/ viernes 11 de enero de 2019

Agendas del desmiento

Sin duda alguna, la información que una sociedad tenga sobre los acontecimientos que ocurren al interior de ella o, por el contrario, fuera de sus propios límites geográficos, científicos, sociales, tecnológicos o étnicos, le brindará la oportunidad de tomar decisiones rápidas, inteligentes y útiles; es más, en un momento dado pronosticará con certeza las consecuencias que se sobrevendrán como motivo del discernimiento planteado con anterioridad.

Es por ello que deberíamos aquilatar el trabajo que, día a día, realizan los medios de comunicación masiva, debidamente instalados, registrados y con una credibilidad a toda prueba, sin importar si están a favor o en contra de tal o cual personaje, partido político o facción social. Por el contrario, debemos atender a la mayor cantidad de ellos para, de esta manera, conformar una opinión propia que, con el debido sustento informativo, podamos defender cuando se ponga a juicio de los demás ciudadanos. Lamentablemente, la propia condición humana nos impele a consumir los datos generados de manera morbosa, escandalosa, satírica, agresiva, burlona, promiscua y, en la mayoría de los casos, sin ningún fundamento de verdad que aporte un valor de noticia que nos permita concederle razón alguna y por ende, tomar la opción más atinada ante una circunstancia no prevista. Repito: Es parte de nuestra condición natural. En nuestros días, las redes sociales se han vuelto un verdadero “nidal” de este tipo de “piezas informativas” a las que alguien, con mucha imaginación, le ha llamado pomposamente fakenews. Término que se me hace de muy mal gusto. Y están presentadas en diversos formatos como notas escritas, videos manipulados, infografías tendenciosas adornadas con colores llamativos, audios editados y otros tantos que seguramente desconozco pero que más adelante serán consumidos por una sociedad hambrienta de ese tipo de estímulos. Son como pequeñas minas explosivas que se colocan de manera estratégica en la supercarretera de la información y disparan datos que se diseminan en todos y cada uno de los sectores sociales a velocidades increíbles ocasionando, la mayoría de las veces, el pánico, el desconcierto o, incluso, la división y hasta la confrontación entre los miembros de una sociedad antes cohesionada generando conflictos irreversibles donde no los había. Antes, los noticiarios, periódicos y espacios radiofónicos competían “al tú por tú” con el internet, sin embargo, un “canibalismo mediático mutuo” ha hecho que confluya la modernidad con el tradicionalismo para ganar adeptos, vencer a la competencia, informar primero, incrementar sus niveles de audiencia o multiplicar las ganancias por publicidad de manera alternativa a la tradicionalmente conocida. Este fenómeno de los grupos sociales escandalosos, las páginas personales y la aparición de algunas “empresas” de periodismo independiente han suscitado que el valor de la verdad se diluya hasta, en ocasiones, convertirlo en una mentira. Ello con tal de privilegiar el rubro de la inmediatez y el amarillismo en el espacio de la virtualidad. Este amplio preámbulo lo consideré necesario para poder entender lo que ha estado ocurriendo con la agenda noticiosa de los medios más importantes de nuestro país. En las últimas fechas los medios informativos han sido obligados a ceder su espacio gráfico o de tiempo aire a desmentir de manera categórica un sinnúmero de notas falsas que proliferan en las redes sociales y que, en gran medida, han colaborado con el terror y con las compras irresponsables y desmedidas que este ha traído consigo. Como usted supondrá, me refiero al caso particular de la estrategia que ha implementado el Gobierno de la República para erradicar el “huachicoleo” y las consecuencias que ha tenido en algunos estados de nuestro país particularmente en la zona centro en el que, si bien es cierto, la crisis es real, también es verdad que ha tomado proporciones desmedidas ante el terror causado por la información que circula en las redes sociales. Entre los ejemplos que pudimos ver en los medios nacionales podemos citar una fotografía de un supermercado vacío, cosa que ocurrió en el continente europeo y un aviso de suspensión de labores de una empresa del norte de nuestro país. Es momento de asumir con madurez este fenómeno y buscar información fidedigna en medios calificados que asuman con responsabilidad el compromiso de orientar, entretener e informar, tal y como lo mandan los cánones de la comunicación y la opinión pública. ¡Hasta la próxima!

