/ martes 31 de julio de 2018

Don Polo Valdez desafía la vida

Sin piernas, trabaja en su bicicleta invertida para ganar el sustento diario, descubrió que la vida no terminaba y su carácter fuerte lo llevó a desafiar su destino

El sol quemante y el calor sobre los 40 grados del mediodía flagelan sin piedad la delgada figura de don Leopoldo Valdez, quien parece no azararze y con rapidez se desplaza a bordo de su bicicleta invertida sobre la Calzada Blanca, llevando cartón, papel y plásticos que recolecta y vende para sobrevivir.

Por la diabetes mal tratada, quedó hace mas de dos lustros sin ambas piernas, pero descubrió que la vida no terminaba y su carácter fuerte lo llevó a desafiar su destino y hace tres años su amigo Arnulfo fabricó su ahora inseparable compañera, una bicicleta con pedales invertidos, que opera con sus manos y permitiéndole recorrer cinco o seis kilómetros diarios, para obtener el sustento de cada día.

El hombre de 62 años pasa las noches y descansa las tardes en una bodega de pescados y mariscos sobre la también llamada avenida Heriberto Jara de la colonia Morelos de Tampico, lugar que cuida mientras se renta. Es propiedad de su amigo, quien le permite quedarse en el lugar sin pagar alquiler.

Su jornada de todos los días comienza desde las 9 o 10 de la mañana, recorre su colonia, los mercados porteños y regresa hasta la escuela secundaria número 5 de ese sector, llevando a cuestas papel, cartón, aluminio, vidrio u otros desperdicios reciclables y ganar así entre 70 y 80 pesos diarios, que no siempre son suficientes, pero a veces recibe ayuda de gente generosa.

De fácil hablar, rememora que por más de veinte años fue pescador y sirvió de winchero en numerosos barcos camaroneros de Tampico: su vida fue de aventura, porque también migró como "mojado" a los Estados Unidos y en Alabama, donde tiene familiares, trabajó en embarcaciones que salían a la mar para capturar marisco y escama.

Procreó dos hijas, que radican en Tampico. De ellas también recibe ayuda económica, pero tienen sus familias y no pueden dedicarle todo el tiempo, dice en su defensa. Habla con tristeza de un hijo varón, a quien hace desde años no ve y por supuesto no le proporciona apoyo alguno.

Es el mediodía y el calor agobia, pero don Leopoldo se mueve con rapidez en su bici hasta llegar a la llave, localizada a bordo de calle para llevar un poco de agua a su dormitorio, que está bajo techo pero al aire libre, mientras que explica que allí duerme y aunque el lugar es alto, puede subirlo fácilmente.

Don Polo, como lo conocen todos en la colonia, expresa que en esta etapa de su existencia, la vida lo ha tratado mal, al perder sus piernas, carecer de seguridad social y hasta de una pensión económica, la que merece por sus muchos años de pescador, pero nunca fue ingresado a la formalidad y registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social y hoy debe desafiarlo todo para sobrevivir.

Da gracias y recuerda que en sus tiempos de juventud, disfrutó, gozó y viajó y recorrió muchos puertos como Acapulco.

Agradece también a su amigo Arnulfo, quien le manufacturó su bicicleta por 1,100 pesos, adicionada con una una extensión, permitiendo cargar lo que recolecta y vende para ganar su alimento.

CLAMA AYUDA MÉDICA

Sin embargo, pide ayuda y clama a la generosidad de instituciones públicas o de organizaciones de beneficencia, pues explicó que hace algunos días fue atropellado por un conductor despistado y al cabo de unos días le surgió un dolor en la espalda.

Ello provocó que el fin de semana pasado acudiera de emergencia al hospital "Dr. Carlos Canseco", donde lo tuvieron algunas horas, diagnosticando que no tenía padecimiento alguno, pues no le suministraron ni siquiera una pastilla.

"Me siento enfermo y solo quiero que me traten el dolor, pues me impide trabaje durante la tarde, por lo que pido ayuda para recibir atención medica".

Dice que "ojalá recibiera ayuda del Sistema DIF para que me trate un doctor y quite este dolor que agobia mi espalda", no obstante ni aun así, deja de moverse rápidamente a bordo de su bici, cuyos pedales mueve ágilmente con sus manos, desplazándose de un lado hacia otro.

