/ sábado 27 de octubre de 2018

El Museo de la Muerte: Arte que vive en los cementerios

La suntuosidad de algunos sepulcros contrasta con el abandono en que han caído, ángeles, arcángeles, vírgenes y Cristos siguen con su mirada a los visitantes; en cada andador, ojos sorprenden sobre las tumbas y acompañan los pasos

Los vigilantes de las almas del viejo panteón de Tampico mueren en la necrópolis junto con una época que se extingue.

Desgastadas por los años, algunas sin rostro, otras sin un brazo o un pie y muchas más sobre lápidas sin nombres, las esculturas, efigies y relieves persisten en sus nichos en actitud de piedad, en cientos de tumbas del cementerio municipal de Tampico, como una oración eterna de cantera, mármol y cemento.

El arte funerario alcanzó su esplendor en la ciudad entre las primeras décadas del siglo XX, cuando morir era tan importante como nacer. Ocupar entonces una tumba en el puerto llegó a ser tan sofisticado para algunos, que la más importante marmolería de México hubo de instalar una sucursal en Tampico, creando un arte singular en el camposanto de la ciudad.

Destacados políticos liberales como Rosalío Bustamante y el vasconcelista Aurelio Celis, y el célebre médico Carlos Canseco González, yacen en este histórico panteón

Agujas estilo gótico, mausoleos, pagodas, mezquitas, estelas, esculturas de arcángeles, María en sus distintas advocaciones, Jesús resucitado o en la cruz e incluso la réplica de una de las esculturas más representativas de Miguel Ángel: la Piedad, recrean la vista sobre las miles de cruces de las criptas sencillas en el camposanto del puerto.

Fotografía de Paulo Monsiváis

ARTE DECIMONÓNICO

Los más destacados monumentos en el panteón de Tampico, el primero en la ciudad fundado como tal en 1830, fueron traídos de San Luis Potosí, donde se ubica la primera marmolería de los hermanos Biagi, algunos de ellos traídos desde Italia, mientras otros fueron esculpidos por estos artistas en la capital potosina.

La Trinidad, como se llamó al área administrada por un particular del panteón, contiene los monumentos más suntuosos, que incluyen un mausoleo de 15 metros de altura, esta parte de la necrópolis fue el sitio donde personas de diversas nacionalidades enterraron a sus difuntos, llevando literalmente hasta la tumba sus creencias y su cultura.

El antiguo panteón operaba en lo que es hoy el Auditorio Municipal, siendo reubicado en los albores del siglo XX a su actual perímetro

Mientras que en la parte municipal se ubican personalidades de la historia a quienes les fueron levantados monumentos que van desde la admiración a sus personalidades con bustos hasta la simbología propia a las creencias que profesaron, teniendo ambos camposantos una variedad artística muy especial.

Fotografía de Paulo Monsiváis

En otros cementerios más nuevos de la ciudad no pueden apreciarse monumentos así, ya que la tradición del arte funerario fue reduciéndose ante los costos de la vida, pero sobre todo los gastos de la muerte, teniendo que elegir los deudos lápidas con algún detalle religioso y ya no monumentos ni mucho menos capillas o mausoleos.

El Arte Funerario alcanzó su esplendor en la ciudad entre las primeras décadas del siglo XX, cuando morir era tan importante como nacer

En varias ocasiones el panteón de Tampico ha sido considerado para crear dentro de él paseos turísticos al contar con verdaderos tesoros del arte funerario, pues este museo de la muerte puede enseñar mucho de la vida en otros tiempos, sobre los anhelos y aspiraciones de los primeros tampiqueños y los migrantes que dieron a la ciudad sus tradiciones e identidad.

Los vigilantes de las almas del viejo panteón de Tampico mueren en la necrópolis junto con una época que se extingue.

Desgastadas por los años, algunas sin rostro, otras sin un brazo o un pie y muchas más sobre lápidas sin nombres, las esculturas, efigies y relieves persisten en sus nichos en actitud de piedad, en cientos de tumbas del cementerio municipal de Tampico, como una oración eterna de cantera, mármol y cemento.

El arte funerario alcanzó su esplendor en la ciudad entre las primeras décadas del siglo XX, cuando morir era tan importante como nacer. Ocupar entonces una tumba en el puerto llegó a ser tan sofisticado para algunos, que la más importante marmolería de México hubo de instalar una sucursal en Tampico, creando un arte singular en el camposanto de la ciudad.

Destacados políticos liberales como Rosalío Bustamante y el vasconcelista Aurelio Celis, y el célebre médico Carlos Canseco González, yacen en este histórico panteón

Agujas estilo gótico, mausoleos, pagodas, mezquitas, estelas, esculturas de arcángeles, María en sus distintas advocaciones, Jesús resucitado o en la cruz e incluso la réplica de una de las esculturas más representativas de Miguel Ángel: la Piedad, recrean la vista sobre las miles de cruces de las criptas sencillas en el camposanto del puerto.

Fotografía de Paulo Monsiváis

ARTE DECIMONÓNICO

Los más destacados monumentos en el panteón de Tampico, el primero en la ciudad fundado como tal en 1830, fueron traídos de San Luis Potosí, donde se ubica la primera marmolería de los hermanos Biagi, algunos de ellos traídos desde Italia, mientras otros fueron esculpidos por estos artistas en la capital potosina.

La Trinidad, como se llamó al área administrada por un particular del panteón, contiene los monumentos más suntuosos, que incluyen un mausoleo de 15 metros de altura, esta parte de la necrópolis fue el sitio donde personas de diversas nacionalidades enterraron a sus difuntos, llevando literalmente hasta la tumba sus creencias y su cultura.

El antiguo panteón operaba en lo que es hoy el Auditorio Municipal, siendo reubicado en los albores del siglo XX a su actual perímetro

Mientras que en la parte municipal se ubican personalidades de la historia a quienes les fueron levantados monumentos que van desde la admiración a sus personalidades con bustos hasta la simbología propia a las creencias que profesaron, teniendo ambos camposantos una variedad artística muy especial.

Fotografía de Paulo Monsiváis

En otros cementerios más nuevos de la ciudad no pueden apreciarse monumentos así, ya que la tradición del arte funerario fue reduciéndose ante los costos de la vida, pero sobre todo los gastos de la muerte, teniendo que elegir los deudos lápidas con algún detalle religioso y ya no monumentos ni mucho menos capillas o mausoleos.

El Arte Funerario alcanzó su esplendor en la ciudad entre las primeras décadas del siglo XX, cuando morir era tan importante como nacer

En varias ocasiones el panteón de Tampico ha sido considerado para crear dentro de él paseos turísticos al contar con verdaderos tesoros del arte funerario, pues este museo de la muerte puede enseñar mucho de la vida en otros tiempos, sobre los anhelos y aspiraciones de los primeros tampiqueños y los migrantes que dieron a la ciudad sus tradiciones e identidad.

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