Sin duda alguna, la información que una sociedad tenga sobre los acontecimientos que ocurren al interior de ella o, por el contrario, fuera de sus propios límites geográficos, científicos, sociales, tecnológicos o étnicos, le brindará la oportunidad de tomar decisiones rápidas, inteligentes y útiles; es más, en un momento dado pronosticará con certeza las consecuencias que se sobrevendrán como motivo del discernimiento planteado con anterioridad.

Es por ello que deberíamos aquilatar el trabajo que, día a día, realizan los medios de comunicación masiva, debidamente instalados, registrados y con una credibilidad a toda prueba, sin importar si están a favor o en contra de tal o cual personaje, partido político o facción social. Por el contrario, debemos atender a la mayor cantidad de ellos para, de esta manera, conformar una opinión propia que, con el debido sustento informativo, podamos defender cuando se ponga a juicio de los demás ciudadanos. Lamentablemente, la propia condición humana nos impele a consumir los datos generados de manera morbosa, escandalosa, satírica, agresiva, burlona, promiscua y, en la mayoría de los casos, sin ningún fundamento de verdad que aporte un valor de noticia que nos permita concederle razón alguna y por ende, tomar la opción más atinada ante una circunstancia no prevista. Repito: Es parte de nuestra condición natural. En nuestros días, las redes sociales se han vuelto un verdadero “nidal” de este tipo de “piezas informativas” a las que alguien, con mucha imaginación, le ha llamado pomposamente fakenews. Término que se me hace de muy mal gusto. Y están presentadas en diversos formatos como notas escritas, videos manipulados, infografías tendenciosas adornadas con colores llamativos, audios editados y otros tantos que seguramente desconozco pero que más adelante serán consumidos por una sociedad hambrienta de ese tipo de estímulos. Son como pequeñas minas explosivas que se colocan de manera estratégica en la supercarretera de la información y disparan datos que se diseminan en todos y cada uno de los sectores sociales a velocidades increíbles ocasionando, la mayoría de las veces, el pánico, el desconcierto o, incluso, la división y hasta la confrontación entre los miembros de una sociedad antes cohesionada generando conflictos irreversibles donde no los había. Antes, los noticiarios, periódicos y espacios radiofónicos competían “al tú por tú” con el internet, sin embargo, un “canibalismo mediático mutuo” ha hecho que confluya la modernidad con el tradicionalismo para ganar adeptos, vencer a la competencia, informar primero, incrementar sus niveles de audiencia o multiplicar las ganancias por publicidad de manera alternativa a la tradicionalmente conocida. Este fenómeno de los grupos sociales escandalosos, las páginas personales y la aparición de algunas “empresas” de periodismo independiente han suscitado que el valor de la verdad se diluya hasta, en ocasiones, convertirlo en una mentira. Ello con tal de privilegiar el rubro de la inmediatez y el amarillismo en el espacio de la virtualidad. Este amplio preámbulo lo consideré necesario para poder entender lo que ha estado ocurriendo con la agenda noticiosa de los medios más importantes de nuestro país. En las últimas fechas los medios informativos han sido obligados a ceder su espacio gráfico o de tiempo aire a desmentir de manera categórica un sinnúmero de notas falsas que proliferan en las redes sociales y que, en gran medida, han colaborado con el terror y con las compras irresponsables y desmedidas que este ha traído consigo. Como usted supondrá, me refiero al caso particular de la estrategia que ha implementado el Gobierno de la República para erradicar el “huachicoleo” y las consecuencias que ha tenido en algunos estados de nuestro país particularmente en la zona centro en el que, si bien es cierto, la crisis es real, también es verdad que ha tomado proporciones desmedidas ante el terror causado por la información que circula en las redes sociales. Entre los ejemplos que pudimos ver en los medios nacionales podemos citar una fotografía de un supermercado vacío, cosa que ocurrió en el continente europeo y un aviso de suspensión de labores de una empresa del norte de nuestro país. Es momento de asumir con madurez este fenómeno y buscar información fidedigna en medios calificados que asuman con responsabilidad el compromiso de orientar, entretener e informar, tal y como lo mandan los cánones de la comunicación y la opinión pública. ¡Hasta la próxima!

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