalajara clavó el primero, retirándose al descanso con marcador a su favor.

En el vestuario había silencios incómodos hasta que fue quebrado por la voz de Esquivel; “Le dije a los muchachos y al Halcón Peña ¿Escuchan? la afición nos está pidiendo que ganemos. Nada de cambiar la estrategia yo me voy para adelante, nos golean o ganamos. Entonces Bertocchi, Jácome, la gente de experiencia comenzaron a contagiar fuerza. No quedaba otra, había que jugársela”. Al final del encuentro el Tampico Futbol Club se llevaría la pizarra 2 a 1 y la calificación del torneo 1979-80. Para Esquivel la mayor fiesta no se realizó en la cancha, sino en la tribuna: “Atrás de la portería, donde cayeron los goles de Marón y Bertocchi, se encontraban reunidas las dos porras de la UAT, la de Gastón González y la de Juan Manuel Sánchez conviviendo, reunidos como un solo espíritu, apoyando, exigiendo el triunfo. Sí, la afición de Tampico se hace pesar”.

Ya de pie, Esquivel forcejeaba con el doctor del equipo que lo quería trasladar a los vestidores, mientras el uruguayo le exigía a Jáuregui que lo dejara regresar. Esa noche cuando Enrique Hugo Esquivel retornó a la cancha, el santuario del futbol, el Estadio Azteca, se rindió ante el fuego interno que habitaba el corazón de un indiscutible gladiador de futbol. “Cuando estaba noqueado aprecié la voz de un compañero que trataba de animarme: “Negro, levántate porque todavía quedan bastantes minutos y no es que no confiemos en los de afuera, pero aquí todos terminamos”. Cuando entras a la cancha se te olvida la familia, el dinero. Se juega por los colores, por el orgullo, buscando siempre ganar. Y a la afición de Tampico, a los compañeros y al futbol había que entregárselo todo”.

Aquella inolvidable victoria sobre las "Chivas".

Enrique Esquivel se encontraba conmocionado en el césped del Estadio Azteca. Momentos antes, el “capitán furia” Alfredo Tena, buscando el balón se había estrellado accidentalmente con el férreo defensa jaibo quien al encontrarse desalojando el peligro de su meta nunca divisó la llegada de Tena, golpeándolo brutalmente en el cráneo. Las asistencias entraron para atender a los guerreros desfallecidos. Mientras el guardameta tampiqueño Enrique Vázquez del Mercado, apresurado, hacía señas a la banca, informando que su compañero no podría continuar. El partido se celebraba un 17 de abril de 1980, durante la jornada 31 de la temporada 1979-80.

Esquivel no percibía el murmullo de los aficionados, ni las palabras del doctor que le cuestionaba sobre su estado; no escuchaba nada. Su mente se encontraba en su Uruguay natal, debutando a los 16 años a lado del mítico Garrincha, a quien los veteranos del equipo le externaban: “No te compliques, solo pasa la pelota a Garrincha”. Sus primeras enseñanzas: “Los de afuera (público) son de palo, en la cancha solo existen 22 jugadores y el árbitro. Los demás pueden gritar lo que quieran, pero no influir”. Mario Benedetti mencionaba: “Gracias al futbol, a los uruguayos nos conocieron en el mundo”, y esto se consumaba porque Enrique Hugo Esquivel fue llamado al Toluca que dirigía José Ricardo de León para convertirse en campeón en 1974-75.

Posteriormente saldría de los choriceros para recibir la convocatoria del promotor Gisleno Medina quien le solicitó que viniera apoyar al Tampico, en una situación complicada, pues la escuadra jaiba contaba con 8 partidos sin ganar en el principio del ciclo 1977-78. En sus primeros días en el puerto, Esquivel distinguió que la gente se hallaba adentrada en el futbol: “Había una mujer que tenía una frutería en el mercado y decía que les obsequiaría toda la fruta que quisieran con la condición que ganaran. La afición demandaba triunfos, por más problemas económicos que existieran”. Esquivel fue retirado en camilla, el técnico Jáuregui ordenó inmediatamente calentar a Mario Martínez. Estaba a punto de ingresar al campo cuando una voz se lo impidió. Esquivel todavía adormecido reclamaba tiempo para recuperarse y continuar jugando.

El uruguayo se estrenó con la playera azul celeste en la jornada 9, venciendo a la U de Nuevo León 0 a 1 en la Sultana del Norte. La “Jaiba Brava”, posicionada en el último lugar del grupo 3, fue escalando lugares hasta llegar al juego crucial contra el Guadalajara donde pelearía la clasificación en el Estadio Tamaulipas en la fecha 38 y última del torneo. “El Rebaño Sagrado” solo necesitaba un empate para calificar; para “La Jaiba Brava” los dos puntos lo significaban todo. El Tampico salió con la consigna de ganar, apoyado en el clamor de más de 25 mil personas, solo que como externó Jean Paul Sartre: “En un partido de futbol todo se complica por la presencia del equipo contrario”, y apenas transcurridos 4 minutos, el Guadalajara clavó el primero, retirándose al descanso con marcador a su favor.

En el vestuario había silencios incómodos hasta que fue quebrado por la voz de Esquivel; “Le dije a los muchachos y al Halcón Peña ¿Escuchan? la afición nos está pidiendo que ganemos. Nada de cambiar la estrategia yo me voy para adelante, nos golean o ganamos. Entonces Bertocchi, Jácome, la gente de experiencia comenzaron a contagiar fuerza. No quedaba otra, había que jugársela”. Al final del encuentro el Tampico Futbol Club se llevaría la pizarra 2 a 1 y la calificación del torneo 1979-80. Para Esquivel la mayor fiesta no se realizó en la cancha, sino en la tribuna: “Atrás de la portería, donde cayeron los goles de Marón y Bertocchi, se encontraban reunidas las dos porras de la UAT, la de Gastón González y la de Juan Manuel Sánchez conviviendo, reunidos como un solo espíritu, apoyando, exigiendo el triunfo. Sí, la afición de Tampico se hace pesar”.

Ya de pie, Esquivel forcejeaba con el doctor del equipo que lo quería trasladar a los vestidores, mientras el uruguayo le exigía a Jáuregui que lo dejara regresar. Esa noche cuando Enrique Hugo Esquivel retornó a la cancha, el santuario del futbol, el Estadio Azteca, se rindió ante el fuego interno que habitaba el corazón de un indiscutible gladiador de futbol. “Cuando estaba noqueado aprecié la voz de un compañero que trataba de animarme: “Negro, levántate porque todavía quedan bastantes minutos y no es que no confiemos en los de afuera, pero aquí todos terminamos”. Cuando entras a la cancha se te olvida la familia, el dinero. Se juega por los colores, por el orgullo, buscando siempre ganar. Y a la afición de Tampico, a los compañeros y al futbol había que entregárselo todo”.

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