El sol quemante y el calor sobre los 40 grados del mediodía flagelan sin piedad la delgada figura de don Leopoldo Valdez, quien parece no azararze y con rapidez se desplaza a bordo de su bicicleta invertida sobre la Calzada Blanca, llevando cartón, papel y plásticos que recolecta y vende para sobrevivir.

Por la diabetes mal tratada, quedó hace mas de dos lustros sin ambas piernas, pero descubrió que la vida no terminaba y su carácter fuerte lo llevó a desafiar su destino y hace tres años su amigo Arnulfo fabricó su ahora inseparable compañera, una bicicleta con pedales invertidos, que opera con sus manos y permitiéndole recorrer cinco o seis kilómetros diarios, para obtener el sustento de cada día.

El hombre de 62 años pasa las noches y descansa las tardes en una bodega de pescados y mariscos sobre la también llamada avenida Heriberto Jara de la colonia Morelos de Tampico, lugar que cuida mientras se renta. Es propiedad de su amigo, quien le permite quedarse en el lugar sin pagar alquiler.

Su jornada de todos los días comienza desde las 9 o 10 de la mañana, recorre su colonia, los mercados porteños y regresa hasta la escuela secundaria número 5 de ese sector, llevando a cuestas papel, cartón, aluminio, vidrio u otros desperdicios reciclables y ganar así entre 70 y 80 pesos diarios, que no siempre son suficientes, pero a veces recibe ayuda de gente generosa.

De fácil hablar, rememora que por más de veinte años fue pescador y sirvió de winchero en numerosos barcos camaroneros de Tampico: su vida fue de aventura, porque también migró como "mojado" a los Estados Unidos y en Alabama, donde tiene familiares, trabajó en embarcaciones que salían a la mar para capturar marisco y escama.

Procreó dos hijas, que radican en Tampico. De ellas también recibe ayuda económica, pero tienen sus familias y no pueden dedicarle todo el tiempo, dice en su defensa. Habla con tristeza de un hijo varón, a quien hace desde años no ve y por supuesto no le proporciona apoyo alguno.

Es el mediodía y el calor agobia, pero don Leopoldo se mueve con rapidez en su bici hasta llegar a la llave, localizada a bordo de calle para llevar un poco de agua a su dormitorio, que está bajo techo pero al aire libre, mientras que explica que allí duerme y aunque el lugar es alto, puede subirlo fácilmente.

Don Polo, como lo conocen todos en la colonia, expresa que en esta etapa de su existencia, la vida lo ha tratado mal, al perder sus piernas, carecer de seguridad social y hasta de una pensión económica, la que merece por sus muchos años de pescador, pero nunca fue ingresado a la formalidad y registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social y hoy debe desafiarlo todo para sobrevivir.

Da gracias y recuerda que en sus tiempos de juventud, disfrutó, gozó y viajó y recorrió muchos puertos como Acapulco.

Agradece también a su amigo Arnulfo, quien le manufacturó su bicicleta por 1,100 pesos, adicionada con una una extensión, permitiendo cargar lo que recolecta y vende para ganar su alimento.

CLAMA AYUDA MÉDICA

Sin embargo, pide ayuda y clama a la generosidad de instituciones públicas o de organizaciones de beneficencia, pues explicó que hace algunos días fue atropellado por un conductor despistado y al cabo de unos días le surgió un dolor en la espalda.

Ello provocó que el fin de semana pasado acudiera de emergencia al hospital "Dr. Carlos Canseco", donde lo tuvieron algunas horas, diagnosticando que no tenía padecimiento alguno, pues no le suministraron ni siquiera una pastilla.

"Me siento enfermo y solo quiero que me traten el dolor, pues me impide trabaje durante la tarde, por lo que pido ayuda para recibir atención medica".

Dice que "ojalá recibiera ayuda del Sistema DIF para que me trate un doctor y quite este dolor que agobia mi espalda", no obstante ni aun así, deja de moverse rápidamente a bordo de su bici, cuyos pedales mueve ágilmente con sus manos, desplazándose de un lado hacia otro.

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